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OPINIÓN

La ‘furia española’, al Elíseo: la mujer de Sarkozy, bisnieta de Albéniz, deja su sello en la Presidencia

@Redacción   17/05/2007

Puede parecer una perogrullada afirmar que Francia no es España, pero los presentes este miércoles en la toma de posesión del nuevo presidente francés, Nicolas Sarkozy, tenían la sensación de haber hecho un viaje en el espacio hasta el madrileño palacio del Pardo. No, Luis Alfonso de Borbón aún no se ha hecho con el título de rey de Francia pero, a falta de reyes, buenos son los presidentes de la república. Este miércoles, Sarkozy juró su cargo en el rodeado de todo el boato que acompaña siempre a este tipo de ceremonias. La única diferencia con las anteriores, captada rápidamente por los periodistas españoles presentes en el acto, llegó al final de la investidura, cuando la orquesta de cámara de la Guardia Republicana que se encargaba de la ambientación musical interpretó Asturias, el quinto movimiento de la Suite Española de Isaac Albéniz.

La esposa del nuevo presidente, Cecilia María Sara Isabel Ciganer-Albéniz, ha tenido bastante que ver en esta ‘hispanización’ de ‘Monsieur le president’: para algo es la bisnieta del compositor. Casualidades de la vida, Cecilia comparte con otro político conservador el parentesco familiar con el compositor: el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, es sobrino-nieto del autor de Iberia.

Nicolas y Cecilia parecen David y Victoria Beckham: la prensa rosa ha encontrado en sus amores y desamores públicos un filón con el que vender miles de ejemplares. No en vano, la historia entre un ministro conservador y una ex modelo tiene bastante morbo. Imaginen la situación: agosto de 1984, casas consistoriales del pequeño municipio de Neuilly-sur-Seine. El entonces alcalde, Nicolas Sarkozy, se encarga de celebrar la primera boda de Cecilia, pero al verla cae rendido ante su belleza. Enamorado como un tonto, Sarkozy comenzó entonces su primera campaña, la que tenía como objetivo conquistar el corazón de la bella Cecilia.

Sea por pertenecer a una familia de artistas o simplemente porque ella lo vale, la nueva primera dama francesa es, ante todo, una figura que no deja indiferente a nadie. Bastante le ha debido de costar asumir su nuevo papel, porque hace tan sólo dos años aseguraba que eso de convertirse en primera dama le parecía “un tostón”. ¿Asustaron a alguien estas declaraciones? No, sólo supusieron un grano más en la montaña que los medios franceses han construido sobre los nuevos inquilinos del Elíseo, una historia muy poco discreta en la que tanto las peleas como las infidelidades y las reconciliaciones finales se han resuelto en las páginas de los periódicos. El gran misterio entre los franceses no es si Sarko logrará encauzar las reformas previstas en su programa, sino cuál será la próxima batalla entre el primer matrimonio del país. El interés está servido.

 

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