El Ejército libanés continúa su asalto al campo de refugiados
Fatah al Islam, Nahar al Bared, Trípoli
Enrique Rubio. Trípoli (Líbano).- - 04/06/2007
El asedio del Ejército libanés sobre el campo de refugiados palestinos de Nahar al Bared, en las proximidades de la ciudad septentrional libanesa de Trípoli, cumplió dos semanas con nuevos avances, pero aún insuficientes para doblegar al grupo extremista suní Fatah al Islam. El fuego de artillería dio paso este domingo al tableteo de las ametralladoras, lo que indica que el Ejército ha tomado posiciones dentro del campamento y estrecha el cerco sobre los extremistas.
El general libanés Hash Esleinan explicó a Efe que esta ofensiva es similar al duro ataque del sábado, y dijo no ser pesimista respecto a una pronta resolución del conflicto.
Los milicianos, que reconocieron haberse retirado del noreste del campo por motivos tácticos, perdieron a su jefe militar, conocido por el seudónimo de Abu Jaffer, quien fue abatido junto a cuatro de sus lugartenientes.
Anteriormente se había identificado al cabecilla muerto ayer como "Abu Riad", pero más tarde se aclaró que este último cayó el pasado viernes.
Además de las tropas regulares libanesas, los milicianos se están encontrando la resistencia de otros palestinos que aún quedan dentro del campo, según informó una fuente dentro del campo que pidió no ser identificada.
La fuente explicó que las facciones palestinas hacen frente con escasos recursos a los milicianos, mejor armados, de Fatah al Islam, que están asaltando casas para robar lo que quede de valor.
"Apenas se ven coches por la calle, porque los milicianos se han llevado las baterías para lanzar sus cohetes", dijo la fuente, un responsable de una de las facciones palestinas en Nahar al Bared.
Campo de refugiados convertido en campo de batalla
Pese a que la situación en el interior del campo es, además de peligrosa, insoportable por las carencias básicas de agua, electricidad y comida, aún hay muchos palestinos que se niegan a abandonarlo.
Sobre la casa de Ahmed Abdelal cayó hace dos días una bomba que ha convertido en escombros todo aquello que no pudo llevarse cuando huyó precipitadamente del campo hace una semana.
Él decidió marcharse, pero muchos amigos y parientes suyos han optado por quedarse, y morir si hace falta, en el precario barrio en el que están confinados como refugiados.
"Los que quedan dentro están convencidos de que los soldados entrarán esta misma semana. Así que los que estamos fuera sólo podemos intentar que el Ejército detenga los bombardeos y evite que mueran más inocentes", dijo Abdelal, que ahora vive en el cercano campo de Badawi.
Esta opinión, muy compartida en el arrabal de Badawi -adonde se han traslado decenas de miles de refugiados de Nahar al Bared-, la defiende también el responsable del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) en este campo, Nabir Sabhi.
Sabhi aboga por que el ejército detenga la ofensiva y "deje negociar a los movimientos palestinos, porque es imposible que el gobierno y Fatah al Islam lleguen jamás a un acuerdo".
Según sus datos, aún permanecen en el campo unos 7.000 civiles y han muerto al menos 35, "aunque habrá que esperar a levantar todas las piedras paras descubrir cuántos cadáveres hay debajo".
Pero no parece que el Ejército libanés esté dispuesto a ceder ni un solo milímetro y tan sólo contempla la rendición total e incondicional de los extremistas, aunque ayer hayan muerto otros tres soldados, según el general Esleinan.
Con ellos, ya son 44 los militares que han fallecido desde el comienzo de una crisis a la que no se acaba de ver el fin.
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