TEATRO
Juego de mentiras
@María José S. Mayo - 23/06/2007
MADRUGADA DE COBARDES

Director y autor: José Cabanach.
Intérpretes: María Juan Carlos Naya y Ángel Solo.
Lugar: Teatro Fígaro. Doctor Cortezo, 5. Madrid.
Teléfono: 91 360 08 29 y 902 400 222.
Fecha: Hasta el 31 de julio.
Horario: Martes a viernes, 20.30h; sábados a las 19 y 22h; dom. a las 19h.
Precio: 10 €.
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Por espacio de una hora y media el teatro se convierte en una cámara acorazada de un banco en la que se introducen dos personajes: un ladrón y un agente de seguridad. El primero no se sabe muy bien qué busca, y el segundo parece tener una misión más clara: cumplir con la ley. Pero como en todo juego de gato y ratón, los papeles se pueden intercambiar y lo que en un principio parece una cosa, finalmente se convierte en otra. Como en esa magnífica cinta de Mankiewicz, La huella, en la que resulta inevitable pensar cuando se contempla a estos dos personajes jugando sus cartas, haciendo demostraciones de poder, cambiando su rostro y desvelando sus intenciones solo pasado cierto tiempo. Un mano a mano que pone a prueba la valía de un actor.
Juan Carlos Naya, intérprete con una larga carrera a sus espaldas y reclamo publicitario de la obra, es un ladrón de guante blanco que convence cuando se exaspera y reacciona a la violencia de su oponente, pero resulta monocorde en todo ese discurso inicial acerca del control, acerca de los males de una sociedad contenidos en esas cajas secretas que sucesivamente irá abriendo. Una media hora en la que su posición "por encima del bien y del mal", como le describe el de seguridad, termina cansando. A su vez, Ángel Solo resulta en algunos de esos repentinos momentos de cambio de humor bastante pasado de rosca. Pero por lo que ambos son reiterativos es por esa insistencia en utilizar elementos como la palmada y ciertos gestos que pierden de esta forma el efecto que debían causar.
Pero todo esto es algo de lo que tiene gran culpa un texto que es del propio director, José Cabanach. Sus diálogos llegan a ser redundantes, poco realistas y llenos de lugares comunes. A pesar del esfuerzo invertido en un espacio escénico detallista, se echa en falta un mejor aprovechamiento de los recursos escénicos, como los cambios de posición o la iluminación. Por eso, al final, y a pesar de alguna de las sorpresas que nos depara la última media hora, este montaje resulta muy irregular y con poco brillo.
En cartel en Madrid:
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