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Todo está dicho

@María José S. Mayo - 08/09/2007

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LA HIERBA AMARGA

Autor: Marga Minco
Editorial: Libros del Asteroide
Páginas: 106
Precio: 14,95 €
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Esperar en silencio todos los días en la estación de tren a que una persona vuelva, tener un traje y unos bonitos zapatos dispuestos para él. Nada puede ser más sencillo y desgarrador cuando aquel al que se espera fue llevado con toda seguridad a uno de los campos de exterminio nazi, y "dicen que de allí no vuelve nadie".

Son desapariciones absurdas, repentinas e inesperadas como estas que va describiendo Marga Minco en este pequeñísimo libro en el que cuenta la historia de la progresiva evaporación de su familia, mientras en su cabeza todavía resuenan las palabras de su padre diciendo: "Aquí nunca podrá pasar algo así". No hay despedidas, solo precipitación en la huída de una niña a punto de ser mujer que ya sabía de los sinsabores de ser señalada con un dedo acusador por algunos de sus compatriotas holandeses.

Cuando llegan las fuerzas de ocupación, Breda sufre otra rendición: la que provoca el ocaso de sus congéneres y la convierte en esa otra Ana Frank de la literatura. Aquella que vivió para contarlo, y con treinta y siete años convertirlo en libro. Éste que por fin se traduce al español en su totalidad.

Minco evita todo sentimentalismo, si bien se puede leer entre líneas ese amor por su padre, optimista hasta el final y en extremo inocente, pues no cae en la cuenta de que el mal es una plaga que se extiende como la espuma. "Aquí nunca podrá pasar algo así". Es la misma fe que la de ese señor que espera a pie de tren, en un acto de encender la última chispa de esperanza en un ser humano despertado para siempre de su letargo.

La narración se va vaciando, como la vida familiar de Minco, afortunada de tener unos ojos azules que hacen más creíble su pelo rubio teñido. Los mismos que len hacen pasar más desapercibida que su desgraciada cuñada Lotte, a la que ese tinte "le daba un aire poco natural", e impide llegar a compartir "al mismo tiempo" una puerta giratoria con uno de esos terribles "botas negras", en un lírico momento de suspense.

Pero, a pesar de la enorme barrera plantada frente a sus recuerdos, todo lo sufrido es amargo como las hierbas que se comen en la fiesta judía del séder para recordar el Éxodo y representar -paradójicamente- la hospitalidad hacia los extranjeros.

Con todo ésto, Minco crea un relato en que su tono a media, casi a cuarta, voz, agudiza las sentimientos del lector hacia lo expuesto, de lo que tanto ya sabe por fotografías, documentales o películas. Un horror que se acrecienta ante la ingenuidad que se transmite, ante la poca ambición de este libro sobre un tema en el que no hay que decir nada más. Todo está dicho. ¿O no?

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