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TEATRO

Clásico robotizado

Clásico robotizado

@Nacho Gay - 11/08/2007

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COPPÉLIA


Director General: Víctor Ullate.
Director Artístico: Eduardo Lao.
Música: Eduardo Lao.
Elenco: Eri Nakamura, Luca Vetere, Yevgen Uzlenkov, Ana Noya, Sophie Cassegrain, Natalia Tapia.
Lugar: Teatro Gran Vía (Gran Vía, 66). Madrid.
Teléfono: 91 541 55 69.
Horario: De miércoles a viernes, a las 20:30 h.; Sábados, a las 18:30 y 22:00; Domingos, a las 19:30 h..
Fecha: Hasta el 2 de septiembre.
Precio: de 20 a 36 €.
www.victorullateballet.com/coppelia

Más de un siglo separa el estreno de una película de ciencia ficción como Blade Runner del nacimiento del ballet Coppélia, una de las obras crepusculares del repertorio clásico. Aparentemente nada tienen que ver la una con la otra, pero el arte, como bien decía Raul Soldi, “nunca progresa, sólo evoluciona”. Y lo hace además en un proceso de hibridación permanente.

En torno a 1870, Arthur Saint Leon se inspiró en un relato corto de una de las grandes figuras del romanticismo alemán, Ernest Theodor Wilhelm Amadeus Hoffman, para crear la primera versión del clásico. Pero sería la adaptación posterior de Marius Petipa, con música de Leo Delibes y libreto de Charles Nuitter, la que convertiría a Cóppelia en una de las comedias más emblemáticas de la historia de la danza.

Más de un siglo después, el director artístico Eduardo Lao, Víctor Ullate y su cuerpo de 22 bailarines han resucitado la obra y han elaborado una representación elegante, singular y snob, a la que han dotado de una atmósfera futurista bastante más cercana a la película de Ridley Scott antes mencionada que a la representaciones originales configuradas entre Saint Leon, Petipa, Nuitter y Delibes.

Su música, la de Delibes, todos y cada uno de los acordes que escribió para cubrir el encargo del escenográfo primigenio, vuelven a sonar ahora en el Teatro Gran Vía de Madrid, para dar cobertura a un argumento que, salvo en lo que se refiere a las líneas maestras que sustentan la trama principal, ha sido completamente transformado.

La Coppélia de Ullate es mucho más parca, simple y futurista que la original. Los tres actos que se representaron en el XIX han quedado reducidos a dos, los bailarines en escena han menguado en número y el taller de muñecas se han transformado en una psicodélica fábrica de androides que, si bien logra confeccionar un ambiente adecuado para albergar el atrevimiento, no es menos cierto que resulta pobre y se adhiere por momentos al universo de lo kitsch.

Mejor sin duda el vestuario, único elemento escénico que refuerza las pretensiones transgresoras del montaje, ya que los movimientos robóticos de los bailarines en general pasan inadvertidos, salvo en la figura de la intérprete del personaje de Coppélia, Eri Nakamura, que sin duda posee las mejores articulaciones de la compañía para poder llevar el difícil tempo que marca el movimiento fragmentado.

Con todo, tanto el coreógrafo como el conjunto de los bailarines -todos ellos muy solventes- tienen oportunidad de lucirse en la configuración de un espectáculo inusual, quizá menos rupturista de lo que cabía esperar, pero mezcla estrambótica de tradición y vanguardia al fin y al cabo.

Porque una cosa es evidente: por mucho artificio que decore la representación, Eduardo Lao no ha renunciado al virtuosismo y a la fluidez técnica del ballet neoclásico para elaborar esta adaptación un tanto insípida de Coppélia, que a pesar de todo posee el sello de calidad de la marca Ullate.

Una adaptación, por cierto, que entraña una doble transformación. La de una obra, Coppélia, cuyo contenido se ha intentado adecuar a los tiempos que corren para conseguir una armoniosa unión con el público. Y la de un 'género', la danza, que necesita reinventarse de forma constante para evitar convertirse con el tiempo en el capricho casual de ciertas minorías muy selectas.

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