el mundo laboral

Becario, ¡sé el becario que quieras ser!

El autor se pregunta por la vocación profesional y la utilidad para la formación laboral y humana de las becas aunque estas sean sin remunerar

Foto: Joven becario. (iStock)
Joven becario. (iStock)

No he conseguido la información, no sé si el actual Papa, Francisco I, cobró y cotizó cuando trabajó entre los 14 y los 19 en la fábrica de medias en que su padre era empleado, y en la que él realizaba tareas menores de intendencia (en ese puesto cabe cualquier tarea de lo que la gente en general llama trabajo basura). Posiblemente no. Quizás tuvo más posibilidades de cobrar cuando era empleado de seguridad en un club nocturno. ¿Eran estos trabajos dignos y genuinos como los que desean los jóvenes? ¿Quería ser Papa entonces? ¿Formaba parte de su plan de carrera profesional? ¿Le han servido aquellas experiencias?

¿Pensaba Neil Armstrong que barrer hangares en un aeródromo era necesario para llegar a ser el primer piloto espacial en pisar la luna? ¿Lo consideraba trabajo basura? ¿Aquel trabajo era “de lo suyo”?

Estudien el currículum de Leonardo da Vinci, el divino bastardo: ¿explotación de menores? ¿Precariedad laboral?

Posiblemente existan muchas personas hoy en las economías desarrolladas que vean el trabajo de astronauta como un trabajo no tan bueno (muchas noches fuera de casa, falta de gravedad, comida basura, conciliación). Estudien el currículum de Leonardo da Vinci, el divino bastardo: ¿explotación de menores? ¿Precariedad laboral? ¿Carrera profesional sin foco? ¿Alta temporalidad contractual?

Las experiencias son como son vividas, no como otros las interpretan. Esto no impide que existan personas que fundamentalmente se ocupan de interpretar y valorar las experiencias de los otros e incluso vivan de la retribución que perciben por ello. Trabajar es responsabilizarse, frustrarse, obedecer, pedir, mandar, fracasar, consensuar, ayudar, pedir ayuda, innovar, repetir, servir, pensar, volver a pensar, sufrir, disfrutar… Cuanto antes empieza nuestro cerebro a gestionar estos verbos en una actividad, antes y mejor se desarrolla. Cuanto antes se empiece a trabajar más posibilidades hay de tener una vida profesional feliz. Si la felicidad en general viene condicionada por los factores “utilidad” y “amor” (ser útil y sentirse útil / amar y sentirse amado), el espacio que el desempeño de un trabajo propicia para esto es evidente.

Recompensas no pecuniarias

Todo trabajo produce una recompensa. Toda recompensa no es explícita y no todas las que son explícitas son pecuniarias. Las recompensas no se cobran siempre a final de mes y en dinero. A veces parte de la recompensa o “el cheque” nos llega cuando ya no estamos en este mundo y lo cobran nuestros hijos o nuestros nietos o nuestros compañeros sin ni siquiera saberlo. Trabajar por amor al arte (pregunten a los decoradores de interiores del rupestre paleolítico) es tan digno, inteligente y legal en muchos casos como hacerlo por esa simple ecuación que motiva a muchos, y no necesariamente a los mejores, que dice “todos trabajamos por dinero”. Todos los trabajos hay que aprender a hacerlos haciéndolos.

Para que eso ocurra, y además los resultados sean los esperados, tiene que concurrir algo tan científico como el esfuerzo y algo tan efímero e intangible como son esas señoritas delgadas y siempre de perfil a las que llamamos oportunidades.

Ninguna ventaja tienen los hijos de Messi y Ronaldo para llegar a alcanzar las cualidades profesionales de sus padres sin trabajarlas

La humildad que se puede desarrollar en un tiempo de becario es tan crítica para una carrera profesional como la arrogancia que muchas veces procura cierto título universitario, haber pasado por cierta institución o ser hijo de cierto padre. Ninguna ventaja tienen los hijos de Messi y Ronaldo por vivir en sus respectivas casas para llegar a alcanzar las cualidades profesionales de sus padres sin trabajarlas. En profesiones donde la pericia física o manual carece de relevancia y se soportan en capacidades intelectuales la cosa es distinta. Si Messi fuera, digamos, catedrático de Literatura Hebrea, su hijo tendría ventajas para acometer una carrera académica por "ambiente". Cuando no tienes el natural privilegio de ser hijo de catedrático, llegar a él como becario de lo que sea es una oportunidad. Otra cuestión es la sensibilidad y capacidad que cada uno tenemos de, frente a un rosal, contar espinas o sentir olores y colores.

Lo que no mata, engorda

El valor de las experiencias vividas, lo que nos han dado y para lo que sirvieron tienen un más acertado cálculo de su retorno y por lo tanto de su precio con el paso del tiempo. Para suplementar mi beca universitaria he sido “cobaya humana” para experimentos con sonda nasogástrica en el hospital universitario de mi querido Utrecht y he estudiado en algunas instituciones de prestigio en Europa. Ahora que tengo 49 años y puedo ir poniendo precio a mis experiencias por lo que me han dado. Creo que debería devolver lo que gané como cobaya y pedir que se me devolviera parte del dinero que costó que yo atendiera cierta formación en alguna de las instituciones académicas en las que me formé.

Lo que no mata engorda y lo que te engorda sin sacrificio son lípidos. Sé el becario que quieras.

Alfonso Villarroel es Head Hunter en Villarroel & Hunter.

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