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Sarkozy, la moral del capitalismo y los abusos de los salteadores de caminos

Nicolas Sarkozy

@Jesús Cacho - 14/06/2007

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Nicolas Sarkozy abrió la caja de los truenos contra lo que llama ‘capitalismo especulativo’ en su discurso del 29 de abril pasado, pronunciado en Bercy. Criticando con dureza el sistema de valores que, como herencia de Mayo del 68, ha hecho de la francesa una sociedad reacia a la cultura del esfuerzo y el mérito, Sarko afirmó que “han sido precisamente los valores de Mayo del 68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación. El cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo, ha preparado el terreno para el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para esas indemnizaciones millonarias de los grandes directivos, esos retiros blindados, esos abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador”.

Un cuadro tan aterrador como realista, del que aquí tenemos exceso de copias. Visto desde el sur de los Pirineos, la proclama del nuevo presidente galo podía haberse quedado en simple verborrea electoral que se archiva en cuanto se guardan las urnas. Pues no. Parece que no. Todo hace pensar que el locuaz Sarko está dispuesto a poner manos a la obra y legislar al respecto, poniendo orden en los contratos blindados de esos grandes ejecutivos que, incluso cuando arruinan a sus empresas, se van a casa con indemnizaciones millonarias de imposible justificación.

De acuerdo con la ‘teoría del mérito’ que Sarkozy quiere volver a poner en circulación en la vida pública francesa, sólo donde haya resultados podrá haber premio, prima, bonus. “Se trata de poner fin a prácticas que son percibidas como enriquecimiento injustificado, en casos en los que incluso las empresas están teniendo pérdidas”, ha asegurado el nuevo ministro de Economía, Jean-Louis Borloo, que ha recibido el encargo de legislar al respecto, de modo que las empresas se obliguen “a subordinar el pago de remuneraciones diferidas a ciertas condiciones relacionadas con los resultados conseguidos, fijados previamente y valorados por el consejo de administración en el momento del pago”.

En cuanto a las famosas ‘opciones sobre acciones’ –las últimas aprobadas por estos pagos, ayer mismo, las de Abertis-, en teoría destinadas a incentivar a los ejecutivos, pero convertidas a menudo en simple mecanismo de enriquecimiento a costa de los fondos societarios, el Ejecutivo galo prevé prohibir la posibilidad de concederles exenciones fiscales, haciendo obligatoria, además, la consulta al comité de empresa.

En La batalla por el alma del capitalismo, de reciente aparición en España (Editorial Marcial Pons), John Bogle atribuye buena parte de los excesos del capitalismo moderno al imparable poder adquirido en la cabecera de las empresas por la casta de los gestores, quienes, en contra de los propietarios, utilizan su posición como vía de enriquecimiento personal, de espaldas al deber de administrarlas en beneficio de sus accionistas, es decir, de la propiedad del capital.

Evidentemente se trata de un tema sobre el que es fácil hacer demagogia. El capitalista invierte su dinero donde cree que va a obtener mayores beneficios, en un proceso que podríamos definir como “especulativo” en el sentido más noble del término. Premiar las iniciativas exitosas es la idea básica del capitalismo, como bien definió Schumpeter. El potencial inversor espera conseguir ganancias si acierta con su inversión, y se arriesga a perder su dinero si fracasa. Y en este proceso no cabe el patriotismo ni los sentimientos. En el capitalismo uno comete un delito cuando incumple un contrato o viola una ley, no cuando especula.

Pero la idea básica del capitalismo moderno es que el ejercicio de ese libre albedrío que implica apostar y aceptar el riesgo está sometido a estrictas reglas, en forma de una adecuada legislación y unos organismos reguladores que vigilan su cumplimiento y castigan al infractor. Y es esto, algo tan elemental como esto, lo que lamentablemente viene fallando en España, y cada día que pasa con mayor descaro incluso, conforme se consolida la pérdida de independencia y prestigio, si alguno tuvieron algún día, de los organismos de regulación.

En un país como el nuestro, donde la práctica totalidad de las empresas del Ibex cuentan en sus estatutos con blindajes destinados a salvar el culo de sus máximos directivos, cuando esos directivos se asignan parachutes millonarios en caso de jubilación o despido, cuando esos mismos directivos llevan la cotización de sus empresas hasta el infinito moviendo cuatro acciones, cuando no hay operación de importancia que no haga rica a media parentela a base de información confidencial, cuando todo eso ocurre, y ocurre en España, hablar de salvar el alma del capitalismo, cosa que preocupa a tanto estudioso yanqui, o de regenerar el capitalismo, de que habla Sarkozy, suena a música celestial. El problema del capitalismo español es bastante más sencillo o, si lo prefieren, más primario: se trata de democratizar nuestro capitalismo, de meterlo en vereda, como parte esencial de la democratización que está reclamando a gritos el propio Sistema.

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Opiniones de los lectores (31)

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31. proletarioJueves, 15/06/2007, 19:36 h.

Santa verdad la que dice: el Capital es irreformable ontológicamente hablando. En la medida en que se encuentra en su "fase superior" que sólo dá muestras de su decadencia natural; es decir Sarkozy en la medida en que es un chico del Sistema y se ve que es honesto consigo mismo hara lo que este en sus manos. No podemos comparar con la situación española, ellos son los herederos de la Revolución Francesa; nosotros los, españoles aún seguimos purgando los 40 años de una dictadura fascista. Somos el país del esperpento y la picaresca "Come To Sevilla"(1992). Nunca los dirigentes políticos y mucho menos "los naranjeros y jugadores de golf" han tenido sentido del devenir histórico. Nuestros iconos de la generación del 57: Roldan, R. Vera; Rumasa, ahora los Pocero, Portillo, Terra Mítica...

30. Vicente TorresJueves, 15/06/2007, 16:28 h.

Hemos visto a tantos y tan importantes valores caer estrepitosamente, sin que las caídas pudieran ser vislumbradas previamente más que por unos cuantos, que no es descabellado pensar que algo falla. http://xpuntodevista.blogspot.com

29. MarcialiniJueves, 15/06/2007, 13:26 h.

Sr.Cacho,me abuelo decia hace muchos años que paraque el capitalismo tuviera continuidad deberia haber empresarios, no especuladores y aquí en España no hay empresarios todos estan y crean sus negocios a la sombra del gobiernoo de turno,y si es posible con dinero robado,influencias monarquicas,o traficando con sustancias prohibidas.En cuanto a Sr. Piazarro lo primero que hizo cuando la Opa fue sin que lo supiera nadie comprar 100 millones de la antiguas pesetas en Endesa, y luego paso la palabra a ciertos periodistas delMundo,la Cope,la Razon,politi cos delP.P yPSOE,ese es el Sr.Pizarro y más que se puede contar y algun día veras como va a salir.Este pais es para tener la bara siempre levanatada y al que se mueva darle,la degeracion es ya total en todos los sectores de la vida;seguir asi

28. El Capitán TruenoJueves, 14/06/2007, 18:53 h.

Sr. Cacho: antes de citar usted a D. Nicolas Sarkozy, debiera tener en cuenta la magnífica conferencia pronunciada por D. Alfredo Sáenz hace unos días titulada “La ética en la relación con los clientes”. Después de combatir con saña las normas conocidas por Basilea 2, el orador soltaba esta perla: “El mercado es mucho mejor garante de la protección de los usuarios que la normativa, porque siempre pone a cada uno en su lugar”. Pues bien, la Fiscalía de Barcelona, empeñada en seguir empleando "la normativa", acaba de solicitar la pena de nueve años de prisión para el señor Sr. Sáenz Abad por una querella criminal contra cuatro clientes de Banesto por unas inexistentes infracciones penales de carácter económico.

27. laraJueves, 14/06/2007, 18:39 h.

J&L 25.- De acuerdo totalmente en que la comparación es poco acertada. También dudo que el argumentario de Sarkozy imputando a ese Mayo del 68 todas las responsabilidades, sea totalmente cierto. Es verdad que la falsa ética de la izquierda fomenta la corrupción, pero lo que excita al bandidaje es más bien el beneficio fácil que a todos hace relajarse.
El bienestar, en desarrollo libre durante los últimos quince años, ha conformado una sociedad permisiva y, en consecuencia, una delincuencia de guante blanco que no tiene resistencia.
Me temo que Sarkozy no va a poder hacer otra cosa que quitar los beneficios fiscales a los instrumentos que tenían por objetivo fomentar la gestión más eficaz, pero no esperemos que con esas medidas se frene la generación de ingenierías alternativas.
El rearme moral de una sociedad no se logra prohibiendo los blindajes de los directivos. Se puede intentar que el rearme se consolide desde abajo, desde la base, y que frente a esa nueva sociedad no sea posible la indecencia.
Los Reguladores deben defender a los accionistas, pero la sociedad es algo más amplio que la BOLSA.

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