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SIN ENMIENDA

Contra ETA vivíamos mejor

@Juan Carlos Escudier - 09/06/2007

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Zapatero, que para esa rendición no hacían falta alforjas, y Rajoy, pesadísimo con eso de que el Gobierno le pida perdón por haberse equivocado, se han citado este lunes en Moncloa para una sesión de más de lo mismo, que consiste esencialmente en un saludo a pie de escalera, una escena del sofá y un par de horas de animada charla antes de volver a tirarse los trastos a la cabeza, o no, según convenga, porque esto de la política antiterrorista se ha vuelto flexible como un junco y se mece al viento. Se trata de una cuestión táctica: al primero, le interesa ahora mostrar que no le tiembla el pulso; al segundo, que también es capaz de recibir al hijo pródigo con una bandeja llena de Ferrero Rocher dispuestos en pirámide. ¡Cuán predecible es el teatro de aficionados!

La demostración palpable de que todo es una filfa -o lo parece- nos ha llegado de Navarra, donde el infatigable Miguel Sanz, que se está jugando las lentejas en las negociaciones con los socialistas navarros, se ha puesto el disfraz de Sancho el Fuerte, pero justo antes de Las Navas de Tolosa, cuando se fue a vivir a África y empezó a hacérselo con una princesita almohade. De esta guisa, Sanz se ha convertido a la carrera al zapaterismo y afirma que el presidente le ha puesto a ETA los puntos sobre las íes. En resumen, el hombre que iba a entregar Navarra a los vascos, el traidor que se disponía a ceder a Batasuna la afamada denominación de origen de los espárragos, es hoy la piedra angular sobre la que Sanz piensa edificar su nuevo mandato.

En este cambiante estado de cosas, la nueva estrategia de Zapatero es casi de libro. La primera medida ha sido el retorno a la sombra de De Juana, al que los ayunos han debido de distraerle el juicio, porque sólo alguien de cortas entendederas es capaz de negarse, con la que se avecinaba, a irse a su casa con una pulsera en la muñeca, que era lo que se le ofrecía. A cambio, ha conseguido unas cadenas y una bola virtuales y una celda monísima en Aranjuez, como estaba cantado.

El siguiente en probar los efectos terapéuticos del talego ha sido Arnaldo Otegi, quien seguramente ya tenía asumido que, en esta ocasión, no se iría de rositas. El de Batasuna ha jugado a ser Gerry Adams, pero ni es tan listo ni tan delgado, por no decir que manda menos que un recluta y que así no se puede ser interlocutor de nada. A Otegi le hubiera gustado otro desenlace en las negociaciones con el Gobierno y, posiblemente, sus discrepancias con ETA son mucho mayores de lo que trasluce. Sin embargo, la valentía de este hombre para manifestar sus discrepancias siempre ha tendido a cero, lo cual le define.

Los pasos siguientes vendrán, en gran medida, determinados por el alcance de la actividad terrorista. Aunque acelere algunas detenciones –como ya ha hecho-, el Gobierno no puede de buenas a primeras plantear la ilegalización de ANV, tal y como exige el PP, ya que eso sería tanto como reconocer que consintió que Batasuna se presentara por marca interpuesta, haciendo sayo de esa capa que es la Ley de Partidos. Sólo si ETA cometiera un atentado antes de la constitución de los Ayuntamientos y ANV no lo condenara, el Ejecutivo trataría de impedir que sus concejales tomaran posesión de sus actas. Como los de la capucha, además de malos no son del todo imbéciles, es muy probable que esperen a que se consume la constitución de las corporaciones, lo que evitaría que cualquier proceso de ilegalización posterior afectara a sus electos.

Pese a los errores cometidos a lo largo del proceso, Zapatero confía aún en tener tiempo suficiente para demostrar que contra ETA vivíamos mejor, que su firmeza es incuestionable y que jamás estuvo dispuesto a ceder ante la banda pero que su obligación era intentarlo, algo esto último que nadie con dos dedos de frente puede discutirle. Ello descarta a priori un adelanto electoral y le obliga a echar el resto en la negociación de los Presupuestos de 2008, donde la actitud del PNV, con el que prosigue su idilio, será decisiva. En resumen, las elecciones serán cuando tocan, si el dinero lo permite.

Así las cosas, lo lógico sería que el discurso del PP experimentara algunos cambios, toda vez que, tras casi tres años de periódicos anuncios sobre un inminente fin del mundo, sus feligreses deben de estar hasta el gorro del profeta. Constatado que la institución familiar sigue en pie pese al matrimonio entre homosexuales, que los obispos han cambiado la pancarta por una cruz en el IRPF, que si España se ha roto la zurcimos en un periquete, que los fantasmas de la Guerra Civil tienen un sueño profundo y no hay quien los despierte, que Zapatero no se rinde y que los próximos Sanfermines no se harán en Donosti, lo que se impone es otro discurso para el que quizás Acebes, sin menoscabo de sus innegables dotes para la perífrasis, no sea el más indicado.

Evidentemente, Rajoy puede seguir exigiendo la vuelta al pacto antiterrorista o la inmediata ilegalización de ANV pero haría mal en encastillarse en el mismo discurso, habido cuenta de que, sean cuando sean las elecciones, tendría que disponer de algún margen de maniobra para poder pactar con esos nacionalismos que, según él y su partido, tanto daño han hecho a España y a los que se marginó del Pacto por la Libertades, que primero era un conejo que se había sacado Zapatero de la chistera y luego el bálsamo de Fierabrás. En eso se cifra su vuelta al centro.

Por tanto, no es descabellado ni que la reunión del lunes en Moncloa acabe como siempre, o sea mal, ni que concluya en abrazo y buen rollito. Ya decía Bismark que la política no es una ciencia exacta.

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