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Luis Alfonso de Borbón y su Corte de los Milagros

Luis Alfonso de Borbón

@Paloma Barrientos - 05/06/2007

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Luis Alfonso de Borbón y su Corte de los Milagros

Dice el dicho que a los amigos se les elige y que, en cambio, la familia viene impuesta. Si a uno le toca en suerte un clan del tipo Sonrisas y Lágrimas, nada que objetar, sino todo lo contrario. Las celebraciones familiares se convierten entonces en una suerte de encuentros festivos donde, como decía más arriba, todos cantan y bailan como si fueran la reencarnación del capitán Von Trap y su tribu. Esta descripción previa viene a cuento para explicar los encuentros y desencuentros que hubo con motivo del bautizo de la princesa Eugenia, la hija primogénita de Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas en París. El tratamiento principesco del bebé viene dado al ser su padre Jefe de la Casa de Borbón en Francia, unos derechos dinásticos a los que accedió tras fallecer su padre el duque de Cádiz en 1992.

A la niña la han inscrito como Su Alteza Real en el registro notarial de la nunciatura de París. Se trata de un detalle a tener en cuenta, el del título, que imagino no habrá sentado muy bien a los tíos Borbones de Madrid. Puede ser que sea este tratamiento de princesa lo que ha originado que ningún miembro de la Familia Real española haya acudido al bautizo. No hay que olvidar que Luis Alfonso es biznieto de Alfonso XIII en la misma línea que el Príncipe de Asturias o las Infantas. Y de ahí la extrañeza de muchos.

Tampoco estuvieron en su boda caribeña y fue precisamente la madre, Carmen Martínez-Bordiú, la que dio la clave de estas notorias ausencias al reivindicar la categoría heráldica: “Él no tiene la culpa de ser Alteza Real. Por lo tanto, puede utilizar el título porque le corresponde”. Las malas lenguas dijeron que estas declaraciones enconaron aún más las relaciones. Aunque nadie puede achacarle a Luis Alfonso malas intenciones. Al revés. Al haber tenido una infancia y una juventud tan marcada por la desgracia se toma con cierta displicencia los desplantes e, incluso, consigue que los montescos y capuletos de su entorno se reúnan en París para festejar a su niña Eugenia.

La mayoría de los familiares de ambas ramas del árbol genealógico de la neófita (Martínez-Bordiú, Franco, Borbón, Vargas, Santaella, D’Agostino) se alojaron en el Hotel Ritz. El duque de Anjou se encargó de los gastos de su “rama” y el millonario Vargas de la suya. Cenas, paseos, visitas al tenis aprovechando el Roland Garros, compras y hasta el encuentro más esperado de Luis Alfonso con el marido de su madre, el campechano José Campos. Todo medianamente normal. Pero he aquí que las relaciones de algunos de los asistentes a la festividad familiar no eran precisamente de dulce. Para empezar, la abuela Emanuela Dampierre odia a muerte a Carmen Martínez-Bordiú que, a su vez, nunca aguantó su soberbia.

A la duquesa de Franco, con más temple y aguante, nunca le han gustado los ataques de Emanuela hacia su hija. Ni ahora, ni cuando le echaba la culpa de ser la causante de las desgracias del duque de Cádiz. Una responsabilidad que también atribuía a otra de las invitadas, la seño Manuela Sánchez Prat, que veló las tristezas del niño Luis Alfonso a la hoy señora de Campos.

La tercera en discordia en la ceremonia parisina ha sido la archiduquesa Constanza de Habsburgo. La dama tuvo su papel estelar en su momento apareciendo como ‘viuda’ al morir el duque de Cádiz. Una credencial que en aquel momento no le correspondía a ella, pero que parece aceptó por indicación de Emanuela Dampierre.

Aderezando la situación, estaban las dos parejas anteriores de Carmen, Roberto Federicci y Jean Marie Rossi. Presumo que no había necesidad de invitar a uno de ellos estando presente José Campos. Y como guinda, los encargados de organizar el acto de presentación de Eugenia como ‘princesa de los franceses’ corrió a cargo de dos grupos –‘Presencia en Recuerdo de los Borbones’ y el Instituto de la Casa de Borbón- que forman parte de los Legitimistas, pero que en ocasiones se han enfrentado a cara de perro. Y a todo esto los Vargas Santaella sin enterarse de nada. Mejor para ellos.

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