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Brillante realidad

Brillante realidad

Detalle de 'La 43 y Broadway' (2005)

@Elisa Morales - 14/07/2007

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RICHARD ESTES

Exposición de pintura
Lugar: Museo Thyssen-Bornemisza, Paseo del prado, 8. Madrid.
Teléfono: 91 369 01 51.
Horario: de ma. a dom. de 10 a 23h.
Fecha: Hasta el 16 de septiembre.
Entrada: 5 €; reducida 3,5 €
www.museothyssen.org/thyssen

Hace escasas semanas que terminó la impactante exposición de Chuck Close en el Museo Reina Sofía de Madrid. Y decimos impactante porque es inevitable que toda exposición que muestre las señas del fotorrealismo cause este efecto en los espectadores, siempre inevitablemente más proclives a apreciar el arte más figurativo. Pero esa sensación se da no sólo por su aproximación casi fotográfica a la realidad, sino también por el tamaño de los lienzos que estos artistas eligen para sus creaciones.

La exposición que ahora propone el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid es un acercamiento a uno de los fundadores y máximos representantes de esta sensibilidad y a uno de los artistas que desde su planta de entrada muchas veces, seguro, que había llamado nuestra atención gracias a la obra Cabinas telefónicas. No es otro que el norteamericano Richard Estes (Illinois, 1936).

No es ésta sino People's Flowers (1971) la que nos invita a entrar desde el hall a las dos salas que contienen una selección de 38 de sus obras que abarcan su periplo creador desde los sesenta hasta la actualidad. Tal como se recoge en el correctísimo texto que el museo facilita al visitante, la obra de Estes es un juego de reflejos casi inagotable de una realidad tangible que no elude los signos de una época concreta. De esta forma sus imágenes se llenan de antiguos logotipos de Pepsi y de actuales anuncios de discos de Prince o películas como Buscando a Nemo. Pero también es capaz de apartar al lado los rastros de civilización y de figuras humana y deleitarse con los destellos de una pista de hielo o, sobre todo, de las aguas de Staten Island, tema recurrente en varios lienzos aquí recogidos. También sorprende en cuadros más pequeños haciendo protagonista a la imagen reflejada de un lugar concreto de Nueva York, como, por ejemplo, el Flatiron, sobre el capó de un coche. O su mirada a la ciudad vertical a través de los cristales de un autobús urbano, tal como se recoge en dos de sus obras más recientes, Avery Fisher Hall (2003) y Tkts Line (2005).

Igualmente mágico es comprobar cómo la realidad se desdobla y se magnifica infinitamente moviéndose entre su reflejo y su realidad -"¿quizá también sombras cavernario-platónicas?", parece decir Estes- y sorprende en otros cuadros como el realizado sobre una vista desde la barcelonesa Sagrada Familia. Cuadros como éste son testigos de su detallismo y su poder de seducción reproduciendo una realidad de una forma envolvente. Es una sensación que logra gracias a la pequeña curvatura en los finales de sus líneas de fuga y también ayudado por una cuidada composición de los motivos, nunca trasladados desde una sola fotografía al lienzo -como la mayoría de fotorrealistas hacen- sino a través de varias imágenes de las que selecciona lo que más le interesa.

Tal como se recoge en el catálogo realizado para la ocasión, y en el que colaboran los dos comisarios de la muestra Guillermo Solana, conservador jefe de la institución, y Sandro Parmiggiani, el fotorrealismo "se desarrolla a partir de dos tradiciones artísticas: la pintura trompe l'oeil y la técnica meticulosa de superficies delicadamente acabadas de la pintura holandesa del siglo XVII". Y entre los pintores de esta época que más han influido en Estes se encuentra Veermer y su observación detallada de la realidad, pero también la pintura vedutista del XVIII.

Con la decisión de dedicar una monográfica a este pintor, el Thyssen demuestra que no solo de grandes exposiciones de artistas ya fallecidos pero prestigiosísimos vive el museo (vean si no sus últimas muestras: Van Gogh, Sargent, Sorolla, y otras tantas recopilaciones en forma de El retrato en el siglo de Picasso o Vanguardias rusas), sino que también quieren inclinarse a ofrecer su espacio a artistas que todavía siguen creando.

El año pasado acertó de pleno optando por dedicarla a Rauschenberg y éste parece que también con la elección de Estes. Aunque nuevamente le falta una buena contextualización a la muestra (se ve que se quiere apostar por las audioguías), la fuerza de las obras salva en este caso la partida. Y más si se permite al curioso la opción de visitarla hasta muy tarde, gracias a un horario de verano que traslada su cierre a las once de la noche. Todo un acierto.


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