No todo es culpa del metabolismo

Este es el verdadero motivo por el que ganas peso cuando envejeces

Cuando llegas a los 30 se ven los primeros cambios, a los 40 el fenómeno es evidente. Hay una razón por la que engordas con los años y la buena noticia es que se puede revertir

Foto: Una preocupación muy común. (iStock)
Una preocupación muy común. (iStock)

Llega sin darnos cuenta: en un determinado momento, sin que nuestra dieta haya sufrido modificaciones, descubrimos que nuestro cuerpo empieza a acumular grasa de manera mucho más evidente y en zonas hasta entonces inesperadas.

Buena parte de la culpa se le achaca al recurrente metabolismo. La periodista científica Erin Brodwin, colaboradora habitual de publicaciones como ‘Scientific American’, ‘Popular Science’, ‘Newsweek’ y ‘Bussiness Insider’ quiere desmentir este lugar común.

La aceleración del metabolismo que se consigue con la ingesta de ciertos alimentos es mucho menor que la prometida por las dietas milagro

Las noticias son buenas pues, a fin de cuentas, con un cambio de hábitos se puede revertir esta consecuencia de la edad. Pero antes de abordar las verdaderas causas de la ganancia de peso, Brodwin nos invita a entender las verdades del metabolismo con el fin de no confiar toda nuestra intención de adelgazar a la supuesta optimización de este proceso de nuestro organismo.

Cómo quema grasa nuestro cuerpo

La tasa metabólica de reposo es la medida que expresa cuánta energía gastamos cuando estamos en pleno reposo. Esta magnitud tiene mucho que ver con una combinación de factores como la estatura, el sexo y la herencia genética. Para Brodwin, la realidad es que no podemos casi modificarla, aunque no por ello debemos darlo todo por perdido. Existen, sin embargo, tres fases dentro del metabolismo que sí se pueden alterar en función de los hábitos que adoptemos.

A la hora de quemar calorías, tu corazón o tus pulmones cuentan más que los bíceps. Mejor, por tanto, practicar deportes aeróbicos

Durante el propio proceso de digestión se queman alrededor del 10% de todas las calorías ingeridas. Se trata del llamado efecto térmico de los alimentos. Recurrir a bebidas estimulantes como el café, incluir ingredientes picantes, o practicar un régimen rico en proteínas permite potenciar las consecuencias de este procedimiento, pero no tanto como se defiende desde la perspectiva de ciertas dietas milagro: “Ingerir alimentos como guindillas, cafeína o té verde no ayuda a perder kilos que sobran”, se asegura en una entrada de la ‘Enciclopedia Ilustrada de Salud’. “Algunos de ellos pueden provocar una ligera aceleración del metabolismo, pero no la suficiente para marcar una diferencia significativa en el peso”.

Muévete

Para Brodwin, el verdadero motivo por el que ganamos kilos hay que encontrarlo en una razón muy elemental: “Según envejecemos, nos vamos volviendo mucho menos activos”.

Los mecanismos para el control del apetito y la activación de la saciedad en el cerebro funcionan peor con el paso de los años

Sin darnos cuenta acabamos pasando más tiempo sentados, sustituyendo el ascensor por las escaleras o usando más veces el coche para movernos. Lo fundamental es incluir la actividad física en nuestra vida. Se activa así la segunda fase conocida como ‘physical-activity expenditure’, pero no solo. La quema de calorías va más allá del ejercicio y durante la recuperación, el proceso continúa durante un tiempo limitado (tercera fase).

No obstante, no todos los ejercicios tienen las mismas repercusiones. De hecho, la propia ‘Enciclopedia Ilustrada de Salud’ intenta deshacer el mito de que las actividades de musculación son un buen aliado de la pérdida de peso. A la hora de quemar calorías incluso tu cerebro, tu corazón, rus riñones o tus pulmones cuentan más que los propios biceps. Por este motivo, los ejercicios de musculación pueden ser buenos a la hora de ganar agilidad y flexibilidad, pero para adelgazar resultan mucho más eficientes los deportes aeróbicos (ciclismo, carrera a pie, natación, remo, etc.).

Tomar mayor conciencia de lo que comemos

Además de existir un descenso en la actividad física cuando envejecemos, la percepción sobre lo que comemos también se modifica. Los mecanismos para el control del apetito y la activación de la sensación de saciedad en el cerebro acaban funcionando peor con el paso de los años.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Masticar más y comer más despacio son dos técnicas que dan a nuestra mente más tiempo para asimilar aquello que se ha ingerido. Si necesitas alguna ayuda extra para controlar los excesos puedes recurrir a este sorprendente truco que te obligará a consumir menores cantidades de alimentos.

Alma, Corazón, Vida

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