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Pregunta a los radicales cómo gestionar tu empresa

escuelas de negocios

@Esteban Hernández.- - 13/06/2007

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Pregunta a los radicales cómo gestionar tu empresa
 

En apariencia, las escuelas de negocios son lugares donde expertos empresariales, miembros de consejos de administración y ejecutivos de conocimientos consolidados enseñan a sus estudiantes cómo gestionar una empresa, con independencia del sector en que ésta vaya a desenvolverse. Pero también son, en ocasiones, “un nido de sindicalistas revolucionarios”. De eso nos habla Vigilar y organizar, una introducción a los Critical Management Studies, de Carlos J. Fernández Rodríguez (ed. Siglo XXI), un repaso a esas nuevas tendencias en los estudios de la gestión empresarial que enfocan los asuntos desde perspectivas diferentes y casi siempre políticamente comprometida.

La primera pregunta sería, pues, por qué las escuelas de negocios (británicas) admiten en su seno a profesores cuyo primer objetivo es criticar las técnicas de gestión. Según Carlos Fernández, tiene que ver, desde luego, con la naturaleza pública de esas escuelas de negocios, pero también con que esos centros de enseñanza “son conscientes de la importancia de la investigación: tener una buena investigación significa tener más publicaciones, más prestigio y, por tanto, ser capaces de atraer a más estudiantes. Unos estándares elevados en investigación suponen además recibir más fondos por parte del Ministerio de Educación y alcanzar en los rankings del Financial Times una mejor posición. Y lo bueno de estos izquierdistas radicales es que su producción académica e intelectual es, por lo general, de alta calidad, con lo que las universidades británicas están interesadas en proporcionarles un espacio”.

Una segunda explicación deriva del tránsito hacia las escuelas de negocios que realizaron muchos investigadores cuando en la época de Thatcher se eliminaron buena parte de los departamentos de ciencias sociales de las universidades. “El resultado inesperado es que muchos licenciados y doctores en ciencias sociales, con pésimas perspectivas laborales en sus áreas de conocimiento, buscaron trabajo en las escuelas de negocios, abriendo así un nuevo espacio crítico. Y además, desde instituciones que, en el fondo, moldean el ethos del pensamiento empresarial hegemónico: esto es, desde el mismo corazón de la bestia”. El tercer elemento que justifica la presencia de los Critical Management Studies (CMS) en las escuelas de negocios tiene que ver, además de con la naturaleza pública de éstas, “con el hecho de que en el Reino Unido la apertura intelectual se considera un valor de por sí”.

Desde luego, no parece un modelo que vaya a repetirse en España a corto plazo. En alguna medida, “porque las escuelas de negocios más importantes son privadas y en buena parte de ellas la Iglesia Católica es la principal impulsora; aquí la influencia del modelo norteamericano ha sido más fuerte por razones históricas; las escuelas de negocios de instituciones públicas tienen menos peso; y, en el fondo, en la enseñanza a los directivos late un anti-intelectualismo evidente, su discurso es el de formar a gente activa y dinámica, no a "ratones de biblioteca" o "rojeras". Este desprecio por el conocimiento, por el saber, no es nuevo, es un rasgo clásico de nuestra España profunda”. Sin embargo, según Carlos Fernández, hay motivos que hacen esperar un cambio, ya que “el Espacio Europeo de Bolonia transformará algunos de los estándares y es factible que la necesidad de tener investigación de calidad lleve a que se empiece a contratar profesores 'heterodoxos'. Y, además, no se pueden sacar siempre los problemas fuera del discurso, pues al final los sujetos implicados en los conflictos sociales acabarán por hacer oír su voz de una manera o de otra. El capitalismo es un sistema muy imperfecto, y siempre encontrará críticos”.

En todo caso, los Critical Management Studies suponen una visión del mundo empresarial muy distinta de la que nos ofrecen los best-sellers al uso, generalmente escritos por gurús de la gestión y que, aún desprestigiados en el propio ámbito al que se dirigen, suelen contener algunos de sus principales valores. “Muchos directivos dicen que, aunque compran estos best-sellers de la gestión, no los leen. Y hay investigaciones que señalan además que muchos de ellos toman sus enseñanzas de una forma distante y cínica. No obstante, las recetas que allí se imparten, los valores que se tratan de transmitir, coinciden, en mi opinión fatalmente, con medidas reales que se han tomado y se toman en el mundo empresarial de forma constante. No debemos minusvalorar su poder, aunque en muchos casos son sólo la vulgata de teorías económicas y sociales muy conservadoras. Conceptos al principio teóricos como la gestión de la calidad o la reingeniería de procesos se han puesto en práctica en muchas organizaciones, con consecuencias muy importantes sobre la reorganización del trabajo. Han sido la principal fuente de negocio de las empresas consultoras durante las dos últimas décadas”.

Pero quizá estos modos de gestión traten de dar respuesta, aún de forma imperfecta, a transformaciones notables en la empresa. Porque parece que administrar las organizaciones es hoy bastante más complejo que un par de décadas atrás. Así lo cree Carlos J. Fernández. “Las organizaciones siempre han sido difíciles de gestionar, pero una serie de circunstancias históricas han llevado a que en la actualidad surjan nuevos retos. Por una parte, los mercados de masas del fordismo han dejado paso a mercados más maduros en los que los patrones de consumo están muy fragmentados, con lo que a las empresas les resulta más difícil planificar su producción: los gustos de los consumidores cambian con facilidad y las empresas deben adaptarse a ello. Al mismo tiempo, los mercados están muy desregulados, con lo que se incrementa la competencia entre empresas a nivel mundial: ello eleva la incertidumbre y la exigencia. Esto lleva a que gestionar hoy en día sea más complicado. Claro que lo que no se dice es que los mercados se han desregulado porque políticas conservadoras han impuesto ese camino”.

Las consecuencias de estos nuevos modos de gestión, a los que los CMS tratan de dar respuesta, han llevado, según Carlos Fernández, “a la individualización de las relaciones laborales (desaparece la negociación colectiva, se hacen contratos individuales fuera de convenio) y a la multiplicación de las técnicas culturales en la gestión empresarial (los recursos humanos), destinadas a moldear personalidades. No en vano los responsables de RRHH son psicólogos con mucha más frecuencia que sociólogos”. Y los estudios críticos de la gestión empresarial surgen para cuestionar “ese nuevo discurso ideológico que trata de convencer al trabajador de que pertenece a una especie de "familia": es todo eso de "somos los mejores", "tenemos que darlo todo", etc”.

En este entorno, los sindicatos han perdido pie. Desde luego socialmente, pero de forma muy especial en las empresas privadas. Sin embargo, Carlos Fernández cree que “los sindicatos todavía tienen futuro en organizaciones privadas como las actuales, aunque deben intentar adaptarse a los nuevos tiempos. Creo que el sindicalismo está pasando por un período muy duro de ajuste: la ofensiva neoliberal ha sido durísima y les ha hecho mucho daño, y han perdido mucho apoyo de la nueva izquierda. Casi está de moda despreciar a los sindicatos, lo que me parece muy mal. Pero yo sí creo que va a seguir siendo un actor importante, si bien es probable que, para ser más eficaces en sus acciones, tendrán que adaptarse a las complejidades del nuevo capitalismo de redes”.

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