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PUNTO DE VISTA

Un duro Galán, con un presente complicado, dice efusivamente adiós a un 'aristócrata' Oriol

@Jesús García

Jueves, 30 de marzo de 2006

Ignacio Sánchez Galán, el hombre que rompió la paz en el sector; le enfant terrible de las eléctricas, empieza a volar solo en Iberdrola en un momento delicado y especial para la empresa, con su futuro colgado de la brocha de una operación politizada hasta la médula y ahora judicializada hasta los tuétanos.

Galán se ha enterado por la prensa del apoyo del BBVA al aval de Endesa, pero no se ha extrañado, lo que dice mucho. Si ponen el aval -se refiere Galán, ahora, a los de Endesa-, “algo cogeremos”, dice, al tiempo que muestra su confianza en que la juez acabe dando la razón a Gas Natural en esa pugna abierta ahora que puede suponer la suspensión cautelar de la OPA.

Hay que decirle, en cualquier caso, que el que se quede con Endesa será el que pague los platos rotos, los bancos de inversión, los abogados, los avales y lo que se tercie, amén de las indemnizaciones al equipo directivo y gestor.

Volviendo a Iberdrola, la Junta de Accionistas aprueba hoy una macroampliación que le dará músculo financiero para acceder a la compra de activos de Endesa en caso de que se cierre la operación de Gas, algo que cada vez se ve más lejos, y si no, pues nada, será el momento de pensar en nuevos asuntos.

Pero si la Opa de Gas no sale adelante y se cierra la de E.ON, el peligro de ofertas sobre Iberdrola es tan verosímil como previsible, así que entraríamos en un periodo de gran convulsión, aún más si cabe, en el sector.

Todos niegan la existencia de un plan B, aunque si hubiera algo entre Gas Natural e Iberdrola, los actores principales serían otros. Vamos, que no iba a ser muy posible que los de la gasista encabezaran la operación. Su forma de gestionar la OPA sobre Endesa -nos referimos a los cerebros pensantes de la transacción- los debería dejar fuera a corto plazo para nuevas aventuras, aunque en este país en el que nunca existen responsables todo es posible.

De todos modos, Galán ha dado un paso adelante en su gestión al mando de Iberdrola y aunque esté ante el fin de una era como la de Oriol, fructífera y cambiante, la nota de prensa se ha centrado específicamente en los últimos cinco años del consejero delegado en la eléctrica, desde el arranque del plan estratégico. Se ha duplicado el valor hasta superar los 24.000 millones de euros y se han invertido 12.400 millones, con un incremento en el resultado neto de un 62% desde 2001 a 2005.

Es un aviso a navegantes de que el tifón Galán ha llegado y seguramente va a mandar en la empresa con la figura del CEO americano, a lo Alierta, por mucho que las normas de buena gobierno en las que se mira la CNMV sean las británicas, que hablan de consejero delegado y Presidente, independientes uno del otro. Eso parece mucho lío en España o simplemente lo de la independencia no se ve ni por un lado ni por el otro.

Aviso también, o toque de atención muy crítico al Gobierno el de Galán para que actúe con urgencia y reste provisionalidad a sus últimas decisiones regulatorias, abandone el intervencionismo del mercado y sobre todo evite shocks en las cuentas de las empresas que ven peligrar sus previsiones y temen incluso por la calificación crediticia. ¿Está advirtiendo Galán futuras dificultades para cumplir las previsiones fijadas?

Galán ha amenazado con verse obligado a abandonar algunas inversiones. Esta simple llamada de atención es una daga directa a las comunidades autónomas.

Tenemos aún en la retina del ojo la imagen reiterada de Manuel Pizarro y Rafael Vilaseca, pisándose los talones en sus recientes road shows por las distintas comunidades autónomas donde está Endesa garantizando inversiones, puestos de trabajo y todo lo que se tercie con tal de conseguir el preciado apoyo político y darle carácter regional, familiar, cercano a sus actuaciones.

Por cierto, abrazo muy familiar entre Galán y Oriol en plena rueda de prensa, con piropos mutuos. Estamos, aunque parezca mentira, ante una complicada sucesión diseñada con sencillez hace un año ya.

Se va un “aristócrata” del sector eléctrico, el último mohicano, el representante de una saga de eléctricos que cuando llegó a la presidencia de Hidrola en el 84, un ministro de Economía de la época le dijo y “ahora, a buscar un nuevo presidente”. Lo encontró hace un año, un técnico duro, procedente del proceloso mundo de las telecomunicaciones, llamado a pivotar el futuro de Iberdrola en un complicado, politizado y judicializado momento del sector.

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