MIENTRAS TANTO
La economía española toca techo en el primer semestre. Comienza la cuenta atrás
@Carlos Sánchez - 07/05/2007
La economía española ha tocado techo en este primer semestre del año 2007. De eso no parece haber ninguna duda. Ningún Servicio de Estudios apuesta por que en la segunda parte del año se produzca una aceleración de la actividad económica capaz de situar la tasa de crecimiento por encima del 4% actual.
Es más que evidente que un aumento del PIB del 4% es verdaderamente relevante. Pero sería ir contra la razón económica si, al mismo tiempo, se ocultara que ese nivel se obtiene a partir de unos registros demográficos verdaderamente históricos. El hecho de que la población española esté creciendo en tasas del 1,5% significa lisa y llanamente que el crecimiento real per cápita de la economía se sitúa en el entorno del 2,5%. Sin duda, un buen registro, pero nada de otro mundo. En línea con la media de la UE.
Es más, y como han puesto de manifiesto recientes estudios de la Comisión Europea, ni siquiera con una oferta de trabajo tan descomunal como la que recibe España de la inmigración -medio millón de trabajadores de bajos salarios cada año-, la economía ha logrado crecer claramente por encima de su potencial. Algo que explica, en buena medida, que la inflación esté contenida, aunque siga siendo sensiblemente superior a la de nuestro entorno económico.
Crecimiento potencial
Aunque siempre es muy subjetivo calcular el potencial de crecimiento de una economía, recientes estudios lo han llegado a situar en el entorno del 4%, algo que viene a poner de manifiesto que lo acontecido en estos últimos tres o cuatro años está dentro de lo razonable. Por lo tanto, no hay razones para sacar el cava del congelador de una manera un tanto apresurada.
Lo verdaderamente notable -lo cual tiene tintes históricos- es que España haya logrado enlazar tres lustros seguidos con un crecimiento económico ininterrumpido superior al 2% anual. Y lo que es todavía mejor, nada indica que esa tendencia alcista de la actividad económica se vaya a romper en 2007 y 2008. Como acaba de poner de relieve el Banco de España, tanto este año como el siguiente la economía continuará creciendo -si no hay catástrofes- por encima del 3%, lo que sin duda es un buen registro, aunque no para tirar cohetes. Precisamente, como consecuencia de que alrededor del 80% de ese crecimiento se sustenta en las razones demográficas anteriormente comentadas.
Dicho de otra manera. Si se cumplen las previsiones del banco central, la tasa de aumento del PIB se situará en el 3,1% el año próximo –media anual-, pero teniendo en cuenta que la población crecerá en el entorno del 1,5% –por la entrada de inmigrantes y el reagrupamiento familiar- lo cierto es que el PIB volverá a crecer de nuevo claramente por debajo del 2% en términos reales. Desde luego muy por debajo de su potencial.
Más calidad y menos cantidad
Lo importante, con todo, no hay que vincularlo a la ‘cantidad’ de crecimiento -la inercia del gasto es grande-, sino más bien a la ‘calidad’. A partir del segundo semestre de este año -y con mayor intensidad a partir de 2008-, la economía española verá cómo se esfuman algunos de los estímulos que explican la bonanza económica de la última década. En particular, los tipos de interés. La experiencia ha demostrado que los efectos del endurecimiento de la política monetaria suelen tardar en transmitirse a los agentes económicos entre seis y ocho trimestres, y ese, precisamente, es el tiempo transcurrido desde que en diciembre de 2005 el BCE decidió dar un giro de 180 grados a su estrategia de tipos de interés.
Quiere decir esto que los estímulos al endeudamiento de las familias y las empresas irán desapareciendo de una forma cada vez más resuelta, lo cual es todavía más relevante si se tiene en cuenta que el nivel de partida actual es sensiblemente más alto que el existente al comienzo del actual ciclo expansivo. Algo que en roman paladino significa que los agentes económicos ya no podrán recurrir con tanta alegría a los bancos para financiarse y pagar sus caprichos o necesidades.
Es indudable que la menor capacidad de endeudamiento tendrá efectos sobre el agregado de consumo, como también lo tendrá el frenazo que se ha producido a la riqueza financiera de las familias como consecuencia de la fuerte desaceleración de los precios inmobiliarios. Como han puesto de manifiesto diversos estudios, la propensión al gasto es mayor a medida que se revalorizan los activos inmobiliarios, y hay que tener en cuenta que se ha pasado de crecimientos claramente por encima del 15% al 7% actual, con un horizonte todavía más a la baja.
Baja productividad
De la misma manera, la economía española se ha beneficiado de un contexto internacional extremadamente positivo que difícilmente podrá mantenerse en el tiempo. No solamente debido a una cierta desaceleración en EEUU o Alemania, sino sobre todo a la incapacidad de la economía española para competir en los mercados internacionales en coherencia con sus ridículos avances en productividad. Como ha puesto de manifiesto el Banco de España, es previsible que el desequilibrio exterior siga aumentando debido, sobre todo, al ensanchamiento del déficit comercial. Algo que es letal en un contexto de reducción del consumo privado a causa de la menor holgura monetaria.
Menos capacidad de gasto de las familias y un nuevo aumento del déficit comercial significa, con toda la crudeza que se quiera, menor crecimiento. Por eso, sorprende la naturalidad con la que nuestros gobernantes económicos esperan el futuro. Han decidido cruzarse de brazos y ver por dónde escampa. Sin palabras.
Opiniones de los lectores (3)
3. albertovzLunes, 07/05/2007, 17:41 h.
Ya lo dijo el Gafe hace pocos días, pero al revés, como siempre...
2. ANTONNNLunes, 07/05/2007, 15:10 h.
Me encanta el comentario del articulista. A España le resta el crecimiento demográfico, lo que no hace con Europa. Así, compara peras con manzanas para retorcer sus argumentos. ¡Que objetividad!
1. alfreditoLunes, 07/05/2007, 10:33 h.
El escenario que expone el articulista es plenamente valido. Inmediatamente despues nos debe surgir la pregunta. ¿cuanto tiempo tardaremos en asimilar la nueva situación financiera del pais? Esta es la incognita. Por un lado tenemos el pib muy dependiente del sector construcción, intensivo en mano de obra que puede revertir en una situación no deseada. En segundo lugar una baja competitividad que incrementará el deficit comercial de bienes y servicios. Y un tercero que es la digestión por parte de las familias de las deudas contraidas en años anteriores. El panorama es de menor renta disponible y en consecuencia menor propensión al consumo. En este nuevo escenario, descenso de exportaciones y reducción del consumo nacional ¿cuantos lustros tardaremos en volver a la situación ideal?
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