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EN EXCLUSIVA

Las buenas relaciones del ex ministro con el vicepresidente Solbes y el apoyo de socios tan relevantes como los canadienses de Enbrigde frustran las intenciones del presidente de Repsol.

Carlos Hernanz

Lunes, 04 de abril de 2005

La toma de control en Repsol por parte de La Caixa no ha tenido todos los efectos colaterales que se previeron. Cuatro meses después de que Antoni Brufau se hiciera con la presidencia de la petrolera, el plan estratégico diseñado por el ejecutivo catalán ha hecho agua en CLH, una de sus participadas. El presidente del operador logístico, Miguel Boyer, fue ratificado en el puesto la semana pasada, a pesar del interés inicial por relevarle.

El ex ministro de Economía con Felipe González ha hecho valer sus relaciones en el actual Gobierno para oponerse a la cacicada de Brufau. De acuerdo con fuentes próximas al presidente de CLH, Boyer habló con el vicepresidente económico, Pedro Solbes, para hacerle ver su sorpresa por la decisión unilateral de Repsol (primer accionista de CLH, con un 25%) de apartarle del cargo, al tiempo que le transmitió el malestar de alguno de los socios, caso de los canadienses de Enbridge (con otro 25%), por tal iniciativa.

A finales del mes de enero, Repsol dio por hecho el cambio en la presidencia de CLH. El puesto le había sido adjudicado a Ramón Blanco, consejero delegado de la petrolera con Alfonso Cortina, y a quien Brufau, tras dimitirlo, quiso recompensar con un premio de consolación.

Pero Boyer, que no estaba dispuesto a aceptar resignadamente su suerte, decidió jugar sus cartas, contando con el apoyo de los accionistas del CLH -en especial de los canadienses- contentos con su labor, y la presencia en el Ministerio de Economía de Pedro Solbes.

Formalmente, el cambio de presidente debe contar con el apoyo del 65% del capital como mínimo, lo que obligaba a Brufau a consensuar previamente su decisión con al menos dos de los accionistas principales. Algunos de ellos, caso de Enbridge o China Aviation (con un 5%) llegaron a CLH de la mano del propio Boyer.

Finalmente, el apoyo de los accionistas (entre los cuales se encuentran también Cepsa, Omán Oil, Disa, BP y Galp) ha servido para bloquear la decisión de Brufau en el consejo celebrado el pasado miércoles 30 de marzo. Boyer se queda en la presidencia de CLH, mientras la salida airosa de Blanco queda en el aire.

Pero su cambio no era el único previsto en la sociedad. El número dos, Eduardo Llorens, también tenía los días contados. Su suerte, sin embargo, ha corrido paralela a la de Boyer. El puesto de consejero delegado tampoco ha sido para Ramón Blanco, que de momento ocupa un sillón en el consejo de administración en representación de Repsol.

Desde la semana pasada, otros dos hombres de la petrolera acompañan a Blanco en el máximo órgano de gobierno de CLH. Se trata de Luis Suárez de Lezo (secretario general del consejo de Repsol) y Pedro Fernández Frial (director general de Downstream), en sustitución de Jorge Segrelles y Juan Antonio Ortega.

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