el mercado laboral

Eres viejo y ya no vales para trabajar: "Que al menos me dejen fregar platos"

Hay un millón de parados mayores de 50 años y casi todos han perdido la esperanza de encontrar trabajo, aunque cada vez más empresarios ponen en valor sus capacidades y su 'oficio'

Foto: Un trabajador de cierta edad, en una fábrica. (iStock)
Un trabajador de cierta edad, en una fábrica. (iStock)

A los números hay que ponerles cara, nombre y apellido, dice una máxima habitual en periodismo y en política. Son personas de carne y hueso, no estadísticas. Las cifras dicen que en España hay casi un millón de desempleados mayores de 50 años. Que cerca del 75% lo son de larga duración. Que siete de cada 10 han perdido la esperanza de encontrar algún día su lugar bajo el sol y que casi la mitad sigue teniendo hipotecas o hijos a su cargo. La cara, entre otros muchos, la pone Jorge Rodríguez, administrativo residente en Gavá (Barcelona), 57 años, parado desde 2012: “Ya no tengo la cabeza para aprender ruso ni chino, nadie me va a coger, eso ya lo sé yo”.

"Quien cree que es viejo es que realmente es viejo. Es la profecía autocumplida. Con más de 55, aunque no tengas una carrera profesional exitosa o estudios, puedes ofrecer un oficio bien desarrollado. Quien considera que ha entrado en vía muerta, es que realmente ha entrado en vía muerta", es el diagnóstico de Alfonso Villarroel, experto en procesos de selección de personal. En su opinión, la manera de estas personas de entrar de nuevo en la rueda laboral es poner en valor que saben hacer algo y lo saben hacer bien por los muchos años que llevan haciéndolo. Es decir, olvidarse de las estadísticas y quedarse solo con la parte de carne y hueso. Aunque Villarroel concede que el que se encuentra en esa franja de edad y "proviene de culturas empresariales de oficina de compañías muy grandes, ese sí que lo va a tener difícil porque no va a saber desconectar de ese modo de hacer las cosas tan específico".

Es la profecía autocumplida: quien considera que ha entrado en vía muerta, es que realmente ha entrado en vía muerta

"Parece que nadie te quiere cuando estás mayor, y yo, encima, sumo a eso que estoy un poco sordo", replica Faustino, camarero y cerrajero —dependiendo de la racha— de 58 años. Este madrileño está a punto de tirar la toalla y es uno de aquellos perfiles que se consideran ya en peligro de exclusión social. "Que me dejen fregar platos, por lo menos, para pagar un alquiler y comer caliente", suplica.

Pero no todos los casos son de desesperanza. Heli, con 59 años, consiguió trabajo. Y eso que llevaba ocho en paro. "Estar ocupada hace que me adapte mucho mejor a otras cuestiones de la edad", dice esta mujer a la Fundación Adecco, autora del estudio que desvela que el "90% de las personas por encima de 55 años achacan sus dificultades en el mundo laboral a su edad". Heli ocupa un puesto de cuidadora de comedor.

"¡Ojalá mi hijo se vaya de casa!"

Por ejemplo, Jorge Rodríguez, en paro desde 2012, cuando lo echaron de una empresa en la que llevaba más de 10 años como oficinista: "Los empresarios son muy suyos, quieren experiencia, pero no quieren gente mayor. Pues que se aclaren: o una cosa o la otra, En mi sector, el de la electricidad, ahora contratan a ingenieros como administrativos. No se fían de los mayores". Rodríguez cobra el subsidio de 426 euros, paga una hipoteca de 619 y tiene hijos a su cargo. Aunque con una peculiaridad: su hijo mayor sí trabaja, "pero me lo tengo yo que comer con churros. Le pago la comida, le pago bebida y le pago la novia... Bueno, la novia no, porque no tiene. ¡Ojalá la tuviera y se fuera de casa!".

Este hombre se lamenta de que solo le ofrecen puestos de conserje "y cosas así, y yo no quiero trabajar de eso". Su mujer, de 56 años, nunca trabajó. Ahora sí lo hace. "No queda más remedio", comenta. Ahora trabaja dos horas diarias limpiando casas. "Lo malo es que en ese sector ni cotizas ni nada", comenta Rodríguez, que de vez en cuando encuentra "chapucillas" como una sustitución por la baja por maternidad de una chica.

En Alemania u Holanda son más flexibles, hasta el punto de que quieren específicamente gente mayor para cosas concretas

Faustino nunca lo ha tenido sencillo: "Ni me acuerdo de la última vez que encontré un trabajo normal. Hago suplencias de camarero y eso. Hace poco, puse unas barandillas en Valencia, pero nada más que era en el hueco del ascensor en una casa de seis pisos. Muy poco. Cobro el subsidio y pago 350 de alquiler en Perales del Río". En su caso, no tiene cargas familiares: "¡No tengo hijos y menos mal, porque entonces no sé qué podría hacer!".

El consejo de Villarroel, que concede que puede haber empresarios que penalizan la edad por puro prejuicio, es "llevar la edad con confianza, aunque es verdad que puede penalizarte, pero ellos se lo pierden. Esto pasa especialmente en España. Por ejemplo, en Alemania u Holanda no pasa lo mismo. Allí son más flexibles, hasta el punto de que quieren específicamente gente mayor para determinadas cosas que exigen experiencia". Para el experto en Recursos Humanos, las personas de cierta edad deben interiorizar que "si deben volver a pasar por determinadas cosas, tendrán que hacerlo, aunque crean que ya no les toca".

"Un joven necesita sombra"

Antonio Anguís, de 57 años y consejero de empresas y director comercial de Unión Fenosa durante 21 años, sí busca personas mayores. No solo no le importa, sino que las prefiere, "pero no por nada, sino porque hay perfiles profesionales, como fontaneros o electricistas, en que no hay jóvenes", sostiene este hombre, que, además, considera "insostenible que haya gente cobrando un subsidio entre los 50 y los 65 años pudiendo perfectamente estar en el mundo laboral". "Hay trabajos en los que un joven necesita la sombra de un mayor porque si no, se quema", es su metáfora para escoger a profesionales de más de 50: "Dan estabilidad y logros, saben hacer su trabajo y son constantes", sentencia.

Unos consejos que también refuerzan desde Adecco. Su director general, Francisco Mesonero, recomienda no dar importancia a tu propia edad, "Si tú no se la das, transmites que no es importante", observa Mesonero, quien, sin embargo, analiza que las empresas, muchas de ellas, "no quieren esa clase de perfil porque lo consideran obsoleto".

Sin embargo, estos 'mayores' no desfallecen. Más de la mitad mandan currículos o llaman por ofertas de empleo varias veces cada semana.

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