Los bunkers del subsuelo berlinés permiten un reencuentro con el pasado de la población
Úrsula Junglewitz (Efe). Berlín (Alemania).- - 11/07/2007 14:02h

El subsuelo berlinés permite un reencuentro con el pasado a través de los búnkers que sirvieron de refugio a la población durante la Segunda Guerra Mundial. El 80% del centro de Berlín quedó devastado por los bombardeos aliados y sobrevivieron aquellas personas que pasaron días y noches en alguno de los casi mil refugios antiaéreos, con la incertidumbre de si volverían a encontrar en pie sus hogares una vez que dejaran de sonar las sirenas.
"Hacia el final de la guerra muchas personas se hacinaban aquí durante días, aunque las instalaciones estaban pensadas para bombardeos de un par de horas como mucho", explica Sascha Keil, uno de los miembros de la Asociación "Mundos subterráneos de Berlín", que organiza recorridos por el subsuelo de la ciudad. Los integrantes de esa asociación exploran y documentan desde hace diez años algunos de los casi cien refugios que no fueron dinamitados después de la guerra por las fuerzas aliadas.
No todos estaban autorizados a entrar en estos recintos, como los judíos o esclavos del Tercer Reich, y aquellos que tenían acceso sólo podían hacerlo con una maleta con algo de ropa interior, víveres y documentos personales. Una de estas construcciones se sitúa bajo la estación de metro de Gesundbrunnen, en el norte de Berlín, donde fue fortificada la cantina de los trabajadores para que sirviera de refugio antiaéreo.
"Con todo engañaron a la población", explica Keil a los visitantes, "porque esta construcción jamás hubiera aguantado una bomba de 250 kilogramos, como las que cayeron por la zona". No obstante, los 1.400 metros cuadrados de pasillos de hormigón, cuartos, escaleras y letrinas, que hoy día albergan utensilios, literas y fotografías que documentan aquellos días, dan no sólo sensación de solidez sino también idea de la organización germana.
El número pintado en la pared, que indica la capacidad de cada recinto en este intrincado laberinto, aparece retocado con otra cifra encima, y es que al final de la guerra "llegaron a amontonarse aquí entre 4.000 y 5.000 personas, no las 500 para las que se construyó en un principio", prosigue Keil. Sin embargo, los acólitos del régimen de Hitler contaban con sus refugios particulares, como el del propio Führer, situado en las cercanías de la Puerta de Brandeburgo.
Mientras la Armada Roja y el Ejército de Hitler combatían cuerpo a cuerpo en la superficie, en el interior de los refugios miles de personas peleaban por el oxígeno que entraba a través de los respiraderos del metro. "Las condiciones higiénicas al final de la guerra eran imposibles", apunta Keil y explica que "el problema no era el frío, sino el calor en un lugar herméticamente cerrado".
El 27 de abril de 1945, "bombardeos intensos". 28 de abril "destruyen nuestro hogar". 3 de mayo, "salimos". 8 de mayo, "Alemania capitula", son algunas de las anotaciones que Dora Pötting hizo en su agenda, guardada en el Museo de los Mundos Subterráneos de Berlín, que recibe al año unos 100.000 visitantes. En ese espacio se conservan muchos documentos personales que, entre literas, maletas, máscaras de gas y escombros, reconstruyen aquellos días.
También se recuerda que después de la guerra, los supervivientes, principalmente mujeres, salieron a la superficie y tuvieron que retirar de las calles 70 millones de metros cúbicos de escombros. "Cada distrito berlinés tuvo que hacerse cargo de parte de las ruinas", relata el guía para recordar que parques y edificaciones de la ciudad esconden los escombros de la guerra.
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