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OPINIÓN

Los ricos también sufren la crisis: Manuel Manrique (Sacyr) pone en venta ‘El Santo’

Redacción.-  17/11/2008

Algunos de los invitados al imponente fiestorro que la pareja compuesta Víctor Ruiz-Rubio y Charo Lafita (bodas de plata, cerca de 700 invitados) ofreció a sus amigos el viernes por la noche en los salones del Hotel Palace, no pudieron evitar sorprenderse al ver cómo disfrutaba Manuel Manrique, vicepresidente primero y consejero delegado del grupo Sacyr Vallehermoso, que se lo pasó en grande bebiendo y bailando hasta el amanecer. ¿Olvidar por un rato las penas de la crisis? ¿Pasar página por unas horas de la crítica situación por la que atraviesa su empresa y su fortuna personal?

Porque Manuel Manrique Cecilia, un hombre nacido el 1 de enero de 1954 en Navas de San Juan, un pueblo en plena Sierra Morena caracterizado por sus cuestas empinadas, llegó hace menos de dos años a figurar en la lista de los más ricos del universo mundo hispano, con una fortuna valorada en 1.600 millones de euros, gran parte de la cual estaba en forma de acciones de la constructora que él mismo ayudó a fundar en la segunda mitad de los ochenta junto a sus socios y amigos José Manuel Loureda, Luis del Rivero –un señor de Murcia- y Félix Riezu, todos ellos Ingenieros de Caminos procedentes de Ferrovial.

Manrique, en efecto, controla a través de la sociedad Cymofag un paquete de 25,91 millones de acciones de Sacyr Vallehermoso, representativas del 9,10% de su capital, que, en los mejores días de la constructora en Bolsa, llegaron a estar valoradas en casi 1.350 millones de euros -O tempora o mores!, querido Catilina-, pero que hoy, a cuenta del perro mundo bursátil que tanto daño está haciendo a nuestros millonarios ladrilleros, apenas rozan los 200 millones.

Porque ese es el drama de Manrique, como de la mayor parte de sus socios –excepción hecha, obviamente, de Juan Abelló y Demetrio Carceller, que son ricos de siempre, ricos de los de verdad, no parvenues- en Sacyr. Porque esos 200 millones de euros, una fortuna impresionante para cualquier mortal, puede que no signifique nada para un hombre como Manrique. Aclarémoslo. Un rico cualquiera puede tener 200 millones de euros en acciones de Sacyr y al mismo tiempo deberle al banco 1.000 millones de euros. ¿Resultado? Ese hombre rico es pobre, está arruinado, a pesar de que luzca tipo por las calles de su pueblo o por los salones del Ritz.

Algo de esto le pasa al bueno de Manuel Manrique, un hombre tan inteligente como trabajador, con cierto aspecto de no haber terminado por sacudirse del todo el pelo de la dehesa. La prueba más clara de las dificultades por las que atraviesa es que no ha tenido más remedio que poner a la venta la fabulosa finca ‘El Santo’, alrededor de mil hectáreas localizadas al oeste de la Comunidad de Madrid, que había comprado a primeros de 2007, todavía en plena grandeur del ladrillo, y por la que había pagado 8.000 millones de las antiguas pesetas, a razón de unos impresionantes y del todo punto desorbitados 8 millones de pesetas por hectárea, cuando el precio medio de una buena finca de caza mayor está por menos de la mitad. ¡Caprichos de ricos!

La finca ‘El Santo’ –con maravilloso casoplón ad hoc, en realidad un palacio en toda regla-, que se extiende por los municipios madrileños de Aldea del Fresno, Navas del Rey y Chapinería, fue la herencia que el general Martínez Campos, restaurador de la monarquía de Alfonso XII, dejó a sus herederos. La última propietaria fue su nieta, Dolores Martínez Campos, marquesa de Viesca de la Sierra, que estuvo casada con Juan Herrera Fernández (Banesto, Petromed y otras). Una finca, pues, con historia, con tronío, razón quizá que explica por qué Manrique, un hombre del pueblo nacido en un pueblo de Sierra Morena, estuvo dispuesto a pagar todo el oro del mundo por ella. Por desgracia, la realidad es que quien pagó aquella fabulosa suma por ‘El Santo’ fue el banco. Por eso lo vende.   

 

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