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El escritor José Luis Galar ambienta en Canfranc 'La frontera dormida', una novela sobre la vanidad

Europa Press. Huesca.- 03/02/2008

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La trama de 'La frontera dormida', la quinta novela de José Luis Galar (Zaragoza, 1965), se inicia con el hallazgo de una alijo de arte en Canfranc Estación, "una cueva de Alí Babá", según dice uno de los personaje. La 'cueva' es destapada antes de morir por un anciano vecino del municipio altoaragonés, Germán Horno, que años atrás había sido Herman Horn, capitán de las SS al mando de la zona gala de la frontera, ocupada por los nazis en los años 1942 y 1943.

Junto a las obras de arte, el viejo ex capitán custodia unos documentos en los que se desvela la implicación de organismos y particulares que se enriquecieron con el expolio que efectuaron los nazis.

Galar insiste en que su obra es "pura ficción", un "thriller histórico", con la loable pretensión de "entretener al lector". Pero no por ello deja de tener un fondo histórico, como es el hecho de que el ejército nazi ocupara la zona francesa de la estación y que por ella pasara 'oro nazi' con el que el régimen de Hitler pagaba, entre otras cosas, el wolframio de las minas de Teruel, como se supo en el año 2000, tras el hallazgo de unos documentos donde se registraban estas transacciones.

Una historia que el novelista no podía desaprovechar. "El tema de los nazis es fascinante, desde el punto de vista cinematográfico y novelístico. Cuando yo, que soy de la zona y voy frecuentemente a Canfranc, leo que allí hubo nazis y que ondeó su bandera en el andén francés, me quedo realmente muy sorprendido", señaló Galar en una entrevista concedida a Europa Press.

En ese tiempo, Galar trabajaba sobre un cuadro (también ficticio) del pintor holandés del siglo XVII Vermeer Van Delft, "entonces vi que podía encajar mis ganas de escribir sobre este pintor, sobre arte, falsificación y el tráfico de arte proveniente del expolio nazi y ubicarlo en Canfranc".

Galar podría haber situado el hallazgo de los cuadros en cualquier punto de la Francia ocupada o descubierto un zulo en Alemania, "similar al que se descubrió cuando atraparon a Goering". "Pero me pareció más interesante situarlo en Canfranc, por mi cercanía y porque como aragonés que soy quiero colocar, en la medida de mi humilde posibilidad, el territorio aragonés en novelas de espionaje".

Nueva York, París, Praga o Moscú, son escenarios habituales de las tramas de espionaje. Ahora Canfranc aparecía como un espacio ideal "donde convivían espías alemanes, GESTAPO, oficiales de las SS, camioneros suizos, gentes del pueblo, carabineros, guardia civil... un 'tótem revolutum' de lo más atractivo".

Canfranc despierta la fascinación de la guerra vivida lejos de los frente de guerra. "No me interesa el frente, pretendo tomar escenarios donde no hay frente. El atractivo de la frontera de Canfranc es que allí había 'nazis de salón', con toda su maldad pero de salón". Este es el caso del Capitán Ron de la novela, "un personaje que no se sabe bien como definirlo: un oficial de las SS pero al mismo tiempo un tipo culto, reclutado por obligación y que acaba allí casi por azar".

Pero Canfranc sólo es el germen, el origen de una narración que luego se desarrolla en Lisboa, Toulouse, Roma o París, "busco escenarios atractivos donde el lector pueda disfrutar con su paseo por las calles", agregó el autor.

La historia deja huecos en blanco que el novelista recoge y se inicia un trabajo de investigación, elucubración e imaginación. La mezcla de estos ingredientes es lo que caracteriza a cada autor. "Yo opino que el novelista debe novelar, y lo digo sin animo de desprestigiar sino todo o contrario. El novelista debe inventar y fabular", sentenció.

"Este thriller histórico fábula sobre 'lo que pudo haber sido y no fue', como dice el bolero, o de lo que fue y no pudo haber sido o de lo que fue y no sabemos. El novelista debe fabular", opinó Galar, aunque con limitaciones, "para escribir sobre ambientes, como pretendo en Canfranc, hay que indagar en las fuentes que tengas a mano, casi siempre fuentes secundarias, libros, documentos, artículos periodísticos..."

Después hay que documentarse en los métodos y las técnicas, este fue uno de los momentos "más interesantes" para el autor en la cocina de 'La frontera dormida'. "Estuve trabajando con la Policía Científica de Madrid, en el complejo de Canillas, con una inspectora extraordinaria, que me introdujo en el arte forense, lo suficiente para poder escribir sobre Vermeer desde un punta de vista forense: descubrir si un cuadro es falso, si la firma se añadió después o no, si hay algo debajo mirando con un espectrógrafo de masas. Ese momento en la documentación fue una de las experiencias más interesantes".

Y de esa inspectora extraordinaria de Canillas nace uno de los personajes de la novela. "Se puede decir que inspira a la inspectora Rot, una mujer discreta y trabajadora. Un lector me comentó que leyendo el libro te quedas con ganas de saber más de la vida de esta inspectora".

Otro personaje secundario, Norberto, en un momento de la obra opina e ironiza: "Hay muchas novelas sobre el asunto: obras sobre arte desaparecido, códigos secretos que contienen la llave de la sabiduría", "un guiño al lector", apuntó Galar, "se vierten chorros de tinta sobre espionaje, tramas, fronteras pero esos chorros de tinta luego hay que transformarlos. Al final, todos escribimos sobre cosas que están ahí".

Sesenta años

Tras el hallazgo de la cueva, surgen desde diferentes partes del mundo personas interesadas en que las obras y los documentos que llevan más de 60 años escondidos no salgan a la luz, entre ellos una sociedad de herederos del nazismo, herederos de la resistencia, el Vaticano o el Mosad.

"La novela es una pura ficción, dijo el autor, pero en el acto de fabular, imaginas, y es lógico pensar que no es fácil que salgan a la luz unos cuadros que fueron expoliados y sobre los que las casas de seguros han tenido que indemnizar, o sobre los que no se sabe quién es el legítimo dueño".

"Luego están los descendientes de jerarcas nazis que posiblemente repudien el nazismo y ni siquiera estén enterados de lo que sucedió o de dónde proceden las fortunas familiares. Sería muy injusto atribuirle a un hijo los deseos o los defectos de los padres, pero otro podrá recriminarle el origen de su dinero; es un arma de doble filo. Por otra parte, el Mosad está enormemente ocupado por todas esas cuestiones", agregó el escritor.

El pecado que mueve el mundo

En 'La frontera dormida', editada por Destino, se suceden ciudades y personajes. Protagonizada por la asesora Patricia Hernando, deja espacio a la coralidad, a una multitud de individuos movidos por fuertes impulsos, como la vanidad y la venganza. "Siempre he creído que la vanidad es el peor de los pecados capitales: el pecado que mueve al mundo. El ser humano es absolutamente ególatra, unos en mayor medida que otros, y su elemento es la vanidad. Una vez cometida la gula o la lujuria corren a contarlo, la vanidad es el gran pecado", explicó José Luis Galar.

"Esta es una novela sobre la vanidad", añadió, "es un motor, son pulsiones fortísimas. Posiblemente, tener un poco de vanidad sea necesario, un síntoma de autoestima. Pero cuando se engorda se convierte en una vanidad enfermiza, un ego hipertrofiado" es el mal que sufren algunos de los personajes.

Quizá Teruel

José Luis Galar no cree que vuelva novelísticamente a Canfranc, "en estos momentos tengo otra obra terminada y estoy trabajando en otra novela de intriga y espionaje, pero Canfranc para mi está agotado, hay otros escenarios, incluso dentro de Aragón".

Su anterior novela, 'La red del pescador' está ambientada en Zaragoza; esta última busca su escenario en tierras oscenses, "un periodista me comentaba que quizá debería ubicar mi próxima historia en la provincia de Teruel, me pareció ingenioso, así que lo pensaré".

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