Baleares, tercer asalto
@Matías Vallés - 18/05/2007
El conservador Jaime Matas y el socialista Francesc Antich se disputarán el 27-M, por tercera vez consecutiva, la presidencia del Govern de Baleares. Las anteriores ediciones de este playoff llevaron a la presidencia al segundo y al primero de los políticos citados, respectivamente. Eludimos la expresión “llevaron a la victoria” porque la mayoría relativa de los sufragios siempre ha correspondido al PP, desde las autonómicas de 1983.
La imagen de Balears como una región conservadora se corresponde con la sucesión de cinco gobiernos autonómicos a lo largo del último cuarto de siglo. El único paréntesis de izquierdas está etiquetado por el célebre y polícromo Pacto de Progreso, encabezado por Antich entre 1999 y 2003. Esta iniciativa reemplazó a un Govern de Matas, una finta que la izquierda desea repetir la semana que viene. El gobierno conservador no ha aumentado sus expectativas desde el poder, más allá del enconado duelo con la izquierda que le obliga a depender sistemáticamente en algunas circunscripciones de la bisagra de Unió Mallorquina, partido que se autodefine como liberal y nacionalista.
UM no sólo representa una anomalía en el panorama balear, sino también en el español. Este partido –que no alcanza el 10% de los votos en las elecciones autonómicas y se queda por debajo del 5% en los comicios estatales– gobierna Mallorca en solitario desde 1999. Si se tiene en cuenta que se trata de una de las geografías más ricas de Europa, pocas veces ha podido verse una mayor concentración de poder en sólo dos manos, las de Maria Antònia Munar. PP y PSOE apelan periódicamente a establecer un pacto que evite la disfunción citada. La propuesta nunca cuaja, porque ambos partidos mayoritarios están dispuestos a recurrir a la muleta de los nacionalistas, a fin de consolidar su mayoría en el archipiélago.
La avidez de UM no tiene parangón en otras geografías, pues gobierna con tres escaños una institución de 33. La situación equivale a que Esquerra Republicana le reclamara al PSOE la alcaldía de Barcelona tras el 27-M, con el argumento de que a cambio le presta apoyo en el Generalitat y en Madrid. Las jerarquías popular y socialista se tragan la pídora de Munar, pero es difícil decidir si ese pacto es más desagradable para las bases conservadoras o izquierdistas.
Hace un año, Matas disfrutaba de una mayoría holgada en los sondeos. Sin embargo, el caso Andratx puso el cuentakilómetros a cero. El peso del urbanismo desaforado, la revuelta contra las autopistas ibicencas y la corrupción son hoy tres diques que dificultarán la reedición de la mayoría absoluta del PP, con 30 sobre 59 diputados. Este margen viene asegurado por 200 votos en Formentera –la circunscripción electoral más reducida del Estado–. La pérdida de un solo escaño desataría una ruleta de vértigo para los conservadores.
Casos de corrupción
En Andratx, y siempre según la fiscalía anticorrupción avalada por pronunciamiento judiciales, decenas de chalés se han construido en fincas protegidas, donde no podía levantarse ningún tipo de construcción. Ese tráfico se ejecutaba presuntamente a través del oportuno flujo económico, en el que están implicados un director general del Govern y el presidente del Consell Consultiu, equivalente balear del Consejo de Estado.
Genéticamente escépticos, los habitantes de Balears sólo ligan PP y corrupción por el hecho de que la derecha ha gobernado la mayoría de instituciones durante la mayor parte del tiempo. No han faltado los escándalos socialistas –PSV–, y en Eivissa se ha reaccionado con unas cintas de presuntos cobros del PSOE, cuyo impacto ha sido limitado hasta la fecha. Se desconfía de las encuestas que vaticinan una pérdida de la mayoría absoluta, y Matas ha contribuido al último escándalo con la compra de un palacete de 800 metros cuadrados a un precio de ganga, muy por debajo de la cotización de la zona donde se encuentra.
En la parte festiva de las elecciones, el fichaje de la catalanista Maria de la Pau Janer por el PP provocó notable revuelo. La polémica ha amainado cuando los militantes comprendieron que la incorporación no les obligaba a leer las obras de la literata. El fichaje conservador rechazó una fotografía con Rajoy –aunque ya se había hecho una, a cambio de los cien millones del Planeta–, al día siguiente de su incorporación a las listas firmó un artículo en el catalán Avui, y en la anterior legislatura batalló en 'El Periódico' a favor de la ecotasa turística, proscrita por la derecha cuando alcanzó el gobierno regional. Matas busca caladeros en las aguas más insospechadas.
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