DOS PALABRAS
Zapatero, entre Chávez y Tinki Winki
@Federico Quevedo - 02/06/2007
Tinki Winki es gay. A mí no me quedó nunca ninguna duda de que ese muñeco amanerado con un enorme bolso rojo colgado del hombro y que se fundía en abrazos cada dos por tres con sus amigos –o lo que sea- Lala, Dipsy y Po, era gay, pero jamás se me ocurrió decirles a mis hijos que no vieran los Teletubbies, porque la verdad es que se partían de la risa con sus tonterías. Hombre, vistos ahora, desde la distancia, me recuerdan una visión edulcorada de Zapatero, al que imagino llegando al Comité Federal del PSOE y diciéndoles a sus colegas: “¡abrazo!”, y chocándose con la barriga cervecera de Manuel Chaves. A lo mejor los polacos, que son unos recién llegados a esto del abrazo colectivo, se han pasado un poco prohibiendo la serie infantil en aquel país por eso de que Tinki Winki es gay, pero de ahí a que Zerolo aconseje a la UE que expulse a Polonia... Ya saben, lo nuestro es hacer amigos, pedimos a la UE que expulse a Polonia por no emitir los Teletubbies, y nos callamos como putas, con perdón, cuando el mono Chávez cierra medios de comunicación críticos con el poder.
Perdonen, pero es que era de esto de lo que quería yo hablarles, o escribirles, y no de los Teletubbies que, en el fondo, me importan un comino sus abrazos, si Tinki Winki es gay o si tienen el pandero gordo. Que en este país nos preocupemos de que una de las democracias vecinas decida no emitir los Teletubbies, pero no digamos nada de la manera en que la libertad está retrocediendo en América Latina, es francamente preocupante y dice mucho de donde tenemos puesto nuestro punto de referencia: muy a la izquierda, demasiado a la izquierda, tan a la izquierda que se confunde con los regímenes totalitarios de aquella región en permanente estado de conflicto. El pasado miércoles, un par de días antes de venir a España en visita oficial, la secretaria de Estado norteamericana, Condolezza Rice, ponía el acento sobre este asunto.
Y es que todavía sigue siendo inexplicable, y el Gobierno de Zapatero ha hurtado a la opinión pública una explicación convincente sobre este asunto, que en su reciente visita oficial a Cuba el ministro Moratinos no tuviera ni un minuto para entrevistarse con la oposición democrática al régimen del tirano Fidel Castro. Pero no contentos con eso, más inexplicable aún resulta que el Gobierno español no haya emitido ni una mísera nota de condena a la acción antidemocrática y dictatorial de Hugo Chávez cerrando el pasado 27 de mayo la cadena de televisión venezolana RTVC. Cuando un caudillo marrullero y despiadado como Chávez cierra, impunemente, medios de comunicación, es que Venezuela está condenada, irremediablemente, a caer bajo la bota de la tiranía populista a la que parece predestinada buena parte de América Latina, entre otras cosas con el consentimiento y, en alguno casos, el apoyo del Gobierno español. Y todavía estoy esperando que alguien del PP investigue las andanzas de la singular Leire Pajín por aquellos pagos.
Leo, sin embargo, en el blog de Martha Colmenares, una periodista que se está jugando la vida defendiendo la libertad en Venezuela, que lo que ha conseguido Chávez cerrando la cadena de televisión RTVC es despertar a un gigante dormido, y que la clase estudiantil venezolana se ha levantado en defensa de la libertad contra el régimen del tirano. Ojalá sea cierto y se pueda acabar con este tipo “ambicioso hasta el súmmum, inescrupuloso hasta lo inimaginable, malvado como para despreciar las vidas y las honras incluso de sus más cercanos colaboradores”, como lo describe el profesor Antonio Sánchez García. Lo increíble es que este Gobierno nuestro siga dándole cobertura a las dictaduras cubana y venezolana, que sea capaz de plantear un conflicto diplomático con un país como Polonia, y no se atreva a decirle a Caracas y a La Habana que dejen paso a la libertad y a la democracia, y que respeten los derechos humanos. Claro que, no puedo sorprenderme, porque en el fondo Zapatero es como Chávez, y también a él le gustaría poder cerrar algunos medios de comunicación que le son críticos.
Desde nuestra poltrona cómoda y segura es fácil no ver lo que está ocurriendo en Venezuela, pero allí se están pisoteando y vulnerando las libertades individuales y los derechos civiles y, lo que es peor, se hace con el consentimiento del Gobierno español, que todavía no ha levantado la voz a pesar de que muchos de los que están sufriendo persecución en aquel país son compatriotas nuestros. En lugar de eso, al Gobierno de Rodríguez le preocupa que en Polonía los niños no puedan ver los Teletubbies. Menos mal que en Francia y Alemania gobiernan dos personas, Sarkozy y Merkel, con sentido común y fe en la libertad, porque gracias a eso la UE volverá a convertirse en un referente de lucha por la democracia, y ni Rodríguez ni su ministro Moratinos podrán volver a engañar a los demás países de nuestro entorno para que suavicen su presión sobre las dictaduras latinoamericanas, como han hecho anteriormente. De lo que tengo dudas es de cuanto duraríamos nosotros en la UE si Rodríguez siguiera en el Gobierno. Pero creo que nos quedaremos sin saberlo.
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