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TRIBUNA

Ferrán, y cierra España, en la Documenta de Kassel

Ferrán Adrià

Antonio Bernabéu - 03/07/2007

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España, como gran referente universal, se deprime a ojos vista. Primero, Samaranch, por razones de edad, tuvo que abandonar el COI. Luego, Solana, llamado a interpretar las políticas exteriores de Europa, vio degradada su función a la de un caballero del Sepulcro con trato de Excelencia. Y ahora Rodrigo Rato deja su puesto del Fondo Monetario para dedicarse a una empresa descomunal e ingrata: hablar con la familia.

Para colmo, Fernando Alonso, el chico de los coches, tras una agotadora semana laboral -en la que vende relojes y telefonía, además de trabajar para un Banco- llega mermado a la Fórmula 1 y nunca pilla a Hamilton. Menos mal que el mantel de Ferrán Adrià, en la Documenta de Kassel, se convierte en bandera de nuestro orgullo patrio.

Hace apenas tres años pasamos un momento de angustia, cuando falleció Derrida, aquel filósofo de la deconstrucción y de la diferencia que tantas iluminaciones inspiraba a Adrià. Murió, mas no hubo nada. Porque Ferrán siguió con su impulso de siempre, manejando los grumos y ordenando migajas, para arrastrarlos a los vértigos del milagro, donde se opera la transubstanciación.

Algo que no alcanzaba nunca Derrida, con sólo la herramienta del lenguaje, lo consiguió Ferrán al adelgazar las espumas, al poder resumirlas en un sutil aliento de color zanahoria. Ciertamente, el francés fue un pensador bienquisto por los americanos, pero The New York Times reservó su portada al catalán. Fue la genuflexión del Kellogg frente a la butifarra.

El gran mago de El Bulli supo advertir a tiempo que la naturaleza requiere un complemento, ya que sufre una serie de carencias que le impiden fijar su identidad de una vez para siempre. Así, dejó de oír las antiguas recetas, sin curvas de sonido, para adherirse a los ondulantes procesos del conocimiento, a los juegos de espejos, a las entrecruzadas luces y a las sombras inversas, y arrancarles conceptos como aquel de la esferificación o bajar a la sima donde viene a ocultarse la propia momiedad del salmonete. Una retórica brillante, cuajada de abalorios, que le ayudó a alumbrar, entre otras criaturas, unos raros caviares de melón y manzana.

Entre aquellas personas que, además de contar, usan para comer los dedos de la mano no existe duda alguna de que Adrià es un genio. Lo malo de este asunto resulta, como siempre, los jodidos epígonos. Y la culpa la tiene el gran Napoleón, quien, mucho antes de llegar a invadir Rusia en invierno, había cometido otro error semejante: el ‘efecto llamada’.

Porque recordarán aquella demagogia de que todo soldado de la Grande Armèe llevaba en su mochila un imposible bastón de mariscal. Lo dijo en mala hora, porque, en estos momentos, son ya legión los cocineros del postadrianismo que desfilan con la estrella del genio sobre el culo y el sifón de la espuma bajo el brazo. Apenas puede el mundo con tanta carga de talento, con tantas texturas y crujientes, con tantas gelatinas, con tantas estremecidas tiritonas en el viaje de lo frío a lo ardiente.

Toda esta tropa acabará con los guisos de madre, la puntilla del huevo, el delicado meteorismo que produce el garbanzo y el retrogusto flatulento que encierra la lenteja. Un cocinar de siglos, sin vacilaciones. Vieja magia sin brujas, vieja sabiduría sin hipnosis que se resume en el vals del paladar, como quería aquel cubano gordo; me refiero, obviamente, al gran Lezama Lima.

Por lo demás, quien quiera hacer literatura puede presentarse al Planeta. Quien quiera introducir el factor intelectual en la mesa debe atenerse al vino y, sobre todo, consultar a Peñín. Pero respeten, por favor, a las madres y no las deconstruyan aprovechando las ventajas que ofrece la paridad vigente.

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Opiniones de los lectores (2)

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2. nopistoMartes, 03/07/2007, 08:52 h.

Ahora resulta que Adrià se ha cargado la cocina de las madres. Vaya chorrada de comentario. Esa cocina se la han cargado los españolitos de a pié con los platos precocinados y su pasión por las pizzas. Que fácil es criticar lo que ni se conoce ni se comprende.

1. sitoMartes, 03/07/2007, 08:12 h.

Mi "gran duda" de este articulo es ,si su autor,ha querido rendir un "gran" homenaje a la desconstruccion o si realmente,el articulo se le fue de madre y resulta,por tanto un autentico "peñazo" de lo inmateria,gaseoso y etereo.Se refiere a la Documenta de Kassel y se la pasa,autenticamente,por la entrepierna sin explicar,¿donde esta Kassel?¿que papel juega la Documenta en la cultura moderna? y SOBRETODO,en que consiste la documenta de Kassel.Que el Confidencia no tenga un minimo libro de estilo,no deberia se pie para publicar estos "descontruidos bodrios que se quieren parecer a un articulo sobre algo".Gracias

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