Calixto Corral, un 'mecánico' en apuros por culpa de la crisis inmobiliaria
@Carlos Hernanz.-31/08/2007
Empezó de la nada después de probar fortuna en distintos negocios. Emigrante andaluz en el cinturón industrial de la Barcelona de los años 60, sus inicios como mecánico dieron paso, con el transcurso del tiempo, a una provechosa carrera como intermediario en la compraventa de pisos. Así vio la luz en 1987, con algo de olfato y mucho ímpetu, la agencia inmobiliaria Fincas Corral.
Dos décadas después, aupado por un crecimiento vertiginoso provocado por la fiebre del ladrillo, Calixto Corral asomó la cabeza como un empresario de éxito. Su agencia inmobiliaria se anunciaba en los principales espacios televisivos (Caiga Quien Caiga) y su nombre trascendía más allá de Hospitalet de Llobregat. La fortuna, por fin, le sonreía.
A diferencia del resto de competidores, Calixto Corral no recurrió al método de las franquicias para abordar su proceso de expansión fuera de su Cataluña adoptiva. Al contrario, toda la red de oficinas era en propiedad, fiel a un concepto personalista de la compañía. Tampoco compartió estrategia comercial con el resto de competidores. Durante años, el gancho de Fincas Corral era garantizar –bajo adelanto de una señal y con precio final fijado- la compra del inmueble si no conseguía comprador en un año.
En tiempos de bonanza, el modelo soportó la irracionalidad de la propuesta, pues el ideal de revalorización constante de la vivienda permitía a Fincas Corral vender por un precio mayor al pactado con el vendedor. Al margen obtenido sumaba, además, la correspondiente comisión de intermediación (hasta del 10%), muy superior a la media del mercado.
Año 2007: despidos y cierre de oficinas
Así, pronto llegaron las 350 oficinas y el sueño de alcanzar 1.000, como se aventuró a prometer a finales de 2006 con motivo de la presentación de resultados. Pero no ha podido ser. Más pronto que tarde, el cambio de ciclo ha truncado las expectativas de Calixto Corral, que a comienzos del pasado mes de junio comenzó, con el mayor de los sigilos, un plan de ajuste que ha llevado a Fincas Corral a cerrar cerca de 200 sucursales.
Por el camino, Calixto Corral, bien relacionado con el socialismo catalán por aquello de su condición de empresario del cinturón industrial hecho a sí mismo, consiguió implicar en sus planes a algunos socios de postín, incluso cuando los cantos de sirena sonaban ya negativos. Entre ellos Caja España, que a finales de 2006 se convirtió en socio de Pinesa, una intermediaria constituida con la aseguradora Pelayo años atrás, y que meses después firmó un acuerdo como agente colaborador.
La crisis en ciernes de Fincas Corral circulaba desde antes del verano por la red. El despido continuado y medido de empleados, fruto del cierre de las oficinas deficitarias, sin el pertinente proceso de regulación de empleo, fue la gota que alimentó el descontento entre los afectados, que utilizaron Internet para compartir sus lamentos. Sin embargo, desde la compañía se trabajaba en silencio. Estaba en juego la supervivencia del negocio.
En la actualidad, según la propia información recogida en su página web, Fincas Corral cuenta con 150 oficinas operativas en territorio nacional, con 60 de ellas concentradas en Cataluña. De los planes en el exterior, como República Dominicana, México, Francia o Bulgaria, nada más se sabrá por el momento. Al menos hasta que amaine el actual temporal y una nueva ola aúpe al ladrillo a las cotas de años pasados. Ahora es tiempo de recoger velas, pues como aseguraba el otro día un competidor: “Si se venden menos casas hay menos negocio”.
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