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TRIBUNA

La segunda caída de Constantinopla

Turquía Abdullah Gül

Manuel Muela - 06/09/2007

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La reciente elección de un musulmán practicante como presidente de la República de Turquía es la conclusión natural de un proceso iniciado en 2002, con la primera victoria de los islamistas en las elecciones de aquel año, que, para algunos, puede suponer el recuerdo de la caída de Constantinopla en manos de los otomanos el 29 de mayo de 1453, que marcó el inicio de la Edad Moderna. Puede que esta vez no sea para tanto, pero si tenemos en cuenta cuál es la situación de Europa, cada vez más sensibilizada con el avance del Islam, y las pretensiones de Turquía de convertirse en socio de pleno derecho de la Unión Europea, resulta oportuno reflexionar sobre la trascendencia del cambio cualitativo producido en esa República laica, fundada por Kemal Ataturk en 1923, para sugerir alguna salida al entendimiento entre Turquía y la UE, como alternativa a la inclusión de aquella como un socio más de la Unión.

La historia de Turquía está profundamente enraizada con la historia europea desde la caída de Constantinopla, hoy Estambul, en poder de los turcos en el siglo XV. Momento que marca el inicio de la Edad Moderna y también de una relación ininterrumpida de amor-odio entre el pujante Imperio Turco y las diferentes Monarquías europeas: los Balcanes y el Mediterráneo pueden dar fe de ese devenir histórico. Y uno de los episodios culminantes de esa estrecha relación fue la alianza del Imperio Turco, ya decadente, con los Imperios centrales europeos, el alemán y el austriaco, en la Primera Guerra Mundial. La pérdida de la guerra disolvió los tres imperios, alumbró nuevos estados y dio fuerzas a los principios democráticos como base de la convivencia de las naciones, aunque todavía tendrían que superar pruebas durísimas con una nueva guerra mundial de por medio.

Turquía, cuya república fue establecida en 1923 tras ser abolido el sultanato por Kemal Ataturk, ha pretendido desde entonces ligar su destino a Europa, que se veía como espejo de laicismo, libertad y modernización. Pero ni la tormentosa historia europea del siglo XX ni la propia realidad turca han facilitado la práctica de los ideales, ciertamente loables, de los fundadores de la república de Turquía. No obstante, el hecho objetivo es que ese país ha sido un firme aliado de las potencias occidentales durante la guerra fría y ha pretendido, con menor éxito, mantener su distancia de las formulaciones más radicales del islamismo político.

Desde mi punto de vista, Europa occidental, germen y alma de la Unión Europea, ha sido poco abierta con Turquía y no le ha prestado la atención que merecía, a pesar de tenerla entre sus aliados. Los turcos sólo han contado de verdad con el apoyo de los Estados Unidos, que parecen valorar mejor el esfuerzo de ese país por mantenerse en la órbita de occidente. Aun así, la progresiva degradación de las condiciones de vida y la esclerotización de los partidos políticos tradicionales han provocado que los turcos impulsen un cambio que debería merecer atención y apoyo antes que desapego o recelo por parte de la Unión Europea.

Los propósitos reiterados por los nuevos gobernantes de Turquía favorables a la concertación con la Unión Europea creo que facilitan la recuperación de un interés que nunca debió olvidarse, y que puede ayudar en la tarea de asimilación y moderación de un movimiento político cuya raíz religiosa no debería convertirse en impedimento, siempre que se respeten los valores democráticos comúnmente aceptados. El verdadero riesgo sería hacer con Turquía lo que hace quince años se hizo con Argelia.

La Unión Europea tiene problemas importantes, entre ellos su propia definición constitucional. Por eso se está a tiempo de buscar una aproximación a la cuestión turca desde una perspectiva integradora, que prescinda de la rigidez actual según la cual sólo se puede ser miembro de pleno derecho sin apenas consideración a la figura del país asociado. El caso de Turquía debería mover a valorar más la figura y el estatus de la asociación que podría convertirse en una salida airosa y digna no sólo para la propia Turquía sino para el embrollo constitucional que atenaza a la UE desde que emprendió la huida hacia adelante con un proyecto constitucional poco maduro y bastante quimérico y una ampliación al Este que no está ni mucho menos resuelta.

* Manuel Muela es economista.

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Opiniones de los lectores (6)

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6. BesteiriñoJueves, 06/09/2007, 17:11 h.

Comparto la opinión de burgundio y la del autor del artículo. Por un lado, es cierto que la sociedad turca no es propiamente europea y su integración en la UE como miembro provocaría graves tensión, quizás irresolubles. Por otro lado es cierto que los turcos han sido en el último siglo aliados leales que han hecho esfuerzos más que notables para un país musulmán por alcanzar un desarrollo social y político equivalente al europeo. Considero que no se merecen la tomadura de pelo que nuestros políticos les están haciendo (ahora eres candidato, ahora no, ahora me busco otra excusa pata que no ingreses...). Lo más práctico y leal sería plantearles abiertamente un tipo de asociación que les dé las ventajas económicas de ser miembro de la UE sin las obligaciones ni los derechos políticos.

5. vandaleJueves, 06/09/2007, 15:28 h.

Hemos acabado con el colonialismo? Entonces a qué viene esa obsesión por vigilar o tutelar otras naciones? Por qué tenemos que sentirnos culpables por lo que hagan otros países en el uso de su soberanía? Por qué hay sentimiento de culpabilidad por no aceptar a Turquía en la UE? Señores, no cumplen con un montón de requisitos esenciales, no hace falta ser un lince para ver que serían una fuente de inestabilidad. Acaso alguien cree que por aceptarles van a cambiar su forma de vida automáticamente? El ejemplo de Francia en el que la mayoría de su población musulmana no quiere integrarse no nos sirve? No nos engañemos, ellos son los que van en contra de nuestras convicciones y creencias y encima pretenden imponernos las suyas. Con la de siglos que hemos tardado en eliminarlas...

4. usuario registrado burgondioJueves, 06/09/2007, 14:40 h.

Estóy de acuerdo en que haya una mayor comprensión y un mayor acercamiento hacia Turquia. No estóy de acuerdo con que Turquia ingrese en la UE como miembro de pleno derecho. Turquia en su mayor parte no es europa, es asia. Y estamos en la UE. Turquia es un pais mayoritariamente musulman, con mas de 70 millones de habitantes cuyas costumbres y mentalidad son muy diferentes a las europeas. El desarrollo económico de Turquia está muy por debajo del de los principales paises de la UE con lo que habría un movimiento migratorio de extraordinarias proporciones, teniendo en cuenta que Turquia tiene mas de 70 millones de habitantes. Turquia no es una verdadera democracia, es una democracia tutelada por el ejército que es el garante del legado de Mustafa Kemal.De no ser por las fuerzas armadas posiblemente Turquia sería un pais Islámico de corte moderado. Turquia ha masacrado en los últimos años al pueblo kurdo, algo inaceptable y contrario a los derechos humanos. Las diferencias geográficas, no es europa, culturales, políticas, económicas unidas al factor demográfico, hacen inviable que Turquia sea miembro de la UE. Si Turquia ingresase en la UE, seria el fin de la UE.

3. medusaJueves, 06/09/2007, 13:31 h.

Sin duda la caida de Constantinopla, fuè un hito que ya definitivamente partio el mundo en sus dos ejes actuales , desde aquella divisiòn de ARCADIO Y HONORIo, hasta estè acontecimiento Europa se lleno de cultura auspiciada por reyes como CARLOMAGNO, Y SOLO EN EL RESTO DE EUROPA, citese ESPAÑA, se luchaba contra los musulmanes por una reconquista, fraubulenta que habia derrotado a RODRIGO, en el 7ll , LOS TURCOS, Y CONSTANTINOPLA, SIIEMMPRE SE HAN DEABATIDO ENTRE LAS DOS CORRIENTES PROEUROPEAS Y MUSULMANA, DE FACTO EN LA GUERRA DE CRIMEA YA TUVIERÒN LO SUYO, PERO ACTUALMENTE CREO QUE ESTAN YA PREPARADOS PARA ENTRAR EN EL MERCADO COMUN, PUES SUS RAICES CADA VEZ TIRAN MÀS HACIA LO OCCIDENTALIS,

2. Javier Fisac SecoJueves, 06/09/2007, 12:15 h.

La Unión Europea no sólo es un espacio económico, es, fundamentalmente, un espacio político democrático basado en valores humanos, contenidos en "La Declaración Universal de los Derechos HUmanos". Turquía para ingresar en la U.E. lo primero que tiene que hacer es separar religión y Estado, adherirse, defender y proteger los derechos humanos, Y la UE ser rigurosamente exigente en la defensa de esos derechos, aplicables a la mujer y a los homosexuales. El fundamentalismo, como el nazionalsocialismo, cuando llegan al poder utilizando la democracia, no es para fortalecer la democracia, sino, como hizo Hitler, para desde ella, destruir sus fundamentos y valores. Turquía con 70 millones de habitantes tendría casi tantos votos como Alememania y decidiría sobre el resto de los europeos.

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