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CONTRA EL CALOR

Terrazas y chiringuitos en vías de extinción

Terrazas y chiringuitos en vías de extinción

Mae Mestre.- - 08/08/2007

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Las terrazas son, como las bicicletas, los bronceadores y las vacaciones… para el verano. El momento del aperitivo, la comida informal o la charla en un mirador al aire libre forman parte de los pocos placeres que acompañan a la llegada del estío y del calor. El terrazeo es tradición española, al igual que el chiringuiteo, ya sea para hacer frente a las altas temperaturas o para lucir bronceado.

Territorio claramente conquistado por la cerveza y también, por qué no, por aguas minerales e incluso refrescos, se vestirá de luto en las playas españolas a partir del próximo verano. Según la Ley de Costas de 1988, los chiringuitos no podrán ocupar la playa más allá del 2007. Sus días están contados y su fin parece inminente.

Más metros separarán a los boquerones y chopitos de las toallas y sombrillas. Los paseos marítimos marcarán el límite a los pinchos y las cañas, en las bienaventuradas costas, mientras siguen aumentando los restaurantes y bares situados en la amarilla arena que han ordenado derribarse, como el de la Playa de San Juan en el verano del 2005. Algunos han visto como se pasaba con rapidez del dicho al hecho y otros siguen esperando.

La defensa de una parte de la identidad histórica de un país queda relegada a la reivindicación del tomarse algo al fresco como un derecho inalienable ante el cierre de tres terrazas de renombre en Kensington Road. El propietario de una de ellas ha acusado al Gobierno británico de comunista y ha expresado su inconformidad actuando.

El Evening Standard titula “Restaurant owner fights for right to dine al fresco”. El restaurador aludido es Vicente García-Quirós, compañero sentimental de la actriz María Luisa Merlo. Lleva más de una semana encadenado a una mesa exterior del Arcadia, edén de la cocina italiana en pleno corazón del exclusivo barrio londinense de Kensington, a pocos metros del palacio en el que vivió Lady Di. Una vecina lo denunció por superar en una hora el horario de cierre de su terraza y el Ayuntamiento de Kensington y Chelsea la ha cerrado durante el mes de agosto, uno de los de mayor turismo en Londres y el rey sin duda en cuanto a terrazeo se refiere.

Veladas diferidas

El mismo Ayuntamiento al que se le han pagado las tasas correspondientes a desplegar unas cuantas sillas y mesas en la vía pública ha estipulado que hasta septiembre sólo cabe resentirse. Y el gran restaurador, el amigo de la hija de Mick Jagger o de David Cameron ha decidido encadenarse para no privar a Brad Pitt, ni a Mark Knofler de la cocina italiana bajo la mágica noche londinense.

La prensa británica se ha hecho eco del asunto y distinguidos residentes del lujoso Kensington, como Lady Ashdown, íntima amiga del duque de Westminster, primo de la reina Isabel y dueño de más de 150 manzanas sólo en Londres, se han solidarizado con la causa. Hacer peligrar las veladas al fresco londinense no es baladí y medio millar de firmas apoya a García-Quirós.

El contexto social es apasionante: A Portobello Road y su inspirador mercado, de fruta fresca en el siglo XIX y reinventado por anticuarios en 1960, Cat Stevens le dedica una canción, Angela Lansbury protagoniza una toma para la historia del cine... Y ver en el escenario de amor entre Hugh Grant y Julia Roberts al antiguo propietario del afamado L'Artiste Assoife encadenado y resentido, nos impulsa a temer por el fin inminente de nuestros chiringuitos.

Carpas de día o terrazas de noche. El fin es el mismo: refrescar al personal en verano y amenizar sus horas de calor. Dudamos de si el próximo verano las playas se convertirán en improvisados escenarios solidarios en los que dueños de chiringuitos griten un ‘No nos moverán’ encadenados a sus mesas y sillas, pero sí dudamos del futuro de su sustento de vida, de una forma de vida en la que un buen verano asegura un invierno de hibernación laboral y que actores, músicos y aristócratas que ocupan un lugar entre los más poderosos y ricos del mundo no frecuentan.

Sandalias y chiringuitos

El 2007 marca legalmente el plazo máximo de vida de los chiringuitos. La ley es clara en su razonamiento: invaden el espacio público. De ello se desprende que hasta la fecha se ha hecho la vista gorda. Y ahora Medio Ambiente debe actuar.

Grupos como la asociación Yo? Producto andaluz! defienden que con su supresión nuestro litoral ya no será el mismo, que con ellos se perderá una parte fundamental de nuestra tradicional cultura de playa y una parte insustituible de nuestra memoria histórica. Una de dos: cambio legislativo o adiós al chiringo.

Bares de playa y su equivalente urbano, las terrazas nocturnas. En Madrid no hay playa, o eso dice la canción, pero terrazas… a centenares; las de mayor solera, El Café Gijón y el Espejo. Decenas de ellas se engalanan cada estío y se suceden siguiendo el Paseo de la Castellana, el de Gracia o el Borne condal. Estos espacios para charlar, beber, reír, escuchar música, enamorarse…son arquetípicos bajo el estrellado cielo español. Y titular de prensa en Londres, con grilletes incluidos. Confiemos en que la cerveza no acabe aliándose exclusivamente con el aire acondicionado en un bochornoso porvenir.

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