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Lo que las secretarias opinan de sus jefes

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@Esteban Hernández - 20/06/2007

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Lo que las secretarias opinan de sus jefes
 

Los principales defectos de los jefes españoles son: no escuchar, no saber delegar, ser demasiado autoritarios, carecer de confianza en sus equipos, actuar de un modo prepotente y resultar en exceso desorganizados. Esas son, al menos, las carencias que les encuentran las asistentes personales según el Primer Estudio de la Evolución de las Relaciones Jefe- Secretaria, llevado a cabo por Secretariaplus.com.

Pero este catálogo de personalidades problemáticas descrito por las asistentes no es sólo un retrato de los ejecutivos; también es la prueba de que algo está cambiando en el mundo de la empresa. Los subordinados cada vez valoran más el buen ambiente como factor decisivo para permanecer o no en una firma. Según Elena Gómez, Presidenta de Secretariaplus, “el jefe prepotente tiene que dejar de serlo o si no la gente con talento se le marchará. Una de las cosas en que más se repara para decidirse por una u otra empresa es tener un jefe con el que puedas trabajar a gusto. Hoy importa algo más que el sueldo. Hay que tener en cuenta que los organigramas se están aplanando porque cualquiera, hasta el último becario de la empresa, puede enviar un email al presidente. Ya no tiene sentido esa estructura tan jerárquica del pasado”. Y, sin embargo, en muchas firmas se persigue un ambiente tenso, ya que se piensa que eso garantiza mayor presión y, por tanto, mejores resultados. “Al final -asegura Elena Gómez- eso no dura. La empresa que tiene un ambiente horroroso puede conseguir buenos resultados un año, pero a medio plazo eso no funciona”.

Por eso, según Elena Gómez, la situación no es tan negativa: los jefes son cada vez más receptivos al mensaje. “Hemos lanzado un premio al mejor directivo al que sólo las secretarias pueden presentar candidatos. Empezamos con la iniciativa hace dos meses y ya hay 1.500 directivos inscritos. Eso quiere decir que muchas asistentes no tienen suerte con sus jefes, pero que también los hay con sentido del humor, que cuando hay un triunfo lo comparten y con los que te gusta ir a trabajar cada día”.

Claro que no siempre funciona así. En muchas ocasiones se pagan los malos momentos o los reveses profesionales con la secretaria. “Porque una asistente personal es como si formara parte de la familia. Y ese es también parte del problema. Porque cuando las cosas van mal se suele pagar con quien se tiene más cerca, del mismo modo que cuando alguien tiene un mal día y llega a casa malhumorado suele repercutir en su familia. Por desgracia, cuando hay un triunfo, no se suele compartir del mismo modo”.

De eso también habla ¡Me tiene harta!, de Katharina Münk (Ed. Gestión 2000), un libro que se presentó junto con el estudio y que narra, bajo seudónimo, las diferentes experiencias profesionales de una secretaria de alta dirección alemana. En realidad, dibuja un retrato muy negativo de los ejecutivos, ya sea por su desmedida ambición, por su estupidez, por su exagerada necesidad de reconocimiento o simplemente por la continuada sobrestimación de sí mismos. El libro recoge un conjunto de divertidas (o sonrojantes) anécdotas que cuentan desde la absoluta falta de higiene de algunos ejecutivos hasta sus más disparatados caprichos. Así, la asistente debía asegurarse de que el hotel donde se alojaría su jefe tenía canal porno, debía resolver la situación cuando la mujer de su superior no sabía abrir el garaje de su casa o debía ayudar a decorar el hogar de uno de ellos en Navidad. ¡Me tiene harta! ha sido un éxito de ventas en Alemania, lo que hace pensar que mucha gente se reconoce en ese tipo de situaciones.

Un matrimonio bien avenido

Según Elena Gómez, aquí las cosas son diferentes. “Es cierto que el libro es demoledor contra los directivos, (su título original es Mañana me lo cargo) pero también es verdad que en nuestro caso podemos decir que hay de todo. Hay muchas secretarias que se sienten así y otras que llevan muchos años con su jefe y que se complementan perfectamente, como si fueran una especie de matrimonio bien avenido. De hecho, hay ejecutivos que se reconocen perdidos sin ellas. No hace mucho, un muy importante directivo me reconocía que si un día su secretaria falta al trabajo él se siente fuera de juego, pero que si un día él no va a la oficina no pasa nada”.

Según el estudio, el defecto que más achacan las secretarias a sus jefes es que no escuchan. Pero, en opinión de Elena Gómez, el problema se agrava porque “las secretarias tienen mucho miedo a decir a su jefe lo que piensan. Es cierto que estar en una posición inferior dificulta la comunicación, pero es necesario hablar, decir las cosas. El temor a expresarse claramente es algo que debe desaparecer”. Entre las causas más habituales de esta falta de comunicación aparece “la personalidad de las secretarias, a quienes les gusta estar a la sombra, tener poder pero en segundo plano, sin destacar demasiado”. En otro sentido, “quizá los estudios de secretariado, donde les enseñan a ser demasiado respetuosas, puedan influir”. Pero, en todo caso, “siempre les insistimos que tienen que hablar las cosas, aun cuando lo hagan con muchísima educación”.

Pero, claro está, si hay un asunto donde el descontento es mayoritario es en el sueldo. “Las secretarias trabajan las mismas horas o más que sus jefes, por ellas pasa mucho información, realizan tareas de todo tipo y sin embargo, la retribución no va a la par de las responsabilidades. Hay una gran diferencia entre lo que se les exige y lo que se les paga”. Quizá por ello, entre es una profesión “donde la mitad están solteras. Y de las 100.000 secretarias inscritas en el portal, sólo una tercera parte tienen hijos”.

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