publicidad

Ir a www.cotizalia.com Ir a www.vanitatis.com

Logo de El Confidencial
2.450.000 lectores influyentes
Tecnología     Salud  Fórmula 1

Miércoles, 30 de diciembre de 2009

España Comunicación Cultura Mundo Sociedad
Con Lupa Al Grano Mientras Tanto Dos Palabras Sin enmienda Fuera de Gobierno Valor del Derecho El Confidente
Hoteles Gastronomía Viajes Arte Libros Música La mochila de Kike Cuaderno Matoses
Foro Foro Foro Interno El Café

TENDENCIASCerrar el bloque

CULTURA Y PODER

Hacer el amor... y luego contarlo

Gabriela Wiener Sexografías

@Esteban Hernández.- . - 18/06/2008

Deja tu comentario (0)

Valorado (4/5)Valorado (4/5)Valorado (4/5)Valorado (4/5)Valorado (4/5) (4/5 | 1 voto)

Las biografías sexuales son un género que parece haberse puesto de moda y especialmente entre ellas. Primero fue Testo Yonqui, de Beatriz Preciado, donde se mezclaban sexo duro y filosofía de última generación, ahora le llega el turno a Sexografías, de Gabriela Wiener (Melusina editorial), compilación de reportajes periodísticos en los que la autora refleja una peculiar entrega a la profesión. Aquí la realidad no aparece en forma de guerras de las que ha de darse cuenta, de intereses ocultos que salen a la luz o de corrupciones de los poderes públicos por fin al descubierto; lo que hace Wiener es pisar territorios de riesgo, caso de cárceles, o de deseo, caso de los clubes de intercambio, y contar lo que ve (y, en algunos casos, siente). Así, visitaremos con ella cárceles limeñas nada seguras, conoceremos a un hombre con siete esposas, a transexuales peculiares y a Nacho Vidal en la intimidad, transitaremos por el Bois de Boulogne para convivir con prostitutas y travestis y sabremos qué ocurre en los clubes de intercambio de parejas.

La esencia de sus historias, por lo tanto, está mucho más en la persona que las narra que en lo narrado. Así como en el cine es cada vez más frecuente que el documentalista se sitúe en primer plano, también en el reportaje periodístico parece haber una mayor exigencia de participación, como si para narrar la realidad hubiera que implicarse a fondo. Así lo cree Wiener. Y con ese propósito trata de mezclar “el reportaje con las memorias, el diario, la confesión o la autobiografía. En ese sentido, me interesa más un libro de no ficción como El año del pensamiento mágico de Joan Didion o un cómic autobiográfico como Fun Home o a una experiencia como la de Beatriz Preciado en Testo yonqui que las magníficas historias de Kapuscinski. Crónica viene de corpus, cuerpo. Muy difícilmente podría hacer esta especie de periodismo de inmersión sin que mi cuerpo participe de ello. La mía es una escritura sobre el cuerpo y con el cuerpo”.

Lo que ocurre es que Gabriela Wiener aplica esas técnicas a territorios poco usuales. Y, en muchos casos polémicos, ya que la autora nos muestra espacios que tienen lugar muy lejos de nuestra normalidad, fascinada como parece por lo inusual y lo bizarro, por los comportamientos transgresores, por la diferencia radical. Claro que, desde su perspectiva, las cosas se ven de otra manera, en tanto no dice sentirse atraída por un submundo más o menos tétrico o peligroso sino “por las personas reales. Es la realidad la que resulta radical, no la he inventado yo”.

Literatura desinhibida

Uno de los capítulos más comentados de Sexografías es aquel en el que la autora y su marido acuden a un club de intercambio de parejas buscando nuevas experiencias. Wiener no ahorra detalle de esa noche, haciendo literatura desinhibida con experiencias habitualmente inconfesadas. Cabe preguntarse, pues, si la autora debe la fama entre sus compañeros de profesión (Rodrigo Fresán, Rosa Montero, Juan Bonilla o Santiago Roncagliolo la alaban públicamente, mientras que Javier Calvo ha prolongado el texto) a este tipo de relatos.

“No escribo para mis compañeros de profesión”, asegura Wiener. “Puede que sea la clase de artículos que hace que una legión de calentorros, vengan o no vengan de la literatura, piense: qué libertina es esta chica o me lo quiero hacer con ella. Pero creo que también hay gente que lo leerá porque le interesa el discurso y la práctica de una tribu, todavía muy desconocida, como son los swingers. Y habrá otra gente a la que simplemente le interesará la historia de una pareja de chico/chica que quieren experimentar, van a un club, se sienten estúpidos, etc...”.

Sin embargo, en Sexografías no siempre hay lo que se promete. Fue así en el caso del encuentro con la estrella del porno Nacho Vidal, uno de esos personajes peculiares que pueblan nuestra geografía de la fama. Si el lector estaba esperando lo que era de imaginar, saldrá decepcionado; en su lugar, hallará un retrato sentimental de un tipo que se confiesa maltratado por su esposa y una descripción afectiva de alguien que está pensando de continuo en el sexo. Lo que resulta llamativo, toda vez que¿quién va a ver a Nacho Vidal para tener una conversación sobre filosofía o para escucharle sus penas? “A ver, Nacho es un ser con pene, pero también con penas”, asegura la autora. “No veo por qué tendría que centrarme en lo que siempre se espera de él. Es decir, cuando escribo no pienso en complacer al lector o en darle cosas predecibles”.

Gabriela Wiener es, y así lo recuerda en su libro, hija de marxistas. Esta desinhibición sexual pública, ¿es un ejemplo de lo que puede llegar a hacer la educación roja en las personas? ¿Llegaremos a eso en España con Educación para la ciudadanía? “Soy hija de marxista, sí, pero también de las teleseries americanas de los ochenta. Desde luego soy producto de mi educación. En mi colegio filo soviético como mucho se hablaba de educación sexual (en realidad eran clases de anatomía), aunque nunca de sexo, ni de orgasmos, ni de lesbianas. Si yo escribo libros sobre sexo no me quiero imaginar lo que harán los pobres niños que recibieron una educación de otro color (¿de qué color son los ultraconservadores?), en colegios donde debían darse de golpes en el pecho por masturbarse. Y eso si no los sometían a abusos. Afortunadamente la educación se adquiere la mayoría de las veces fuera de las aulas. Me consuela saber que siempre existirá la mala (buena) educación”.

Y, claro está, además del sexo, tampoco podían faltar en el libro las drogas. Aunque también desde una perspectiva peculiar. La autora nos cuenta las vicisitudes que hubo de pasar para poder experimentar con la ayahuasca, una droga peligrosa con aire místico… y todo para acabar citando a Borges. Quizá porque la literatura sea su droga purificadora: “Para eso tengo otras drogas mejores. Ahora mismo mi hija es lo más purificador. La literatura, si fuera una droga, sería de las chungas: engancha, satisface y en algunos casos te puede dejar tonto”.

Valorado (4/5)Valorado (4/5)Valorado (4/5)Valorado (4/5)Valorado (4/5) (4/5 | 1 voto)

rss RSS   

 Delicious   

 Technorati   

 Fresqui   

 Menéame   

¿Qué es esto?

Opiniones de los lectores (0)

Deja tu comentario

El equipo de redacción revisará las opiniones para evitar la difusión de comentarios no apropiados o insultos. El horario del foro es de 07:00 a 23:00 h. Fuera de ese horario no se incluirán opiniones.


los más leidos los más leidos los más comentados los más enviados

Todos los derechos reservados © Prohibida la reproducción total o parcial

Auditado por Ojd