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Seaman Schepps, un joyero en la ‘corte estadounidense’

Seaman Schepps, un joyero en la ‘corte estadounidense’

@Redacción / Agencias - 09/06/2007

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Las joyas antiguas están de moda. Cada vez es más frecuente ver cómo estas codiciadas piezas son las estrellas de las subastas más punteras de Londres o Nueva York. Muchas aristócratas de rancio abolengo deciden desprenderse de sus alhajas familiares para sanear sus maltrechas economías . Así, en las pujas de las casas de subasta se suceden los camafeos, collares y sortijas de las nobles con palacete pero sin cuenta corriente. Aparte de los pedruscos nobiliarios hay un tipo diferente de joyas, no relacionadas con el mundo real de los condes, príncipes y duques, sino pegadas al universo del showbiz y a la época dorada en la que la industria cinematográfica de Hollywood comenzaba a lanzarse a la conquista cultural del mundo. Las piezas del hombre que coronó de joyas a la 'republicana' corte estadounidense se exhiben estos días en Londres.

Aunque no se pueden comprar, una exposición recuerda el savoir-faire de Seaman Schepps en la capital británica 103 años después de que abriera su primera tienda en Los Ángeles. Marlene Dietrich o Katharine Hepburn codiciaron sus innovadores diseños; piezas que, cuentan, sirvieron para dar lustre a los complementos de más de una primera dama (¿Bess Truman? ¿Mamie Eisenhower? ¿Jackie Kennedy?). Ahora, la galería londinense Gilbert exhibe unas 150 piezas, así como publicaciones sobre la trayectoria del artista que revolucionó la joyería del país más poderoso del mundo a mediados del siglo XX.

Sus diseños vibrantes y originales fueron un complemento imprescindible no sólo de la mujer moderna e independiente de la clase alta estadounidense, sino de más de una primera dama de ese país. Por eso el periódico The Washington Post no dudó en bautizar a este artesano, en la capital de la república por antonomasia, como “el joyero de la corte norteamericana”. En una época en que estos profesionales utilizaban sólo diamantes, zafiros, rubíes y esmeraldas para crear sus diseños, Schepps se atrevió a incorporar materiales naturales hasta entonces ignorados en la alta joyería. Conchas, sándalo, nueces, esculturas asiáticas o gemas pasaron a formar parte de la materia prima con la que Schepps conquistó a las más poderosas mujeres.

La misma devoción que dedicaba a una piedra preciosa la invertía también en las conchas, lo que convirtió sus distintivos diseños en objetos codiciados por Coco Chanel, la excéntrica millonaria Doris Duke o Wallis Simpson, la Duquesa de Windsor. Su secreto no se encontraba tanto en la innovación como en la mezcla de los elementos: “No sólo utilizaba materiales inusuales, sino que los combinaba de forma inusual. Su filosofía se centraba más en saber cómo sentaría una joya a la mujer que la llevara que en cuánto podían costar sus materiales”, explica el comisario de la exposición y actual propietario de la compañía Seaman Schepps, Anthony Hopenhajm.

Diseños inmortales

Sus obras le han permitido pasar a la posteridad y, de algún modo, alcanzar la inmortalidad: pasada una centuria, "la mayoría de sus diseños se siguen reproduciendo porque han logrado convertirse en piezas eternas", recuerda Hopenhajm. Los clásicos brazaletes de oro, coral y madera que Schepps diseñó en 1940 son un ejemplo de ello y por eso lucieron tanto en la muñeca de la marchante de arte neoyorquina Holly Solomon como de la cantante Phyllis McGuire.

Hijo de una numerosa familia de inmigrantes húngaros, Seaman Schepps protagonizó su propio sueño americano: tras crecer en los suburbios de un humilde barrio del este de Nueva York acabó casándose con la hija de una prominente familia de Illinois y se convirtió en un joyero de renombre, con tiendas en la Gran Manzana, San Francisco y Los Ángeles.

La exposición, que se inauguró primero en el museo de las Artes y el Diseño de Nueva York, muestra las joyas realizadas con bambú y esmeraldas que llevó una de sus clientas incondicionales, la diva de la ópera Marguerite Wenner-Gren. Un neceser para el maquillaje de 1945, recubierto de esmeraldas, flores de diamantes, rubíes y zafiros, es otra de las estrellas de la muestra, junto con los pendientes realizados con caracolas marinas, envueltas con alambre de oro y encajes de perlas y coral.

El visitante también podrá admirar un exuberante broche en forma de cisne, realizado en 1940, que cuenta con una de las más grandes perlas naturales y un ojo de esmeralda que, según dijo la hija del artista, Patricia, "dio a las joyas un salvaje sabor americano".

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