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CULTURA

"Borges no fue un hombre feliz", asegura su biógrafo

Borges

Carmen Sigüenza. Madrid.- - 17/05/2007

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El historiador e hispanista Edwin Williamson ha dedicado nueve años a estudiar la vida de Borges, para comprender todas sus facetas y su relación con la vida. Y el resultado es una exhaustiva biografía de la que se deduce que el escritor "no fue un hombre feliz, salvo en los últimos años de su vida".

"Yo creo que si al propio Borges le hubieran preguntado si fue un hombre feliz, él mismo hubiera dicho que no, hasta sus últimos años, cuando encontró a María Kodama, porque en esa época estuvo muy enamorado y se nota en las últimas poesías que no están tan bien estudiadas como El Aleph o Ficciones, y que al leerlas te das cuenta de lo que vivió", explica a Efe este catedrático de Estudios Hispánicos en la Universidad de Oxford y miembro del Exeter College, que está estos días en Madrid.

Borges. Una Vida, editada por Seix Barral, es un volumen de seiscientas páginas, que ha sido muy elogiado y que ha conquistado los parabienes y elogios de críticos como Harold Blomm o de Mario Vargas Llosa, y en donde Williamson sigue un hilo conductor que vertebra toda la biografía: buscar el verdadero yo del mítico escritor argentino.

"La preocupación de Borges durante toda su vida fue la búsqueda de su destino. Él siempre emplea la palabra destino, ya habla de forjarse su propio destino para encontrar la esencia de la persona. Creo que nunca lo encontró, que fue una búsqueda constante en su vida. Al final podemos encontrar en él, una vena espiritual y mística", subraya.

Williamson sigue el análisis de Borges desde sus inicios, desde su época más temprana hasta pocos meses antes de su muerte, en un estudio crítico de su obra que tenía que llevar también añadido una biografía. Algo que no se había hecho antes, según el autor.

Así, Williamson, critico de literatura latinoamericana y experto en Cervantes, divide en tres facetas la transformación y los cambios radicales que experimentó el autor argentino.

"La primera parte -precisa-, es la de un joven Borges, muy presente en la política, apasionado, progresista, antifascista, defensor de la democracia y el liberalismo". "Una segunda fase, marcada en los años 50 y 60, que está marcada por un Borges desilusionado, escéptico, laberíntico, kafkiano, y un último Borges que ya es maduro y tardío, que se siente muy burgués y al que le interesaba el retorno a la poesía, con unos relatos en los que deja más patente su inquietud espiritual", añade.

Estos cambios reflejan los conflictos interiores del escritor, sus torturas y frustraciones amorosas. "Se tiene una imagen de un Borges frío al que le interesan las ideas y no las emociones y es mentira. Sufrió mucho por amor. Amaba mucho a las mujeres, pero no sabía cómo tratarlas. Se intentó suicidar como mínimo en dos ocasiones, y la primera desilusión le llegó por medio de Norah Lange, quien le abandonó en 1928 por un poeta que era su rival, Oliveiro Girondo", explica el biógrafo.

Relación con la política

La relación de Borges con la política y su polémico apoyo a Pinochet, Videla o Franco, sus criticas a García Lorca o a Juan Ramón Jiménez, su relación de amor primero y odio después por las vanguardias y el socialismo son algunos de los aspectos que Williamson analiza.

También estudia la relación con su padre y con su madre, una mujer exigente, católica y muy estricta que vivió hasta que los 99 años. En ese momento, Borges se echó en brazos de María Kodama. "Creo que hasta que se murió su madre no pudo tener una buena relación con las mujeres", matiza el biógrafo.

"No he querido psicoanalizar a Borges, sólo he querido buscar un contexto personal o psicológico para analizar su vida y también he hecho un análisis basado en sus conflictos a través de los símbolos que son tan recurrentes en su obra, como la espada, el tigre, el dragón o el puñal", afirma Williamson.

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