ECOGRAFÍA
La mala cara que esconde el botox
@Servet - 28/07/2007

En EEUU las farmacéuticas organizan fiestas a bordo de yates para promocionar entre la gente guapa el botox, también conocida como toxina botulínica. En España, no llegan a tanto aunque en las playas y lugares nocturnos de verano los caretos de pieles estiradas y morros inflados como neumáticos que brillan como nunca bajo los neones gracias al botox que se meten al ellas y ellos en el cuerpo.
Llevamos años oyendo hablar de este veneno y sus consecuencias. Hace tiempo que algunos médicos dieron la voz de alarma sin que se les haya hecho caso. Pues el botox paraliza temporalmente los músculos, puede causar “reacciones adversas graves” y en “algunos casos puede llevar a un desenlace fatal” debido a la diseminación del producto a zonas distantes del lugar de administración.
Lo acaba de decir la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), en un comunicado dirigida a los profesionales sanitarios sobre los riesgos de esta toxina, utilizada para mejorar desórdenes neurológicos así como en la cirugía plástica, con el objetivo de mejorar las arrugas faciales.
De hecho, entre los años 2000 y 2005, el Sistema Español de Farmacovigilancia, dependiente del Ministerio de Sanidad, recibió 12 notificaciones de “casos graves” relacionados con medicamentos que contienen toxina botulínica. ¿Por qué no se ha hecho nada al respecto? Vaya tomando nota, señor ministro.
E igual que usted ha pedido estos días a las revistas que utilicen imágenes de mujeres sanas, desprovistas de esa delgadez enfermiza que a menudo nos presentan, vele también por la seguridad de los tratamientos de estética. Porque, de acuerdo con los últimos datos de la AEMPS, las personas con trastornos neurológicos subyacentes o con dificultades para deglutir presentan un mayor riesgo de sufrir reacciones adversas al botox, por lo que sólo se les debería administrar después de "una cuidadosa valoración del balance beneficio/riesgo en cada caso individual".
El organismo resalta que se debe prestar "especial atención" a la vigilancia de estos pacientes tras la administración de la toxina, así como "extremar las precauciones" en aquellos que tienen antecedentes de disfagia o aspiración. En el supuesto de utilizarse para mejorar la estética, agrega la Agencia, "no se recomienda su administración en pacientes con estos antecedentes". Es más, "debe informarse a los pacientes o a sus cuidadores sobre el riesgo de diseminación de la toxina y advertirles que soliciten asistencia médica de inmediato si aparecen trastornos respiratorios, del habla o de la deglución", señala.
La AEMPS, de forma coordinada con otras agencias reguladoras europeas, aconseja a los profesionales sanitarios que los fármacos con toxina botulínica sean administrados por especialistas "con la experiencia suficiente, incluyendo el uso del equipo necesario". ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Ilustración de Julio Cebrián.
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