BIOGRAFIA
Natural de Madrid, desde niño fue un gran aficionado al mundo del motor. Comenzó su carrera profesional en la revista Velocidad y desde entonces ha trabajado en Auto Revista, Marca, Motor 16, El Mundo, Race.net, Auto Aventura 4x4 y Marca Motor. Ahora, tras 25 años de profesión, comienza una nueva e interesante etapa como responsable de motor en El Confidencial.
En otras ocasiones hemos denunciado desde esta columna la falta de previsión de las distaintas administraciones a la hora de hacer frente a las inclemencias del tiempo. En la mente de todos aún está muy presente el caos que vivimos en más de media España a principios de 2009 a causa de la nieve.
Entonces, no sólo las vías secundarias o puertos de montaña tuvieron que ser cerrados sino que los accesos a las grandes ciudades y las propias urbes, como en Madrid por ejemplo, se colapsaron porque a nadie se le había ocurrido pensar que aquel frío intenso del 11 de enero iba a cubrir nuestras ciudades con un manto blanco intransitable.
Sólo había que consultar el parte meteorológico pero, claro, nuestros políticos, de uno y de otro lado, se limitaron a echarse la culpa unos a otros del caos, mientras los ciudadanos se aventuraban a emular a suecos y noruegos, con mucha menos preparación claro, sobre las vías nevadas y heladas de toda nuestra geografía.
Sin embargo, ahora tengo que escribir de todo lo contrario. En estos primeros días de 2010 la nieve ha vuelto a hacer acto de presencia en media España, por no decir en toda, pero esta vez ya no nos ha pillado de sorpresa. Y me explico. Al menos en la Comunidad de Madrid la previsión, esta vez sí ha sido la acertada.
Lo primero que me ha llamado la atención es ver que en las principales autovías españolas se han creado aparcamientos invernales para evacuar los automóviles atrapados a causa de las nevadas. Estos grandes aparcamientos, varios a lo largo de las principales autovías, pueden albergar a cientos de coches y sobre todo camiones que no puedan transitar por el corte de la carretera ante estas inclemencias del tiempo, algo que resulta inevitable.
Pero mi sorpresa ante la previsión de las administraciones no queda ahí. También llevo tiempo viendo en puntos estratégicos de estas carreteras a los, en otro momentos desaparecidos, quitanieves. Les daré un ejemplo. El pasado viernes 8 de enero y ante la amenaza de nieve sobre la Comunidad de Madrid, contabilicé una de estas máquinas ´de guardia´ cada 10 km de autovía. Una vez que, y ante la amenaza de nieve o hielo ya habían rociado las vías y las calles con sal. Miles de toneladas que evitarían el colapso y los accidentes. Vamos, lo que no se había evitado un año antes.
La tercera acción que tengo que aplaudir desde estas líneas es la decisión tomada para abrir las autopistas radiales de peaje para evitar que las autovías de acceso a la capital se colapsaran por la amenazante llegada de la nieve. Las carreteras de pago abren sus barreras para dar paso a un gran número de vehículos cuando el tiempo amenaza con lo peor. Y no lo hacen de una manera altruista, claro. A las administraciones les llega en su momento el cargo, pero se soluciona el problema, que es de lo que se trata. Ni que decir tiene que este tipo de vías son las primeras que se limpian cuando el blanco elemento o el hielo hacen acto de presencia.
En definitiva, que hoy no quiero denunciar la mala política de alguna adminsitración sino aplaudir que se haya aprendido del error del año pasado. En la Comunidad de Madrid los políticos nunca se ponen de acuerdo si las vías de acceso a la capital son de la Comunidad, del Ayuntamiento o del Ministerio de Fomento. Sea como fuere, esta vez el que sea sí ha acertado. Esperemos que no se vuelvan a dormir en los laureles.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
2 COMENTARIOS
2 .- Totalmente de acuerdo, al César lo que es del César, esta vez ha sido otra cosa. Nos vamos acostumbrando!
http://www.coches.com
1 .- Si, pues con toda esa previsión, ayer, por la A6, a eso de las 20 horas había que circular a una velocidad máxima de 60 km/h por lo bien que se encontraba la calzada. Con carriles totalmente inutilizados por la acumulación de nieve y otros en un estado, digamos, regular.