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DOS PALABRAS

...Y Rajoy cogió su fusil (en sentido metafórico)

Mariano Rajoy

@Federico Quevedo - 07/09/2007

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¿Han hablado Rato y Rajoy? Unos dicen que sí, que lo hicieron el miércoles por la tarde. Otros que no, que llevan sin hablar –y esto puedo certificarlo- varias semanas, al menos desde que el director gerente del FMI le comunicara al presidente del partido del que sigue siendo militante destacado su intención de abandonar el cargo para volver a Madrid. Da igual, si han hablado ahora es lo de menos. Lo importante es que desde que Rato anunciara su vuelta las aguas del PP no bajaban tranquilas. Probablemente el propio director gerente del FMI ha tenido algo de culpa: nunca fue contundente en la explicación del porqué de su decisión. Y cuando un político no es suficientemente creíble, deja muchas puertas abiertas a las interpretaciones. Y a las conspiraciones. Yo no creo que Rato estuviera alentando a quienes buscaban su presencia como candidato en las elecciones generales, pero tampoco hizo nada por evitarlo, y su propio silencio fue aliciente para que intereses poderosos empezaran a especular, cada vez con mayor convicción, sobre la posibilidad de que su regreso lo fuera en loor de multitud. Hubo reuniones, cenáculos en torno a los cuales se conspiraba contra Rajoy.

Este periódico, en su día, se limitó a constatar que esa operación estaba ahí, que había personas muy importantes y muy influyentes, con nombres y apellidos en algunos casos muy conocidos que, a la vista de que el PP al mando de Rajoy parecía perder fuelle, giraron la cabeza hacia el político de Washington. A lo mejor si Rato no hubiera anunciado su vuelta, eso no habría ocurrido, pero el hecho de que lo hiciera alumbraba nuevas expectativas para un sector importantísimo de la derecha española. Y les diré algo que pocos saben, aunque supongo que Rajoy sí. Si el líder del PP no hubiera hecho lo que ha hecho en estos tres últimos días, es más que probable que en unas pocas semanas ese debate sobre la presencia de Rato como número uno en las listas hubiese vuelto a reproducirse. No nos inventamos nada, y prueba de ello es que otros constataron la certeza de nuestras informaciones y se sumaron al carro, incluso permitiéndose el lujo arrogante de aconsejar a Mariano Rajoy los movimientos que debía hacer y que pasaban por incorporar a Rato y a Gallardón en las listas. Súmenle a eso intencionadas encuestas sobre la popularidad de unos y de otros, y tienen perfectamente elaborada la receta para el guiso de la conspiración.

Es una pena todo esto. Este es un país con problemas muy serios y muy graves, fruto de la incompetencia, la ineficacia, la irresponsabilidad y la debilidad de un Gobierno dirigido por el peor presidente y el más marrullero que pudiéramos imaginar. Un personaje falso, mentiroso, traicionero, sin ninguna clase de credibilidad, ausente de la más mínima convicción moral y ética, pero eficazmente convertido en un producto de márketing lectoral –recuerden aquel famoso ZP, sin duda innovador en las campañas electorales- como pocas veces hemos visto en la política española. Frente a ese desolador panorama de ojos azules, cejas arqueadas y hortera presencia física, hacía falta un líder con una personalidad fuerte y creíble, que trasladara a la opinión pública la certeza de sus convicciones y se arropara, al mismo tiempo, por un equipo de personas serias y capaces de ilusionar a un electorado cada vez más autista de la política. Rajoy no es Sarkozy, ni debe pretender serlo. Es obvio que no irradia ese tsunami de ilusión que desplegaba el líder francés cada vez que abría la boca. Pero tiene tablas y tiene maneras de suplir sus propias carencias.

La primera es rodearse de un equipo que genere confianza a los ciudadanos. Y Rato ofrece mucha confianza, con mayor motivo en un momento en el que la inmensa mayoría de los ciudadanos empieza a temer por sus ingresos. Si Rajoy hubiera ofrecido a Rato acompañarle en las listas desde el primer momento, el PP se hubiera ahorrado todo este berenjenal. Rajoy dice, en privado, que él no podía traicionar lo que, también en privado, le había confirmado Rodrigo Rato, es decir, que no quería volver a la política. Puede que sea así, pero el caso es que el uno por el otro han conseguido convertir la ‘no vuelta’ de Rato a la política en un tema de portada. Sus silencios, los silencios de ambos, han dado pie a que terceros hablaran en su nombre, cuando lo mejor hubiese sido mantener la boca cerrada. Es probable, por lo que sé y me cuentan, que las relaciones entre ambos se hayan deteriorado sustancialmente en estas semanas, y que el mensaje de Rato ayer en El Mundo rechazando cualquier posibilidad de volver sea, en el fondo, un desaire a Rajoy, pero eso tiene ya difícil recompostura.

Sin embargo, y a pesar de los pesares, el gesto de Rajoy asumiendo un poder en el PP como no tuvo ni siquiera Aznar en sus mejores tiempos y exigiendo a los suyos que le proclamen candidato este mismo lunes despeja toda clase de incertidumbres. Y ofrece una imagen del líder del PP algo más enérgica, necesaria cuando el siguiente paso debe ser el de empezar a trasladar a la ciudadanía mensajes convincentes, creíbles y esperanzadores. Lo primero que debe hacer Rajoy es reforzar su equipo con personas de prestigio. Y una vez que ya se ha despejado, de manera negativa, la incógnita de Rato, se hace imprescindible que el PP complete su equipo económico con una figura que traslade a la ciudadanía la confianza suficiente en una futura gestión que ahonde en las políticas de liberalización y en las reformas estructurales. Y ese, con perdón de Rajoy, no es Juan Costa. Y mucho menos Pujalte. Tampoco Arias Cañete, aunque lo ha hecho lo mejor que ha sabido en circunstancias nada propicias. Si Rajoy ha comprendido que el asunto clave en los próximos meses es la situación económica, lo menos que puede esperarse de él es que lo demuestre rodeándose de los mejores.

Pero si el equipo es, sin duda, esencial en los meses venideros hasta las elecciones, porque debe dar la medida de hasta qué punto Rajoy es capaz de romper con el pasado que representa un ex presidente que ha descubierto los placeres del dinero, y pensar en el futuro de un Gobierno dedicado a recomponer toda la estructura de convivencia que ha destruido Rodríguez, no lo es menos ofrecer a la ciudadanía, no ya un programa electoral, sino un verdadero contrato suscrito entre él y los ciudadanos en el que de verdad se proponga una definitiva transición que asiente el modelo definitivo del Estado, el modelo económico, el modelo de Justicia y el modelo social que debe representar la España del futuro. Sin miedo a plantear cuestiones trascendentales como la reforma del código penal para incluir el cumplimiento íntegro de penas y la cadena perpetua para delitos de terrorismo, sexuales, y de violencia doméstica, así como una reforma en profundidad de la Constitución y de todo el edificio jurídico sobre el que se asienta nuestro sistema político. Es decir, esa regeneración democrática que todavía está pendiente en nuestro país. Si Rajoy es capaz de esto, lo podrá demostrar en los próximos días. De lo contrario, habrá que empezar a darse golpes en el pecho ante lo que nos espera.

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Opiniones de los lectores (32)

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32. juan2Viernes, 07/09/2007, 16:57 h.

Sr Quevedo...a ver, siguiendo su lógica: si españa está tan mal y es tan grave para su futuro que el presidente ZP vuelva a ganar y a su vez los del pp sólo piensan en lo mejor para españa a) o peleandose y buscando colocarse bien en parrilla no están haciendo lo mejor para españa b) les da igual perder una vez más si quedan colocados para el siguiente round, porque sabe que 4 años más en la oposición no van a ser tan trágicos para españa

31. usuario registrado PJCMViernes, 07/09/2007, 16:16 h.

28 Zooropak.- Espero que cumpla su palabra y no lo vuelve hacer. Si lo hace, se lo recordaré.

30. usuario registrado PJCMViernes, 07/09/2007, 16:15 h.

15 Chanes.- Ayer lo expliqué pero usted no parece no haber leido mi comentario, por lo que lo repito:
Tanto el Presidente del PP como el Secretario General del PSOE, al ser nombrados son automaticamentes candidatos a la Presidencia del Gobierno, sin necesidad de una proclamación posterior.

29. usuario registrado albertovzViernes, 07/09/2007, 15:59 h.

¿Por qué no Ratoy...?

28. ZooropaKViernes, 07/09/2007, 15:28 h.

Rajoy es un cadáver político...no hace falta ni discutir de él...

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