El cine y Cannes renuevan un idilio que cumple 60 años
Eliseo García. Cannes (Francia).- - 15/05/2007
Él tiene más de cien años y ella varios siglos más, pero siguen vistiendo sus mejores galas para celebrar cada mayo una mutua pasión encendida hace sesenta años. El novio se llama cine, su amada se llama Cannes y este miércoles están citados para su idilio anual a orillas de la Costa Azul.
Como no podía ser menos, el Palacio de Festivales que sirve de nido de amor para la singular pareja ya está a punto para acoger a los miles de invitados de este romance llamado Festival de Cannes.
El Palacio que se alza junto a las frecuentadas playas de la ciudad ostenta ya el cartel de esta sexagésima edición, en el que el fotógrafo Alex Majoli captó en pleno salto -se supone que de regocijo- a estrellas como Pedro Almodóvar, Penélope Cruz, Bruce Willis, Gérard Depardieu y Wong Kar Wai, entre otros.
Este último cineasta honkonguense, uno de los "hijos" mimados del certamen, tendrá además el honor de abrir este día 16 la competición por la Palma de Oro con su última obra, My Blueberry Nights.
Junto a él, otros veintiún cineastas de todo el mundo, desde consagrados como Quentin Tarantino (Death Proof) hasta valores en alza como el mexicano Carlos Reygadas (Stellet Licht), pugnarán por ese ramo dorado que Cannes lanza cada año al final de la boda y que simboliza el máximo premio del celuloide, con permiso del Oscar.
Angelina Jolie, Brad Pitt y Norah Jones
Pero antes de esa entrega de premios el próximo día 27, esta pequeña ciudad de 70.000 habitantes cuya población se triplica en estas fechas verá convertidas sus calles en pasarela de algunos de los rostros más conocidos del planeta.
Entre ellos se ha anunciado los de la pareja más perseguida por los paparazzi, Angelina Jolie y Brad Pitt, así como la cantante Norah Jones, que debuta como actriz en la cinta de Wong, y Javier Bardem, en el reparto de No Country for Old Men, de los Coen.
Eso sólo por citar algunos nombres de la pléyade de estrellas que desde el mismo día 16 lucirán palmito a diario con motivo de los pases de gala de sus filmes, en los que no sólo ellos, sino también los periodistas e invitados deben vestir de rigurosa etiqueta.
Fuera de la célebre alfombra roja de acceso a la Gran Sala Lumiére del Palacio de Festivales también habrá desfile: el de miles de entusiastas anónimos atraídos por el brillo de la fama.
Esa legión de espontáneos se suma, a imitación de sus ídolos, a un informal desfile de escotes y corbatas que dan un toque de clase a los poco más de tres kilómetros del bulevar de la Croisette, tapizado de carteles con próximos estrenos y bullicios de jolgorio en hoteles como el Carlton y el Martinez.
Ese paseo marítimo a la vera del Mediterráneo, construido en 1868 y desde tres años después ya poblado por las famosas palmas que le dan sombra, volverá a ser el lugar más fotografiado en este mayo, a lo que contribuirá el clima soleado, con temperaturas previstas de entre 11 y 25 grados centígrados en los próximos diez días.
Pero no todos los asistentes al festival verán la luz del sol en ese periodo. En concreto, los casi 23.000 productores, distribuidores, publicistas y mil y un comerciantes más relacionados con ese enorme negocio que es el cine, y que estos días volverán a recluirse en el Palacio para comprar y vender filmes que verá todo el orbe.
"Cannes es del 16 al 26 de mayo el sitio donde hay que estar", reza el lema de ese Mercado, el mayor entre los doce festivales de "clase A" reconocidos por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Cine (FIAPF).
San Sebastián, Mar del Plata, Berlín, Venecia, Shanghái, Karlovy Vary, Locarno, Montreal, Tokio, El Cairo, Moscú y Cannes son los merecedores de ese marchamo, destinado a certámenes internacionales no especializados de calidad y repercusión excelsa. Y esa exigencia de calidad y repercusión -vital para atraer a grandes productoras y estrellas- requiere de dinero. Mucho dinero.
Cannes, por ejemplo, cuenta con un presupuesto de unos veinte millones de euros, de los que la mitad provienen de fondos públicos, informaron a Efe fuentes del festival.
Esa cifra es sideralmente superior a la de otros certámenes de clase A, que precisaron que, por ejemplo, el checo Karlovy Vary cuenta con 4,3 millones de euros, el vasco San Sebastián seis millones, Tokio 6,7 y Venecia 8,5.
Y es que, como en toda historia romántica, no todo es amor al arte, y la pasión suele explayarse mucho mejor sobre el colchón de una buena dote.
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