DOS PALABRAS
Zapatero en estado de shock
@Federico Quevedo - 29/06/2007
El pasado fin de semana, al término de la última cumbre europea de Bruselas, al llegar a Madrid el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, manifestó a los suyos que estaba muy cansado, extraordinariamente cansado, y que en las horas y días siguientes se mantendría al margen de toda actividad. No es la primera vez que Rodríguez manifiesta fatiga después de una o varias jornadas algo más intensas de lo habitual. Le ha ocurrido tras largos debates parlamentarios, e incluso eso le ha llevado a cancelar viajes al extranjero y suspender citas importantes. Es mucha, cada vez más, la gente que dice que el traje de presidente le viene grande, que le sobra manga y bajos por los cuatro costados y que de hombros le está enorme. Eso tiene ya poco arreglo, aunque lo cierto es que antes de que ganara las elecciones tampoco en su partido le tenían por un hombre hecho para el cargo al que aspiraba. La evidencia de este aserto está en la manera en que Rodríguez está reaccionando a los perores momentos de su trayectoria política. El hecho de que ni siquiera la muerte en atentado terrorista de seis soldados españoles en el Líbano le sacara de su letargo ofrece una buena medida de su verdadero talante.
Es en situaciones como ésta donde los políticos se forjan y ofrecen la verdadera medida de sí mismos, y Rodríguez ha demostrado ser un político mediocre. Yo no voy a entrar en el debate de si debía haber concedido a los muertos en ese atentado un distintivo u otro, porque saben ustedes perfectamente lo que pienso sobre eso y sobre la misión de nuestras tropas en esta guerra contra el terrorismo islamista, por mucho que quieran ocultárnoslo. Pero es en gestos como éste donde un político demuestra el verdadero alcance de su grandeza como ser humano, y en el caso de Rodríguez deja mucho que desear. Ahora sabemos que Rodríguez es un político sin talante, mediocre y moralmente escaso. Y sabemos, además, que cuando se le acumulan los problemas aparece como un boxeador al que acaban de noquear por K.O. No es capaz de enfrentarse a las situaciones de crisis, le superan, y eso se trasluce en la manera en que afronta los debates parlamentarios y en su propia reacción ante esas situaciones. Y la verdad es que, a unos pocos meses de que esta legislatura llegue a su fin oficial –al oficioso llegó hace tiempo-, cuando Rodríguez se baja del coche para cruzar la puerta del Hemiciclo parece un fantasma de sí mismo.
La razón última no es otra que el propio agotamiento de su proyecto político, que ha naufragado sin contemplaciones a las puertas de sus segundas elecciones generales. Son muchos, dentro de su propia órbita ideológica, los que reconocen que Rodríguez ha dilapidado el caudal de esperanza que en él deposito una parte importante de la sociedad, dolida por una segunda mitad de la segunda legislatura de José María Aznar que abrió un abismo entre el PP y los ciudadanos. Rodríguez Zapatero lo tenía todo para haber llevado a cabo un proyecto de futuro que hiciera muy difícil al centro-derecha volver al gobierno en una larga temporada. Y, sin embargo, movido sin duda por un absurdo resentimiento y por un conglomerado ideológico de muy distinta procedencia que ha convertido esta legislatura en una permanente contradicción, se ha enfrascado en un proyecto político cuya mayor ambición ha sido aislar al centro-derecha, y para eso no ha dudado en remover toda la estructura político-jurídica que desde la transición daba estabilidad al sistema –con sus enormes errores-, bajo la premisa falsa de que era una herencia del franquismo.
Pues bien, ese proyecto político ha fracasado estrepitosamente, y lo ha hecho por una razón muy simple, muy sencilla y fácil de entender, y que no es otra que la de que todo ese proyecto político se cimentaba en una sucesión de mentiras, a cada cual más elaborada y compleja, pero mentiras en suma, que se descubren con toda su crudeza cuando, por ejemplo, seis de nuestros soldado en misión de paz en el Líbano mueren en una acción de guerra. Cuando este próximo martes el presidente del Gobierno suba a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados a pronunciar su último discurso del Debate sobre el estado de la Nación antes de las elecciones generales, el balance que podrá hacer de esta legislatura será muy pobre. Lógicamente se agarrará a los datos económicos y a alguna que otra medida de tipo social como la Ley de Igualdad, pero poco más puede ofrecer como resultado de su gestión. Su proyecto de modelo territorial ha acabado fracturando los principios de solidaridad e igualdad en los que se fundamentaba el Estado de las Autonomías. La recuperación de la memoria histórica solo ha servido para profundizar en los motivos de división y enfrentamiento entre los españoles. Y la negociación con la banda terrorista ETA ha otorgado importantes ventajas a los terroristas y, a cambio, los demócratas hemos perdido trascendentales batallas que hoy nos hacen más débiles frente al terror.
La semana que viene veremos cómo ese bloque monolítico que hasta hace pocas fechas respaldaba la gestión de Rodríguez Zapatero se ha resquebrajado y presenta importantes fracturas, tan importantes como las que ofrece una sociedad que hasta que llegó Rodríguez al Gobierno caminaba en una misma dirección, y que ahora lo hace por caminos diferentes en direcciones distintas y mirando de reojo con absoluta desconfianza. Ese es, sin duda, el mayor reproche que puede hacérsele a Rodríguez Zapatero, por encima, fíjense, de sus cesiones a ETA o de no haber sabido responder a los grandes retos a los que se enfrentaba nuestro país, hoy convertido de nuevo en una nación de segunda fila. Por encima de todo eso, Rodríguez ha dividido a los españoles en buenos y malos, lo ha hecho en todos y cada uno de los ámbitos en los que la actuación del Ejecutivo ha tenido una influencia social indudable y pretendida. Y habiendo conseguido ese mérito tan poco presumible, sin embargo, ha fracasado en el grueso de sus objetivos, y este próximo martes, se enfrenta a su propio fracaso consciente –supongo, y si no peor para el- de que de aquí al final de la legislatura las cosas lo único que pueden hacer es empeorar.
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Opiniones de los lectores (75)
75.
V. HUGO29/06/2007, 18:59 h.
Si, lleva en estado de Shock desde el día que vino al mundo.
74. olaf-o29/06/2007, 18:50 h.
Rodriguez ZP es un VAGO y lo que es peor es un vago prisionero de su enérgica esposa, la soprano, que lo quiere tener en Moncloa a comer y a cenar. Es como esos trabajadores que no hacen ni un minuto más de su jornada laboral, aunque se la paguen a precio de oro, porque su cuerpo aguanta justo el calendario laboral del convenio y no da para más. Lo que no se puede aceptar es que todo un PRESIDENTE de la octava potencia mundial sea un VAGO que no llega ni a las 35 horas semanales. ¡¡¡VAYASE SR. RODRIGUEZ!!!
73. Milola29/06/2007, 18:46 h.
Virtudes: Totalmente de acuerdo: las referencias al Moviemiento Vasco de Liberación tuvieron que estar pactadas. A nadie se le hubiera ocurrido llamarlo de ese modo, menos al que estuvo a punto de morir a manos de ese grupo de asesinos. Reconociendo el hecho vergonzoso de no llamar a los asesinos por su nombre estarás conmigo que decir que los asesinos son hombres de paz ¡roza la falta de raciocinio total!. Sin querer comentar la legislatura que ahora termina, me parece que habrás de reconocer que no es la primera vez que reconoce y recoloca su agenda por estar cansado. Se supo cuando canceló una reunión bilateral con Polonia, lo que no sabemos es si pasó más veces antes. Hay veces en las que salgo de la empresa después de 10 horas de trabajo, y al día siguiente entro a las 9 igual.
72. pero mal29/06/2007, 18:39 h.
monomaco. Tienes razón, va ha terminar Muy Mal. Si no hay un claro ganador en las próximas elecciones, no se, no se...
71. JURISTA KESUNO29/06/2007, 18:15 h.
Tirano, esperemos a leer la sentencia y si ella da lugar a recurrir al TC.
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