El anti-balance: de Obregón a Urdaci, pasando por Sardá

@Nacho Gay - 26/07/2007
Ha concluido el curso televisivo y los medios afines a las diferentes cadenas se han apresurado a realizar el balance de la temporada, destacando fundamentalmente cuáles han sido los programas que han conseguido colocarse entre los más vistos del año. En El confidencial, como somos muy chulos y no dependemos de nadie, hemos confeccionado una especie de anti-balance, esto es, un cordial repaso por todos aquellos títulos y rostros televisivos que han resultado más lamentables este curso, a los que habíamos dedicado ya algunas líneas en las sucesivas crónicas de los jueves.
Los nombres (im)propios del año
Ana Obregón. El premio gordo de la temporada se lo lleva Anita Obregón por su esperpéntica aproximación al feminismo con Ellas y el sexo débil. No se recuerda un fracaso de tal magnitud desde que allá por el XVI partieran de Lisboa unos cuantos espabilados que se dieron en llamar la Armada Invencible. Qué cantidad de estupideces y pedanterías; qué humor tan rancio, tan casposo. La serie, que no duró ni tres días, no era mucho más que una simplificación aberrante de las relaciones de pareja, de argumento zafio, banal, vacío, bananero, improcedente, lamentable, pueril, ingenuo, insultante, pobre, atroz, deleznable...
Gonzalo Miró. Lo cierto es que a Gonzalito le ha podio este año la vanidad. Él sabe, no es tonto, que no es precisamente por su elocuencia o capacidad 'verborreica' por lo que destaca. Sus virtudes son más bien externas y los contactillos que tiene en la socialdemocracia española, una verdadera plataforma de lanzamiento que le han valido un vis a vis con la Campoy en Las mañanas de Cuatro. Quizá, porque todavía hoy el amiguismo y la promoción impuesta son los mecanismos más comunes para medrar en la televisión. Y claro, luego pasa lo que pasa... Gonzalo tiene de presentador lo que de monje budista. No se había visto nada igual en la pequeña pantalla desde que Leticia Sabater destrozara la infancia de toda una generación de chavales con frases del tipo: “Con mucha marcha” o “al mediodía alegría”.
Javier Sardá. El presentador crápula de Telecinco se sacó de la manga un nuevo programa de viajes con el que recorrer medio mundo a costa de la Visa Oro de Vasile. Dutifri –que continuará emitiéndose la temporada próxima- no es más que una emisión de Crónicas marranas pasada por la batidora para hacerla compatible con su nuevo horario; un reportaje documental realizado sin ninguna intención de profundizar, con demasiado aditivo ficticio; un capricho de un multimillonario ‘jeta’; un programa muy entretenido, pero sólo para el que se va de viaje.
Cristina Tárrega. Cris sigue haciendo en televisión lo mismo que el primer día, lo único que sabe hacer, esto es, calentar al personal. Sus noches tórridas en Territorio Comanche -así es como se llama el engendro que presenta la diva de la medianoche en Telemadrid- sólo han servido para corroborar que es una mujer que definitivamente ha decidido entregar su vida al arte... al arte de hacer el ridículo.
Sánchez Dragó. Se estrenó al frente de Diario de la Noche con una cuidada e interesante entrevista a Ortega Lara, pero poco a poco fue degradando. El tipo es pedante e impertinente en grado superlativo. No le faltan ganas, eso es cierto, pero le sobra chulería por los cuatro costados. El literato no ha tenido reparos en llevarse al estudio todos los trastos que tenía por casa, entre ellos su atril y sus gafas a medio poner, objetos que hacen patente un airecillo a geriátrico de no te menees. En los planos medios y frontales, el amigo Dragó parece el abuelo Cebolleta contando sus anécdotas sobre la Guerrra Civil, sobre todo porque su verborrea linda demasiado con lo narrativo.
Isabel Gemio. Antena 3 reestrenó las pasadas navidades Sorpresa Sorpresa, un programa hortera, petardo y casposo, cuya reaparición sólo pudo ser entendida como un regalo de Reyes para el lucimiento personal de la relamida periodista que lo presentaba. A pesar del esfuerzo, el experimento nostálgico de la cadena de Planeta no fue del agrado de la audiencia, entre otras muchas cosas, por resultar enlatado, aburrido y pedante. Más incluso de lo que lo llegó a ser en su día.
Risto Mejide. Este popular miembro del jurado de Operación Triunfo -cínico y cruel- es el resultado de la búsqueda incansable de ciertos elementos que debían servir para refrescar un formato que soportaba el peso de cinco ediciones. Al tal Risto el carácter y el rictus de perdonavidas le venían impuestos, por lo que el verdadero motivo de su verborrea beligerante y ofensiva, de esas lindezas que soltaba en el programa de cuando en cuando, no era otro, para variar, que el de ganar audiencia. Por cierto, el tío ha sentado escuela: no hay más que ver Factor X.
Alfredo Urdaci. El bueno de Urdaci se dedica ahora a la imitación, a la farsa, a la pantomima, es decir, a lo que se ha dedicado siempre. Hace poco formó parte del lujoso plantel de ‘monologuistas’ de El Show de Flo, programa de humor ‘casposillo’ que emite La Sexta. Y lo cierto es que el tío lo hacía bien, porque venía curtido en eso de hacer chistes de su paso por el informativo de Televisión Española. Ahora, una vez olvidados aquellos días de ruido y furia que vivió en la cadena pública, el hombre se dedica ha disfrazarse de Tom Jones en su nuevo programa de Onda6, emisora local que le ha condenado al ostracismo más absoluto.
Lo peor de la temporada

-Hormigas Blancas (Telecinco). Un tostón de tres pares de narices que sus promotores han intentado vender como programa de rigurosa investigación, cuando en realidad se limitan a recopilar cuatro paridas publicadas en la prensa rosa sobre el protagonista itinerante del relato y a colocarlas una tras otra, de manera a ratos inconexa, en forma de sórdido ¿documental?
-Sabias a lo que venías (La Sexta). Prometía mucho el estreno de Santiago Segura en televisión, pero el espacio que presenta en la cadena de Mediapro ha puesto de manifiesto que la sinvergonzonería y el humor ácido de Torrente no funcionan en la pequeña pantalla tan bien como lo hacen en la grande, porque Segura tiene de showman televisivo, como mucho, las tres últimas letras del anglicismo.
-Alto y claro (Telemadrid), por ser una tertulia añeja, tendenciosa, poco televisiva y demasiado improvisada, presentada por ese homenaje a Joseph Goebbels llamado Curry Valenzuela.
-Cambio Radical (Antena 3). El estreno ‘estrella’ de Antena 3 para esta temporada, importado de EE.UU, no era más que un nuevo modelo de genocidio que estaba en sintonía con los avances de la ciencia, con las leyes internacionales y con el universo chic and cool del siglo XXI. Un programa que, lejos de sus pretensiones, resultaba completamente antiestético, muy a pesar de que estaba dirigido por una presentadora -Teresa Viejo- que probablemente ha pasado por el 'taller' de chapa y pintura en más ocasiones que cualquiera de sus invitadas.
-Canal 7. La emisora de José Frade sólo se nutre de telenovelas, de programas de zapping y de esperpénticos espacios de producción propia realizados en platós de cartón piedra con presupuesto ‘cero’. Una verdadera tomadura de pelo que, a tenor de su ínfima calidad y nula inversión, debe ser hasta rentable, y que también es utilizada de cuando en cuando como arma de propaganda política para dar cabida al ideario del jefe. En fin, una verdadera joya del espectro local, cuyo máximo estandarte se llama Carmen Hornillos.
Un par de premios, por no desmerecer tanto
Mención de calidad para Mujeres, la serie de ficción española que emitió La 2 el otoño pasado y que se fraguó en la factoría Almodóvar. El manchego no participó directamente en la elaboración del guión, pero su universo se convirtió en la fuente de inspiración de este particular retrato de familia. Un tributo a la lucidez inspirado con guasa en Mujeres Desesperadas, a cuyas excelentes actrices les sobraban las risas enlatadas para alcanzar momentos de altísima comedia.
Las Mujeres de Almodóvar se han convertido en lo mejor de la temporada televisiva con el permiso de Callejeros, excelente programa de reportajes de actualidad que emite Cuatro y que, aunque con excesos puntuales, se ha convertido con el paso del tiempo en la mejor forma de demostrar que la televisión de calidad no tiene porque estar reñida con lo comercial.
Por último, nos es obligado otorgar el Premio Especial del Jurado a María Teresa Campos, una mujer que ha logrado hacer realidad el sueño de cualquier trabajador patrio, esto es, cobrar cada día sin trabajar en todo el año.
A todos los que forman parte del universo televisivo, sobre todo a los más torpes, petardos y degenerados, muchísimas gracias por alimentar cada jueves estas crónicas. A todos vosotros, los que las habéis leído, hasta pronto.
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