De promesa a leyenda
@Julio Candela - 01/09/2007
No hay una persona, ni una sola, que haya conocido Antonio Puerta y no guarde una anécdota de él. El pasado lunes, en un rincón del antepalco del Ramón Sánchez-Pizjuán, alejado de la marabunta de amigos, familiares y compañeros del finado, Enrique Marín, el utillero del Sevilla Atlético, lloraba a solas la desaparición del joven futbolista. Enrique guarda en el corazón un librillo de recuerdos de Puerta. El veterano empleado es hombre racial pero de gran nobleza. Solía ser centro de bromas de los futbolistas.
En una ocasión, cuando ya tocaba vestirse tras una dura jornada laboral en la Ciudad Deportiva sevillista, el empleado fue a calzarse los zapatos (mocasines castellanos de cuero negro) e inmediatamente se percató de lo que le habían hecho: le habían encharcado de pasta dentífrica el interior por la parte del talón. Enrique se tuvo que ir descalzo a su pueblo del Aljarafe.
La venganza llegó al día siguiente. Puerta, como todos los chavales de su edad, era un fanático de las deportivas y las que llevaba ese día le habían costado un pastón en El Corte Inglés. Enrique se acogió a la ‘ley del talión’. Mientras Antonio y sus compañeros sudaban la gota gorda a las órdenes de Manuel Jiménez, el utillero aplicó pegamento de fijar madera a los talones de caucho de las zapatillas del jugador. Adiós nikes. Puerta quiso matar en un principio a Sergio Ramos (otro que también se las gastaba), pero de repente escuchó los silbiditos cartujanos de Enrique. Entonces cayó en la cuenta.
Antonio Puerta solía llevar la batuta en los saraos montados por sus compañeros. Era Gandía con los chistes, y un profesional con las palmas, sobre todo en el repique. Todo un artista. Aunque pasó al primer equipo, jamás dio de lado a sus antiguos compañeros a los que seguía buscando para tomar la primera coca-cola del día.
Cofradiero, de Triana y admirador de Stoitchkov
Fiel a las tradiciones de Sevilla, y nervionense de pura cepa, su corazón cofradiero apuntaba a Triana, a ‘su’ Esperanza, y a ese señor de paso majestuoso de nombre Jesús de las Tres Caídas. Del Triana Balompié (filial del Betis) era su padre, un futbolista llamado Añoño. Pero su abuelo, fundador de la peña sevillista Al Relente, la más antigua de la ciudad, tiró más de Antoñito Puerta. El de la zurda de diamante, como le calificó Del Nido, admiraba de chico al barcelonista Stoitchkov.
Cuando el pasado martes un compañero de Onda Cero le puso al hoy técnico del Celta una grabación con la voz de Puerta en la que contaba a quién quería parecerse, Hristo rompió a llorar y le prometió a la familia una cosa: este lunes, 3 de septiembre, en Mónaco, Stoitchkov recogerá un premio al Zurdo de Oro por toda su trayectoria futbolística. Es un trofeo que han recibido, entre otros, Maradona y Eusebio. "El lunes me dan un trofeo en Montecarlo, el Zurdo de Oro, y se lo voy a dar a él y su familia. Es lo menos que puedo hacer, es en lo único que puedo ayudar. Es una zurda que no se olvidará jamás. Se lo ha merecido todo, pero ya no está".
Donde está el niño Puerta es en el Tercer anillo, junto a los sevillistas de siempre. Con 22 años se fue. Escribió en letras de oro una historia con cinco títulos. Todo para meterse de cabeza entre los mitos. Abajo le añorarán Enrique, Lolo, Kepa, Jesús y un montón de gente, palanganas o no. La que formó el niño.
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