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OPINIÓN
ALMA CORAZÓN Y VIDA ,  Juan Perea

Jaulas de oro

BIOGRAFÍA

Alma, corazón y vida es parte de un camino: el emprendido por Juan Perea –economista, máster por Columbia y lector impenitente- en la búsqueda del conocimiento de sí mismo y de los demás. Blog de historias personales y de las lecciones que de las mismas se desprenden. Punto de encuentro de todos aquellos que saben que lo aparente es sólo una mínima parte de la Verdad.

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Juan Perea - 02/02/2010

Me gusta el momento en el que mis hijos salen del colegio y yo les recojo. Su expresión refleja cómo les ha ido durante el día. Están abiertos a contarte lo que más les ha impresionado y lo que de verdad han aprendido. Esto último siempre va asociado a una emoción. Hace unos días y en una de esas ocasiones, mi segunda hija me contó que le había sorprendido mucho un comentario de su amigo Andrés. Este compañero había oído que mucha gente estaba comprándose casas totalmente fortificadas. La intención de sus dueños era protegerse ante un eventual intento de asalto de su vivienda y aislarse de todo contacto con el exterior para no verse afectados por una posible epidemia. El búnker estaría perfectamente pertrechado para posibilitar la supervivencia de sus ocupantes durante varios meses, sin necesidad de salir al exterior.

 

Tras el relato del episodio, mi hija me preguntó: “¿Tú construirías algo así para que viviésemos seguros?”. Me asusté al percatarme del nivel de ansiedad que genera la persistente lluvia de malas noticias que cae sobre nosotros. Cuando no desayunamos con una nueva catástrofe natural, otra guerra o un terrible accidente, lo hacemos con la crónica de asaltos a viviendas y comercios o con la alerta sobre una posible pandemia  cuya causa se desconoce. Mi respuesta fue rápida y poco reflexionada. Contesté: “No. No me gustaría vivir en un mundo donde la supervivencia se lograse evitando el contacto con los demás y tampoco quiero eso para vosotros”. Mano de santo. Ella exclamó: “¡Claro! A mí tampoco”.

 

Desde entonces mi imaginación ha vuelto varias veces a crear la representación de un paisaje plagado de ‘viviendas-burbuja’ donde la relación entre los individuos es mínima. De esas moradas y de otros edificios saldrían seres humanos con miradas perdidas y sin contacto alguno entre ellos. De esa manera se dirigirían a sus centros de trabajo. Pensando sobre esa imagen, me di cuenta de que la realidad no está lejos de mi figuración. Basta con echar un vistazo a nuestro modo de vida.

 

A medida que progresamos económicamente, vamos añadiendo elementos a nuestros hogares que hacen que salir a la calle sea cada vez menos necesario. Al chalet, al piso o a la comunidad, le incorporamos sala de cine, bar, piscina (ahora ya con cubierta si está al aire libre e incluso con olas), pistas para practicar distintos deportes (desde tenis hasta ‘putting green’ en el jardín), gimnasio, capilla, sauna, hidromasaje, y un etcétera que aumenta a medida que engorda la cuenta corriente o la deuda con el banco. Hay quienes incluyen discoteca y taller mecánico en el garaje. Los más pudientes y amantes de la extrema seguridad, suman a lo anterior ‘habitación del pánico’ y refugio nuclear. Bienvenido a la auténtica ‘república independiente de tu casa’.

 

Todo ello lo hacemos no tanto como símbolo de estatus sino más bien como modo de aislarnos del exterior, de los demás seres humanos. Es el resultado de una afección de nuestro tiempo: la alergia al otro. Hay que protegerse de nuestros semejantes, no vaya a ser que se nos pegue algo, pues, como de todos es sabido, el mal siempre viene de fuera. Nos vamos encerrando cada vez más en auténticas jaulas de oro. En ellas disfrutamos de todo el confort que nos ofrece la ‘híper modernidad’ y evitamos la excesiva acumulación de humanidad que se produce en las ciudades, especialmente en sus calles más populosas. Las nuevas tecnologías actúan como acelerador de esta nueva forma de clausura, al permitirnos contactar virtualmente con conocidos y desconocidos, amigos y enemigos.

 

No hay tregua: la desconfianza sigue en aumento

 

En nuestro país, esta transformación ha ocurrido especialmente desde la segunda mitad de los noventa y se ha frenado con la actual crisis. En otras naciones más avanzadas, el proceso empezó varios años antes. Pero no nos sentimos más seguros. El mayor aislamiento ha producido el efecto contrario, y el germen de la desconfianza no ha hecho más que crecer. Piolín tiene de todo en su pajarera pero sabe que Silvestre siempre está al acecho. Ya no saludamos al vecino, ni siquiera al encontrarnos en el ascensor. Los demás nos producen un creciente repelús y no reparamos en que para ellos, el otro soy yo.

 

Hemos cultivado los bacilos de la precaución, la sospecha y el de la supuesta comodidad con gran mimo y esfuerzo. Hemos pagado caro por ellos, como demuestran los niveles de endeudamiento de las familias. Al incubarlos han atacado nuestra naturaleza de seres sociales. La enfermedad ha aparecido y ha progresado rápidamente. Su síntoma más evidente es la apatía, la falta de vitalidad que se aprecia en gran parte de la población. Hay otros, como la mirada triste y recelosa, el gesto adusto y agresivo, el cuerpo achacoso y cansado, la falta de expresividad, el decaimiento y, sobre todo, un nivel bajo de alegría.

 

Dice el refrán que a grandes males, grandes remedios. Curiosamente, la dolencia que nos aqueja tiene un sencillo remedio: ofrecer al semejante un gesto amable, una sonrisa y, cuando sea posible, un largo, relajado y reconfortante abrazo. Es difícil al principio pues las barreras (timidez, complejos, creencias y normas sociales) parecen insalvables. A medida que practicamos, experimentamos efectos muy saludables. El placer de abrirse al mundo aumenta las ganas de vivir.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 36 COMENTARIOS

36 .- Totalmente de acuerdo contigo Juan. Pero hay algo que no debemos olvidar. La ansiedad que va y viene con nuestros hijos al colegio, va en función de de la ansiedad que albergamos los padres. Nuestros hijos también captan en nuestro semblante las emociones que ellos ocasionan con sus dudas, reflexiones o inquietudes. Mucho cuidado, no vaya a ser que seamos nosotros los que, desde nuestra lucha por un mundo mejor, no dejemos a nuestros hijos disfrutar del que les ha tocado vivir.

beatli

35 .- Si tenemos miedo "al otro", en realidad ¿a quién tenemos miedo?.
Si nos protegemos de los otros, en realidad ¿de quién nos protegemos?. Estoy muy de acuerdo con el contenido del artículo y mi aportación vá un poco más allá. Tenemos miedo y nos protegemos de nosotros mismos. Nos repele mirar en nuestro interior y por eso no podemos mirar a los demas.
Da igual tener mucho dinero o poco, ser consejero delegado de una gran multiancional o desmpleado en la cola del paro, tener 80 o 17 años. Si brillamos dentro de nosotros haremos brillar, como una bombilla ilumina, todo nuestro alrededor. Pero esta es la tarea más complicada del ser humano y a menudo se emplea toda una existencia en conseguirlo. Se trata de la vida. Darse cuenta desde nuestro interior ya es un gran paso , quizás el primero, los siguientes vienen tras la inercia generada por él. ¡¡Adelante!!

Txiki Zabala

34 .- #29 Yo es que como soy una gárgola muy chusca, me quito las bragas a pedos, y estos hacen buenas burbujitas.....

Marta prepáreme el baño que voy pallá......

Oig que mala es la envidia.....hay aquí unos cuantos que no entienden nada de jacuzzis....

pectos

33 .- Hola compañeros, aquí de vuelta. Al hilo creo que el articulo da para una reflexión sobre como una tendencia materialista, más o menos, nos ha llevado a crear una burbuja emocional, unas corazas y unos miedos que nos impiden relacionarnos o se nos ha olvidado lo que aporta. El ejemplo es llamar "cursi" a la sensibilidad o dar por hecho que solo la "deben" tener las mujeres. Si nos comunicáramos con más cariño y comprensión y con más amor seríamos infinitamente más felices.

ELIAMARIA

32 .- Este foro se llama Alma,corazón y vida. Se entiende que los que aquí entramos, nos resulta interesantes, estimulantes y placenteros los artículos relacionados. Por lo tanto no entiendo como unos foreros menosprecia los participantes por ser o no mujeres. Cada uno elige donde quiere entrar, donde quiere opinar pero pienso que es importante aportar algo, un granito relacionado con el artículo. Me parece estupendo que haya un foro semejante en un medio como EC, al margen de las noticias de bolsa y económia en general, que también es genial. Da variedad a los foros. También es válido hablar de la vida, nos incumbe a todos aunque no lo queremos reconocer. Por ser hombre, no significa que no tengan sensibilidad en estos temas, creo que tenéis mucho que decir. Debe ser posible montar un foro sin que sea nombrado como cursí lo que allí se escribe. Sobre todo cuando el tema toca la sensibilidad y buscar los porqúes de las cosas que nos rodean. Lo principal es aportar, no insultar.

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