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CULTURA

Una exposición reconstruye la intensa vida de Lee Miller a través de sus fotografías

Laia Jardí (Efe). Londres (Reino Unido).- 13/09/2007 17:18h

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De modelo de Vogue a musa y aprendiz del fotógrafo Man Ray, artista surrealista y corresponsal de guerra: cien años después de su nacimiento, el Victoria & Albert (V&A) de Londres reconstruye la intensa vida de la estadounidense Lee Miller a través de sus fotografías. Bajo el título "El Arte de Lee Miller", la retrospectiva reúne cerca de 140 instantáneas de la que fue una de las mujeres más creativas del siglo pasado y la primera fotógrafa de guerra en la Segunda Guerra Mundial, entre ellas algunos trabajos no expuestos hasta ahora y retratos de Pablo Picasso, Charles Chaplin o Salvador Dalí.

Desde mañana y hasta el 6 de enero del próximo año, el V&A explorará las múltiples facetas de la vida artística de Miller con una mirada tanto a su extraordinario trabajo como a su vida, mostrando cómo cada uno reflejaba e inspiraba al otro. "Lee fue especial porque era como un rompecabezas, hizo cosas que no parecía que pudiesen venir de la misma persona. ¿Cómo podía ser la mujer más bella del momento y una de las mejores fotógrafas que ha habido jamás?", se preguntó este jueves el comisario de la muestra, Mark Haworth-Booth.

La exposición arranca con las fotos de Miller posando, primero para su padre, aficionado a retratar a su hija generalmente desnuda y en poses sexualmente explícitas, y luego para la revista Vogue y como musa de algunos de los mejores fotógrafos del momento, como Edward Steichen y, sobre todo, Man Ray, quien se convertiría después en su amante y maestro. Le siguen las instantáneas que la propia Miller tomó en los años que vivió en París junto a Ray, cuando se convirtió en una de las fotógrafas surrealistas más destacadas del momento e inventó la solarización, una técnica que invierte los márgenes de luz y sombra de la foto que, sin embargo, le hizo internacionalmente famoso a él y no a ella.

Campos de concentración

Completan la exposición fotografías tomadas en los años treinta, tanto en Nueva York como en Egipto, donde se fue con su primer marido, Aziz Aloui Bey, o las imágenes que tomó tanto en la Segunda Guerra Mundial (1939-45) como en la posguerra. Bajo el título de "¡Créanlo!" y como corresponsal de guerra para la revista Vogue, Miller capturó en imágenes y palabras los cuerpos apilados en los campos de concentración de Dachau y Buchenwald, los hornos de incineración para judíos y los soldados nazis.

No sólo había estado en el "blitz" de Londres o en la liberación de París, sino que le pidió al fotógrafo David Scherman que la inmortalizara desnuda en la bañera de la que fue residencia en Munich de Adolf Hitler, con la foto del Führer de fondo. A pesar de que su objetivo capturó la intensa Europa de mediados del siglo pasado, Miller dejó de tomar fotos en la década de los cincuenta y prohibió que se exhibieran sus obras.

Fue poco después de su muerte en 1977, cuando su hijo, Antony Penrose, fruto de la relación de Miller con el artista Roland Penrose, descubrió en su antiguo apartamento una caja con más de 500 positivos y otros 40.000 negativos, junto a cartas y manuscritos. Comenzó entonces una lenta tarea de reconstrucción de la vida de su madre, que culmina ahora con esta exposición, treinta años después.

"Fue un tesoro extraordinario. Me di cuenta entonces que no sabía nada de la vida de mi madre y que no me reconocía en sus memorias. Fue como recordar a alguien que conociste vagamente y descubrir que tuvo una extraordinaria vida", explicó este jueves Penrose.

En la presentación de la exposición a la prensa, Penrose añadió que su madre, "perceptiva y honesta", nunca se había vanagloriado de su trabajo ni quería reconocimiento, sólo sentía que nunca podría volver a capturar la "intensidad" que había sentido durante aquellos años en Europa.

La rescatada historia de una de las miradas más inquebrantables del siglo XX viajará en enero al Museo de Arte de Filadelfia y al Museo de Arte Moderno de San Francisco para después terminar su recorrido en el Jeu de Paume de París, la ciudad en la que la estadounidense descubrió que, ante todo, su vida sería fotografiar y ser fotografiada.

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