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Más ética y democracia contra los abusos del poder y del mercado

James M. Buchanan crisis

@Carlos Sánchez - 24/12/2008

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“Los miembros de una sociedad en la que exista una sólida ética del trabajo tendrán más bienestar material que los de una sociedad en donde esa ética sea débil o no exista”. Así comienza un delicioso opúsculo publicado en 1995 por el Premio Nobel James M. Buchanan, en el que reflexiona sobre el papel de la ética en el progreso económico.

Buchanan, como se sabe, es el referente principal de la llamada teoría de la elección pública, que viene a ser una especie de viaje al interior de los factores que explican el funcionamiento del Estado. El economista estadounidense parte de una hipótesis para su trabajo. El funcionario público se comporta como un ser racional, y, por lógica, tenderá a sacar el máximo provecho de su cargo. Por lo tanto, hará todo lo que esté en su mano para ser reelegido, ya que está convencido de que su continuidad es la mejor garantía para el funcionamiento correcto de las cosas. Llegará, por lo tanto, al extremo de buscar primero el interés propio, y, en segundo lugar, el interés general, toda vez que éste dependerá de su propia reelección. Un caso práctico puede explicar mejor que nada esta teoría.
 
En la segunda mitad de 2007, antes de que la crisis de liquidez se desatara con una virulencia inusitada, la economía española dio los primeros síntomas claros de entrar en la fase descendente del ciclo económico. En particular, como consecuencia del enfriamiento del mercado inmobiliario, que durante los ocho años anteriores había sido el motor del crecimiento. Esa información era pública, y, por lo tanto, suceptible de ser interpretada en términos analíticos. Los gobernantes, sin embargo, optaron por callar esa verdad incómoda, y en su lugar hicieron ver a los ciudadanos que las cosas iban mejor de lo que sugerían los indicadores macroeconómicos adelantados. El  incentivo que explica su comportamiento, en este caso, era ganar las elecciones, y eso puede explicar el error en el diagnóstico que se expuso a la opinión pública. Antepusieron, por lo tanto, su interés propio frente al interés general.

Imaginemos una situación parecida en un centro hospitalario. Un médico sabe que su paciente tiene cáncer, pero dentro del plan de productividad aparece una disposición que vincula su bonus anual al descenso en el número de cánceres diagnosticados, toda vez que eso demostraría que son eficaces los sistemas de prevención puestos en funcionamiento en el propio hospital.

El galeno, si se comporta racionalmente como un agente económico, tenderá a desdramatizar la enfermedad en los casos más inciertos, lo cual será una verdadera faena para el interesado, que estará de frente contra el cáncer cuando se observe el error. Claro está, salvo que la ética del galeno diga lo contrario. Entonces, el médico librará una batalla contra sus propios intereses, y si se mueve por criterios éticos eso le llevará a decir la verdad, aunque vaya contra su cuenta corriente.

Este esquema de pensamiento es inimaginable en el sistema político. El estímulo de la ética no aparece en el ordenamiento jurídico, probablemente porque por definición no puede estar tasada, y eso puede explicar mejor que nada determinados comportamientos de las élites políticas.
La teoría de la elección pública niega que la autorregulación sea suficiente para evitar casos de abuso de poder, y de ahí que se proponga la articulación de mecanismos de fiscalización eficientes con mayor participación de los ciudadanos. En una palabra, mayor democracia. Pero también mayor ética en aras de lograr mayor progreso económico. La verdad ayuda a afrontar antes los problemas, por lo que las medicinas son más eficaces.

¿Alimenta nuestro sistema político esos dos principios? No parece que sea así. La actual crisis económica -no sólo en España- tiene mucho que ver con la ausencia de mecanismos de control, pero no sólo a través de los órganos reguladores. La experiencia más reciente ha demostrado, precisamente, que el incentivo del supervisor es la reelección y el mantenimiento de su estatus social y político, lo que les hace permeables a la influencia del poder. No hace falta enumerar los casos en los que los reguladores atienden a sus propios intereses en lugar del interés general. Y de ahí que sea necesaria una nueva reflexión sobre el papel de los supervisores en un mundo globalizado más allá del tópico que vincula mejor regulación con mayor número de leyes. A lo mejor con sólo avanzar en la ética sería suficiente para acabar con muchos estropicios.

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Opiniones de los lectores (12)

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12. usuario registrado borondes25/12/2008, 13:38 h.

Estupendamente explicado; es una de esas verdades de cajón que no gusta al personal de izquierdas como no les gusta nada que ponga en duda la excelsitud de sus intenciones y el elevado desinterés de sus actos. Nos toman por memos... y actuamos como si lo fuésemos

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11. usuario registrado xyz110625/12/2008, 13:18 h.

Los mecanismos de control existen y estan en mano de los politicos y agentes económicos. Dan de sí lo que dan: demasiado poco.

Es la sociedad quien directamente debe tomar cartas en el asunto y para ello hace falta que el personal mejore su formación en política económica y que los medios de información contribuyan proporcionado información datos relevantes, bien estructurados basados en hechos concretos.

Mientas se siga escribiendo al dictado del poder mal vamos. La capacidad de los medios para intoxicar el sistema es cada dia mas peligroso.

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10. usuario registrado fernandoff25/12/2008, 13:17 h.

no hay que ser un Nobel para comprender que la falta de ética profesional es el causante de toda situación extrema, en este caso ecónomico-político, en el mundo.

En muchas de mis participaciones en estos fors lo he mencionado. He llegado hasta a recibir insultos cuando mis palabras se han interpretado de crítica al PP o al PSOE. Se me ha acusaso de progre o de conservador, según el que percibía e interpretaba mi comentario. Clara señal que cada cual percibimos según los filtros que hemos ido contruyen a lo largo de nuestras respectivas vidas.

¿Será que la ética no ha sido una de las yareas aprendidas en el caso de una gran mayoría? ¿O por el contrario, hemos querido guardar lo aprendido en el baúl de los recuerdos por conveniencia?

Sin ética, ante todo en los gobernante y después en el resto de las ciudadanías del mundos, será imposible salir del espiral negativo en cual se nos ha metidos en el mundo globalizado consumista.

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9. usuario registrado manoto24/12/2008, 17:39 h.



jcrl y Ud ¿tiene solo PIESSSSSS?....cuideselos que no huelan.....

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8. usuario registrado jcr193524/12/2008, 17:26 h.

Las declaraciones efectuadas por el Presidente del Banco de España, a destiempo, cuando Zapatero ya ha sido elegido por segunda vez como Presidente del Gobierno, adolecen de la ética necesaria en alguien que tiene la responsabilidad de vigilar, controlar y advertir sobre lo que está pasando en la vida económica de la Nación.
Decir ahora lo que debió decir antes de las elecciones generales de marzo/08, cuando Zapatero y Solbes mentían lo que querían en los debates y fuera de ellos sobre la situación económica y las tendencias previstas hacia una recesión y un paro galopante y sin freno, dicen muy poco a favor de Fernández Ordóñez como responsable del BE.
Sus palabras en vez de sus omisiones, podrían haber puesto en guardia a muchos ignorantes que votaron con los pies, en vez de hacerlo con la cabeza, pero la ideología y el silencio del socialista Fernández Ordoñez, conocido como "Mafo", facilitó la reelección del Zapatero, el peor presidente que ha tenidoy tien España después de la Guerra Civil y así nos va.
En mi caso particular ya estoy harto de aguantar a estos políticos inútiles que solo buscan su medro personal a costa de su silencio o de lo que sea.

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Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español y trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es subdirector de El Confidencial.

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