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SIN ENMIENDA

El club del vermú

@Juan Carlos Escudier - 26/05/2007

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Salvo inesperado cambio de última hora, el protagonismo de las elecciones de este domingo no estará en Aznar, que cada vez le hace mejor la campaña a Zapatero, ni en el nuevo partido que promueve Savater, ni en el canesú azul que luce Sonsoles Espinosa en la Carmen que se representa en el parisino teatro de Chatelet, ni en Gotzone Mora, que si de verdad quería impresionar a alguien tendría que haber pedido el voto para el PSOE y no para el PP, ni en el probe Miguel (Sebastián), que hace mucho tiempo que sabemos que no sale, ni en la vida privada de Gallardón, ni en las listas de Otegi y cía, ni siquiera en el número total de VPO que han prometido los candidatos a alcalde, que deben sumar dos o tres millones tirando por lo bajo. La verdadera protagonista de este domingo será la abstención, que es la forma elegante que los ciudadanos tienen de decir a los políticos que sus ombligos no les ponen.

Sin que hayamos hecho nada para merecerlo, los dos principales partidos políticos y sus respectivos dirigentes llevan varios años empeñados en demostrarnos cuán pérfido es el contrario. Lo que podía resultar divertido al principio se ha convertido en una auténtica pesadilla. No hay tema del que se trate, por muy inocente que éste sea, que no derive en las mentiras del 11-M, la guerra de Iraq, la rendición ante ETA o la entrega de Navarra. Todo ello es muy interesante, nadie lo duda, pero también nos gusta Sinatra y mataríamos al pinchadiscos si nos pusiera tres años seguidos el Strangers in the night.

De esta forma hemos llegado a unas elecciones municipales y autonómicas que han sido la excusa para que Zapatero y Rajoy se sigan tirando los trastos a la cabeza. A ellos no les cuesta trabajo, porque llevan en campaña electoral desde 2004 y están entrenados, pero a los demás, simples mortales, la cantinela nos tiene de los nervios. Estamos preparados para aceptar que España se ha roto o sigue unida, que el Gobierno nos lleva al abismo o al jardín del Edén, que se ha pactado con ETA o que no se ha pactado, que esto es Jauja o el infierno, pero pedimos una tregua para ir al Carrefour y llenar la nevera.

Hay hartazgo. A la gente normal, ésa que se toma los domingos el vermú y pasa sin mirar la sección de Nacional de los periódicos, le preocupa el terrorismo, claro está, pero un rato y, si pudiera, le diría a Zapatero que las obsesiones son muy malas para el equilibrio psíquico y le recomendaría que se lo hiciera ver. A Rajoy es posible que le mandaran al mismo especialista, porque tanto denunciar traiciones, rendiciones y humillaciones acaba afectando al organismo, aunque no lo parezca a simple vista.

Los del club del vermú comenzamos a estar hasta la coronilla de las tertulias en las que siempre se habla de lo mismo, ya sea en 59 segundos o en minuto y medio, de esos debates que nos pareció haber escuchado la semana anterior y la otra y la de más atrás, de los radiopredicadores, de los telepredicadores y de los predicadores a secas. Será que somos bichos raros.

De los resultados electorales podemos esperar cualquier cosa. Estamos abocados al desconcierto. ¿Sería contradictorio que el PP ganara las elecciones en cómputo general tras convencernos de que Navarra está en almoneda y los navarros le dejen sin una mayoría que impida su entrega al enemigo vasco? ¿Se interpretará que los españoles quieren que Zapatero siga negociando con ETA si gana el PSOE? ¿Dejará Aznar entonces de darnos la matraca para darse definitivamente a la bebida? ¿Volverá De Juana a pasar hambre en el talego si pierden los socialistas? ¿Se convencerá el presidente de que lo suyo no es poner candidatos si Sebastián naufraga en los charcos de la M-30? ¿Será digerible que el PP tenga más votos y menos poder autonómico? ¿Se adelantarán las generales para que pasemos el siguiente trago lo antes posible?

Mientras resuelven estos interrogantes, los partidos harán examen de conciencia. Tratarán de explicar por qué un amplio porcentaje de la población, al que le preocupa ETA, Navarra, la guerra de Iraq y el 11-M, pero también las farolas y los parques, los colegios de sus hijos, la inmigración, las listas de espera para operarse y el Alzheimer del abuelo, les ha hecho un corte de mangas. Dirán una vez más que se equivocaron con los enfoques. Al miércoles siguiente en el Congreso, Rajoy preguntará a Zapatero cuántas veces se ha visto con Batasuna y éste le llamará desleal. Como siempre, habrán entendido el mensaje.

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