AL GRANO
Domingo de transistores para el final de la Liga y un torero laico
@Antonio Casado - 18/06/2007
Mientras suenan los clarines de un inminente atentado mortal de ETA, sobre fondo de la España que se rompe y un Gobierno que se rinde a los terroristas, los españoles hablan de "la liga de los últimos minutos", el celebradísimo y triunfal retorno de José Tomás a los ruedos y el mal paso -se le escapó el triunfo- de Fernando Alonso por el circuito de Indianápolis. Los transistores y el mando a distancia reinaron el pasado fin de semana a mayor gloria de una sociedad que, afortunadamente, marca su propio paso. No el de unos esforzados creadores de climas artificiales con franquicia política.
Fútbol y toros, las dos expresiones más genuinas de nuestro paisanaje en formato lúdico compitieron ventajosamente este fin de semana, y aún compiten, con la constitución de los nuevos ayuntamientos y la guerra civil de los palestinos. El viejo "pan y circo" de Juvenal ("Panem et circenses"), con la muy probable complacencia de Rodríguez Zapatero y su gente. Pero sin la intervención directa de los actuales titulares del poder, como ocurría en la época romana, cuando los emperadores regalaban trigo y entradas para el circo como una forma de mantener al pueblo alejado de la política.
No es el caso porque ya no hace falta. Al circo con nuestro pan. Véase el espectáculo de la reventa en vísperas de la corrida de toros, celebrada ayer tarde en Barcelona. Demasiada gente que no ha reparado en gastos para recrearse en el arte de José Tomás, con el aliciente suplementario de compartir el corte de mangas al nacionalismo catalán y legiones antitaurinas, por parte de un torero laico, madrileño y poco sociable, en su vuelta a los ruedos después de un misterioso paréntesis de cinco años.
"Vendo oso de peluche y regalo dos tendidos de sombra para ver a José Tomás", ha sido la plantilla utilizada en Internet. Porque, como es bien sabido, la reventa especulativa de entradas para un espectáculo publico, de precios fijos, claro, está prohibida pero nadie puede impedir la compra de un oso de peluche por 2.000 euros con regalo incluido del vendedor agradecido.
En la banda sonora de este domingo estaba también el final de la Liga de Fútbol. Habría que remontarse a 1984 para encontrar un precedente similar, con tres equipos pendientes de ser campeones y otros cuatro expuestos a perder la categoría -Celta y Real Sociedad la pifiaron, por cierto-, en función de los resultados de la última jornada. La de ayer, cuando esa España que no es de Zapatero ni de Rajoy, ni falta que le hace, estuvo pendiente de lo que ocurría en los campos de fútbol, después de haber vivido en directo o en diferido el triunfo de José Tomás en Barcelona. Los mismos españoles, en un alto porcentaje, que gritan "¡olé¡" para corear el juego de su equipo y desde el tendido siguen la marcha de la jornada futbolística con un transistor pegado a la oreja.
Entre felicitar al Real Madrid por su trabajada conquista de la Liga 2006-07 o hacer quinielas sobre el próximo zarpazo de ETA no hay color. Millones de españoles encontraron este fin de semana en el fútbol y los toros un saludable pretexto para ignorar el discurso de los agoreros que nos amargan la vida. Que dure.
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