Laporta y su cuñadísimo, Alejandro Echevarría, vuelven a ser amigos
Laporta, Alejandro Echevarría, FC Barcelona
Joan Laporta cerca del túnel de vestuarios del Nou Camp.
G.N. Barcelona.- - 30/08/2007
"No volverá a pisar el vestuario del Barça y si lo ve, hágamelo saber que actuaré en consecuencia", dijo Joan Laporta en rueda de prensa cuando se le preguntó sobre la influencia de su cuñado y ex directivo, Alejandro Echevarría, sobre el vestuario. Con esta declaración el presidente del Barcelona evidenciaba el distanciamiento que era un secreto a voces desde hace tiempo entre su persona y el hermano de su mujer, que había sido el hombre fuerte del club en su relación con los jugadores ('el conseguidor') y directivo de su junta.
Echevarría, que tuvo que dimitir como directivo después de que se demostrara que efectivamente había mentido a la asamblea de socios sobre su condición de miembro de la Fundación Francisco Franco, era y es el mejor amigo de los jugadores. No se mueve un bote de champú en el vestuario blaugrana sin que Echevarría (conocido como 'el cuñadísimo' o' el facha') lo sepa.
Este puede ser el motivo que llevó al distanciamiento entre cuñados. Laporta quizás vio en Alejandro Echevarría una amenaza a su influencia en los jugadores, un contrapoder. El caso es que se rompieron las relaciones de la manera más abrupta. Prueba de ello es que Laporta sólo aceptó la invitación para acudir a la boda de Jorquera, celebrada este verano, a cambio de que el portero le asegurara que no se encontraría a su cuñado en la celebración. Laporta acudió a la boda y se encontró a Echevarría, hecho que motivó que el presidente del Barça sólo asistiera a la ceremonia y no quisiera quedarse a la cena (pero esos detalles son otra historia que explicaremos en otra entrega).
El caso es que en plena guerra fría Laporta-Echevaría y con los rumores de separación planeando sobre el palco del Camp Nou, los cuñados se volvieron a encontrar con motivo del entierro del padre del presidente barcelonista. Alejandro Echevarría acudió al entierro y se portó como un señor con su cuñado y con sus sobrinos, a los que se les había muerto el abuelo. Este hecho motivó una comida de reconciliación en la que se firmó la paz. La cita fue en Llivia, en un conocido restaurante italiano. Allí, días después de que Laporta enterrara a su padre y que Echevarría leyera como se vinculaba al suyo (Juan Echevarría, un notorio falangista) con el fraude de Mutua Universal, ambos sellaron una paz que podría devolver al mejor amigo de los futbolistas a un plano de total preeminencia. El tiempo lo dirá.
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