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Que alguien le haga llegar a Zapatero (y a Rajoy) el último Informe Mensual de La Caixa

@Carlos Sánchez - 16/07/2007

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Desconozco si alguno de ustedes tiene hilo directo con el presidente Zapatero o, al menos, con alguno de sus asesores más próximos. Si es así, no estaría de más hacerle llegar el último Informe Mensual del Servicio de Estudios de La Caixa, y en particular el recuadro que lleva por título ‘Ser pobre en España’. Tampoco estaría de más, por si alguna vez llega a la Moncloa, que una copia de ese mismo documento se lo hagan llegar a Mariano Rajoy.

Comprendo que hablar de pobreza en una España que se sale del mapa y que está a punto de morir de éxito es de mal gusto. Incluso obsceno, como se puso de manifiesto en el reciente Debate sobre el Estado de la Nación. En seguida te cuelgan el sambenito de ‘ahí está el demagogo de turno’. Puede parecer extraño, pero ni la oposición ni el Gobierno dedicaron un solo minuto de su tiempo a ver qué pasaba con ese 19,8% de los españoles que vive por debajo del umbral de la pobreza.

Han leído bien: alrededor de nueve millones de personas son consideradas pobres por las estadísticas oficiales. Ese umbral varía, lógicamente, en función de las características del hogar. Pero el caso más habitual se refiere a un adulto que vive con menos de 6.347 euros al año, toda vez que no llega al 60% de la media de ingresos del país. Se trata, por lo tanto, de una pobreza relativa (en relación a los recursos que disfruta el resto de la población) y no de una pobreza absoluta, que tradicionalmente ha sido el instrumento para medir la circunstancias económicas más difíciles en los países más pobres del planeta. Afortunadamente, ser pobre en España no es lo mismo que serlo en Níger o en cualquier país de Centroamérica.

Vivir en penuria

El hecho de que se trate de una pobreza relativa y no absoluta (vivir con uno o dos dólares al día) puede restar importancia a los índices de medición de la penuria, pero eso sería un error. Sobre todo, si se tiene en cuenta que ese 19,8% de españoles que vive por debajo del umbral de la pobreza es simplemente una media. Porque, si descendemos al detalle, se puede observar que el índice de riesgo de pobreza se eleva al 47% en el caso de los mayores de 65 años; al 36,9% en el caso de un adulto con un hijo; o al 34,1% cuando en el hogar viven dos adultos con tres o más hijos.

Se está hablando, por lo tanto, de un problema real como la vida misma que, lejos de suscitar el más mínimo debate político, está enterrado bajo las siete llaves que guardaban el sepulcro del Cid.

Sin embargo, por si alguien no lo recuerda, tal y como sostiene el informe de La Caixa, “la tasa de riesgo de pobreza en España es de las mayores en la Unión Europea, donde el promedio se situaba en el 16%”. Como es tradicional, los países nórdicos son lo que más han progresado en la cohesión social y en la lucha contra la exclusión, mientras que en Irlanda, Grecia, Portugal e Italia la situación es similar a la de España.

Con todo, lo más preocupante es que el fenómeno de la pobreza es extremadamente persistente. Es difícil escapar de ella. Hasta el punto que una buena parte de los pobres de hoy seguirán siéndolo mañana. Y lo que es todavía peor, sus hijos también seguirán siéndolo ante la evidencia de que vivimos en un país donde el célebre concepto de ‘igualdad de oportunidades’ es, simplemente, papel mojado. Sé que hablar en estos términos es demagógico, populista y hasta decimonónico, pero no estaría de más que alguien hiciera un estudio sobre la endogamia y la escasa movilidad social que existe en España.

Ahora que está abierto el debate sobre la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio, tampoco estaría mal comprobar hasta qué punto la pirámide social se mantiene igual en líneas generales; precisamente, como consecuencia de la erosión y hasta el arrinconamiento continuado de algunos de los instrumentos de redistribución de la renta y la riqueza. En especial, los impuestos directos, que pasan por horas realmente bajas y que son aquellos, como todo el mundo sabe, que gravan en función de la capacidad económica del individuo.

El mérito sucumbe ante la herencia

Debe saberse que, cuando se pide la eliminación del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales o del Impuesto de Sucesiones, lo que en realidad se pretende es que el Estado democrático sea despojado de algunos de los instrumentos más potentes para modular las desigualdades sociales. No basta con crear unas condiciones macroeconómicas óptimas (lo cual está muy bien), sino que además deben articularse instrumentos redistributivos capaces de mitigar las diferencias sociales, lo que no tiene nada que ver con el colectivismo y otras fórmulas de poder ya fracasadas.

Como decía un célebre comunicado suscrito por algunas de las primeras fortunas de EEUU con ocasión del debate que se abrió allí hace algunos años sobre la eliminación del Impuesto sobre el Patrimonio, algo falla en una nación cuando la herencia es más importante que el mérito. “Sería como formar el equipo olímpico para los juegos de 2020 eligiendo a los progenitores de los medallistas del año 2000”, dijeron los Gates, Soros y algún que otro miembro del clan Rockefeller en el célebre manifiesto.

No lo dice un peligroso izquierdista, sino el Servicio de Estudios de La Caixa, nada sospechosa de alentar movimientos alternativos. “De la lectura de varios estudios se desprende que, después de una reducción sustancial en los años 70, la tasa de pobreza relativa en España ha fluctuado alrededor de niveles cercanos al actual”. Es decir, que el gato ha cazado muchos ratones, pero unos se han comido más que otros.

Curioso, muy curioso, que ahora que tanto se habla de la invisibilidad de la mujer, nadie hable de estas cuestiones. Supongo que será porque ya somos ricos y hablar de pobres es de mal gusto.

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Opiniones de los lectores (36)

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36. usuario registrado agarcíaLunes, 16/07/2007, 18:41 h.

Observe el lector que ese maldito porcentaje del 20% de pobreza relativa está ahí desde hace mas de 30 años, inmutable e insensible a los cambios de regimen y gobiernos; que en ésto mas que en nada mustran su continuismo y su conservadurismo común. Y muestran como las reformas de verdad siguen todas tan pendientes como la "revolución joseantoniana".
Y que nadie se consuele conque no es lo mismo ser pobre en España que en Honduras, primero porque no es verdad: cuando la diferencia de acceso a las mieles de la colmena son tan enormes, lo importante es eso la diferencia, no tanto las mieles que para los pobres, en todas partes, son entelequias apenas intuidas. El escalón es el mismo escalón tanto al principio de la escalera como cerca del final; causa de desaliento y cólera y con consecuencias de exclusión y enfermedad social similares.
Pero es que además el escalón crece, y lo hace por un doble camino: 1: el ingreso medio cada vez está mas lejos de la cumbre, por el crecimiento de la desigualdad distributiva; y 2: el nivel de inflacción subyacente que afecta a los servicios y bienes básicos crece mas que el ficticio IPC, y que las rentas a éste indiciadas.
Vamos, como en USA

35. usuario registrado agarcíaLunes, 16/07/2007, 18:29 h.

Observe el lector que ese maldito porcentaje del 20% de pobreza relativa está ahí desde hace mas de 30 años, inmutable e insensible a los cambios de regimen y gobiernos; que en ésto mas que en nada mustran su continuismo y su conservadurismo común. Y muestran como las reformas de verdad siguen todas pendientes, tanto como la "revolución joseantoniana".
Y que nadie se consuele conq

34. VigoleisLunes, 16/07/2007, 18:16 h.

Se ha producido en esa España boyante de la que habla, una transferencia de renta hacia las familias más afortunadas, de suerte, que un ligero movimiento de los tipos de interés puede convertir en premonitorio aquel cartel que rezaba a las afueras de Buenos Aires, “bienvenidos a la pobreza, clase media”. Es penoso que nunca se repare en la clase media; a la denostada clase media sólo le cabe ser el paño que atempere el sentimiento de culpa de estos nuevos ricos socialistas. Cuando hablan de los planes pensiones que antaño recomendaron, las pensiones de la SS resultaban inviables según Solbes, como instrumentos de riqueza y no de bienestar, que habría que promover, no es difícil conmoverse con esa retórica carpetovetónica proferida por unos demagogos que no se aplican su lógica a su devenir cotidiano.

33. usuario registrado gandalfitoLunes, 16/07/2007, 18:09 h.

"algo falla en una nación cuando la herencia es más importante que el mérito"

Tiene razón don Carlos: lo que hay que suprimir es el IRPF y el impuesto de Sociedades, así el mérito será lo importante. ¿Por qué no lo ha propuesto expresamente en su artículo? ¿O es que la consecuencia de su afirmación es demasiado "progresista"?

32. VigoleisLunes, 16/07/2007, 18:07 h.

O que alguien le haga llegar un manual de fiscalidad al plumífero del artículo, pues desde El Capital de Marx se ha escrito mucho en materia económica. En serio, el impuesto del patrimonio (no el de transmisiones patrimoniales como reza en el artículo) y de sucesiones, son una antigualla en tanto en cuanto las fortunas más acaudaladas han desarrollado instrumentos para evadir la imposición fiscal por medio de sociedades, a las que no tienen acceso el resto de los mortales. El caso es que el pagano de siempre, los asalariados, tienen a su nombre las propiedades de que disfruta por lo que también le corresponderá soportar en buena medida el coste de este impuesto. Es tal la demagogia que destila el artículo, que lo dicho, más vale que se lea algún libro de economía más actual.

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