Federer agranda su leyenda
Santiago Aparicio. Nueva York (EE.UU.).- 10/09/2007

Roger Federer agrandó su leyenda en el Centro Nacional de Tenis Billie Jean King, de donde salió alumbrado por su cuarto éxito consecutivo en el Abierto de Estados Unidos, el duodécimo Grand Slam de su carrera, para cargar de argumentos su condición de mejor raqueta de la historia. El tenista helvético acumula triunfos y despedaza rivales. En esta ocasión superó al serbio Novak Djokovic (7-6 (4), 7-6 (2) y 6-4), considerado como en futura gran alternativa al número uno del mundo pero que terminó desquiciado en su primera final de un Grand Slam. El tercer finalista más joven del Abierto de Estados Unidos en la era Open -superado sólo por los míticos Sampras y el sueco Bjorn Borj- terminó impotente ante la impasibilidad del suizo. Debe aún sosegar sus impulsos el jugador balcánico, el único serbio en alcanzar la final de un Grand Slam. Tuvo el partido en su mano. Dispuso de opciones para ganar los dos primeros sets pero terminó absorbido por la magnitud del acontecimiento y la grandeza del rival.
Sin embargo, a Federer se le agotan los alicientes. Plagado de éxitos, el reto de igualar a Sampras como rey del tenis es una cuestión de tiempo. El otro reto lo custodia el español Rafael Nadal, poderoso e infranqueable en arcilla. El único capaz de frenar el absolutismo del campeón. El exceso de ansiedad acabó por condenar al joven Djokovic, de veinte años. Cuando su tenis era de alto nivel y tenía al suizo distante de su mejor momento. Contra las cuerdas. Especialmente significativo resultó el primer parcial, cuando el serbio navegó a favor de corriente desde que rompió el saque de Federer en el noveno juego. Crecido, se situó 40-0. Con tres puntos de set, que dilapidó uno tras otro con errores propios. El certero servicio le dio dos oportunidades más, que echó a perder. Especialmente dolorosa la última, con una doble falta, que salvó al helvético de perder y le arrimó al desempate. Los cinco puntos de set dilapidados angustiaron al serbio y Federer se apuntó el parcial.
Sin continuidad en ese juego excelso que acostumbra, el número uno del mundo afrontó con naturalidad su décima final grande consecutiva. Eso pudo llevarle a un transitó por el alambre también por la segunda manga. Excesivo en los errores pero rescatado por su saque que, no obstante perdió en el cuarto juego. Djokovic se adelantó con una renta notable (4-1) que no suele perdonar. La presión le pudo de nuevo y Federer equilibró la situación. No dejó de tener ocasiones el jugador de Belgrado, que antes de un nuevo desempate que pudo evitar, dispuso de otras dos opciones para resolver el parcial. Federer, que firmó doce saques directos, solventó la situación con primeros servicios. De tanto esperar emergió el genio, que jugó con grandeza el desempate para encarrilar un triunfo, que selló en el tercer parcial. El número uno del mundo, invadido por la experiencia y la percepción de la situación de su rival, echó el resto en el décimo juego del tercer set. Se arrodilló en la red como dicta la tradición y su rutina y celebró uno más de sus éxitos.
Federer acecha a Sampras
El último Grand Slam de la temporada, puso en entredicho la hegemonía histórica del norteamericano Pete Sampras, con números antaño inabordables que empiezan a tambalearse acorralados por la autoridad de Roger Federer. El helvético pasó por alto la irrupción de nuevos aspirantes. Jóvenes ansiosos de formar parte del reparto de éxitos de cada curso que hasta ahora acapara el número uno del mundo. El suizo ha implantado el absolutismo en el circuito. Sólo alterado por la temporada de tierra y la supremacía que en ella implanta el español Rafael Nadal. En el resto, no hay misterios.
La llegada del serbio Novak Djokovic a su primera final de un Grand Slam no alteró la situación convertida en tradición en el último bienio, donde Federer no falta a una cita por el título de ninguno de los torneos grandes. Djokovic, a sus veinte años, representa el futuro. Se ha consagrado, en parte, en el Centro Nacional de Tennis de Nueva York. Pero le ha faltado dar la puntilla. Le pudo la ansiedad y la magnitud escénica del evento además de un gran rival. Que nunca falta en los momentos claves, en los que se decide el partido.
Está a sólo dos Grand Slams de Sampras, que acumuló catorce. A sus veintiséis años y cuando parece que los alicientes decaen para el helvético, este récord es una de sus ambiciones. La otra es terminar con su sequía sobre arcilla, donde los españoles brillan. Sobre todo Rafael Nadal.
Los españoles, notables fuera de la tierra
Sin embargo, el Abierto de Estados Unidos, además de estimular la ambición de Federer y de dar la bienvenida a Djokovic, recordó que los tenistas de España hace tiempo que salieron de la tierra batida. El marco neoyorquino sirvió, sobre todo, para premiar a David Ferrer, un luchador infatigable, no exento de talento, que encontró el premio a su fe en su primera final de un Grand Slam. El alicantino llegó a semifinales, donde se topó con la irrupción y el hambre de Djokovic. Pero hasta entonces sobresalió de largo. Superó en tercera ronda al argentino David Nalbandian, a pesar de contar con un punto de partido. Y a Rafael Nadal en octavos. Después, fulminó a otro argentino Juan Ignacio Chela, para incrustarse entre los cuatro mejores del torneo.
La baza más fiable del tenis español, sin embargo, padeció el lastre de las lesiones que marcaron su periplo por el torneo. Nadal sufrió una tendinitis en la rodilla izquierda días antes del inicio del torneo. Eso condicionó su papel en Estados Unidos. Más pendiente de su puesta a punto que de su juego no pudo brillar a causa de su situación física. Llegó hasta octavos, y formó parte de una situación histórica en el tenis español. Con cuatro raquetas entre los mejores del torneo. Feliciano López ofreció la mejor versión de su tenis. Incluso, fue uno de los pocos que hizo sombra al número uno del mundo, al que arrebató un set. Progresó hasta que se topó con Federer.
Mención especial merece Carlos Moyá, que disfrutó de una segunda juventud en el Abierto de Estados Unidos. Cumplió su undécima participación en Nueva York. Novena, desde que disputó las semifinales del torneo. Brilló alto el balear, que recuperó sensaciones de antaño. Hasta que se topó con Djokovic.
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