ENTREVISTA CON JOHN JOSEPH WALLIS

"La paradoja del privilegio": por qué unas sociedades son ricas y otras no

Desde hace décadas, el Catedrático de la Universidad de Maryland se dedica a entender cuáles son los factores que se encuentran detrás del crecimiento a largo plazo

Foto: Dr. John Wallis. (University of Maryland)
Dr. John Wallis. (University of Maryland)

¡Bienvenido a mi oficina!”, saluda al entrevistador el doctor John Joseph Wallis cuando abre la puerta de la lujosa habitación donde trabaja con su ordenador portátil. “Pero solo por hoy”, conviene matizar. Su improvisada oficina es una de las habitaciones de la Fundación Rafael del Pino, donde el martes por la noche el Catedrático de Economía de la Universidad de Maryland impartió una conferencia titulada 'Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo'. Este último matiz temporal es clave en sus investigaciones.

Es uno de los muchos 'palos' que ha tocado el profesor desde que diese comienzo a su carrera académica bajo el paraguas de Douglass North, Premio Nobel de Economía en 1993 junto a Robert Fogel por su renovación de las herramientas y métodos de investigación de la historia económica. En 2012 editó 'Violence and Social Orders. A Conceptual Framework for Interpreting Recorded Human History' (Cambridge University Press), en el que expone junto a su maestro qué es lo que permite que unas sociedades se desarrollen y otras queden atrás –no se trata simplemente del crecimiento económico–, a la manera de Daron Acemoglu y James A. Robinson en '¿Por qué fracasan los países?' (Deusto).

Lo que distingue a los países ricos no es su tasa de crecimiento, sino lo baja que es la frecuencia con la que la economía se contrae

La principal cuestión que planteaba dicho volumen era dónde se encuentra la diferencia entre los considerados como Estados naturales ('natural states'), donde las élites gozan de unos privilegios que les disuaden de utilizar la fuerza para liquidar a los competidores, y las sociedades de libre acceso ('open access societies'), donde la competencia es económica y social. De mano del profesor Wallis nos sumergimos en las raíces del funcionamiento económico de nuestras sociedades.

P. Ya que está en nuestro país para impartir una conferencia, ¿puede resumirnos brevemente qué va a contar a la audiencia esta tarde?

R. Soy un historiador económico y mi principal interés son los factores del desarrollo económico. Una de las claves es cómo el crecimiento se produce a lo largo del tiempo. Por lo general, la economía se centra en las oscilaciones de la renta por cápita, el principal indicador. Esta noche voy a hablar de cómo funciona a largo plazo. Puede deberse a cuatro factores diferentes: la velocidad con la que la economía crece cuando crece, cómo de rápido se encoge cuando se encoge, la cantidad de años que dura el crecimiento y la cantidad de años que dura el decrecimiento.

Cuando analizas el mundo moderno, los datos desde 1950 hasta 2011, ves que los países ricos, los que tienen una renta per cápita superior a los 20.000 dólares anuales, crecen de manera mucho más lenta que los países más pobres. Pero lo que les distingue no es su tasa de crecimiento, sino lo relativamente baja que es la frecuencia con la que la economía se contrae. Crecen en el 84% de los años, y no lo hacen en el 16%. En el resto del mundo, crecen dos terceras partes del tiempo y decrecen el tercio restante. Cuanto más pobre es un país, más rápido se encoge y más a menudo lo hace. Muchas decisiones políticas se toman sobre la base de que lo importante es el crecimiento y aumentar la productividad, invertir en infraestructura… Pero cuando miras los datos te das cuenta de que lo que marca la diferencia son los períodos de contracción.

Si te remontas al siglo XIX y observas la economía de 18 países europeos y del Nuevo Mundo, el resultado es el mismo. Y cuando coges cuatro países europeos, España, Países Bajos, Italia y Reino Unido, de los que disponemos datos hasta el siglo XIII, es igual. Si nos centramos únicamente en el corto plazo y nos fijamos en el crecimiento, nos estaremos perdiendo el marco general.

La segunda parte es: ¿por qué? ¿Qué es lo que causa estos procesos? He escrito libros y estudios sobre esto, pero la idea más sencilla es que en la sociedad hay organizaciones poderosas, élites e individuos que se influyen mutuamente. La habilidad de coordinarse es un factor determinante. Cuando no puedes hacerlo, por ejemplo en el contexto de una guerra civil, los ingresos se reducen. En la mayoría de sociedades quién eres importa tanto como las leyes. Si tú eres poderoso y yo también lo soy, llegaremos a un trato. Pero si tú eres más poderoso que yo, y tú me llevas a juicio, en la mayor parte de sociedades dirán “no, no se puede hacer eso, tiene mucho poder”.

Es lo que llamo la “paradoja del privilegio”: en una sociedad donde las reglas no son impuestas de la misma manera para todo el mundo, cuanto más poderoso eres, menos posibilidades tienes de que la ley te afecte. Aunque se pueda llegar a acuerdos, en esas circunstancias no son posibles reglas que traten a todos igual. Hemos comprobado que los países en los que las reglas no se imponen de igual manera son pobres.

Cuando la economía se contrae un año, la gente piensa que es el fin del mundo. No pasa nada, simplemente ocurre

Hay otra cuestión. Si tú y yo, con nuestras diferencias de poder, firmamos un acuerdo, es posible que las tornas cambien, y el acuerdo no sería válido, porque nuestra identidad habrá cambiado. Han pasado dos cosas: hay un cambio de equilibrio que invalidará los acuerdos alcanzados; pero, al mismo tiempo, si miras hacia el futuro, es poco probable que nadie quiera llegar a un acuerdo porque la situación puede cambiar. Se puede comprobar hoy en países muy inestables, como Turquía o Siria, donde el poder puede cambiar de manos: la economía se encoge. Tenemos que entender cómo las sociedades llegan a reglas impersonales en las que la incertidumbre dé igual, porque si hay un cambio de poderes la ley va a velar por ambos.

P. A pesar de lo que dice, la sensación es que los ciclos económicos son cada vez más cortos, y que una crisis sobreviene cada década, o menos.

R. Depende de dónde mires y cómo lo hagas. En África experimentan crisis y altibajos con una gran frecuencia. Si miras a Europa, no es así. En el mundo desarrollado, la volatilidad es mucho más baja, lo que no quiere decir que no exista. Cuando comparas los datos que disponemos de los países de los que he hablado, España, Italia, Reino Unido y Países Bajos en el siglo XIII, son muy parecidos a los que ahora muestran los países en desarrollo, con una alta volatilidad.

El mundo es un lugar incierto. Si vives en un país en vías de desarrollo, eres muy consciente de ello, porque los resultados económicos están fluctuando continuamente. Si creces en EEUU, no lo entiendes: ves crecimiento económico todos los años, y cuando la economía se contrae un año, la gente piensa que es el fin del mundo. No pasa nada, simplemente ocurre. Esta percepción aparece por prestar atención solo a tu entorno inmediato; muy poca gente echa de verdad la vista atrás. Desde 2008 la incertidumbre es mayor, porque se han planteado el mayor conjunto de medidas económicas desde la Segunda Guerra Mundial.

P. La corrupción es uno de los problemas que más preocupan a los españoles hoy. En uno de sus trabajos señalaba que éramos una excepción por la velocidad con la que evolucionamos a ser una sociedad de “acceso abierto”, como usted las llama, con instituciones democráticas y economía liberal. ¿Puede tener algo que ver esa velocidad en el cambio con la actual crisis de corrupción?

R. No tengo la información suficiente sobre España para valorarlo exactamente, pero creo que es difícil cambiar desde un país donde la identidad y las relaciones personales importan mucho a otra donde las leyes deben tratar a todos igual. En EEUU aún se ve un trato diferente según el grupo social al que pertenezcas.

Wallis en Madrid el martes 16 de mayo. (Foto: Héctor G. Barnés)
Wallis en Madrid el martes 16 de mayo. (Foto: Héctor G. Barnés)

En España he observado un alto nivel de descontento entre la gente respecto a esta realidad. Muchos países europeos aún están haciendo esta transición de ser Estados naturales, donde la organización es difícil y son sistemas dominados por las relaciones personales, a sociedades regidas por leyes impersonales, donde la competición es política y económica. España se encuentra en mitad de este proceso. También Grecia, Italia… Alemania lo hizo en los años 50, pero no lo había conseguido en los años 20.

Tendemos a pensar en la corrupción como algo ético, una característica de los líderes. Desde mi punto de vista, se trata más bien de cómo consigues encajar la economía y la política. La gran pregunta es cómo pasas de un sistema donde las relaciones personales son lo importante a uno con instituciones impersonales. La mayor parte de mi trabajo consiste en averiguarlo.

P. Otra de las sensaciones que se tienen es que, por primera vez en mucho tiempo, son las instituciones económicas las que dan órdenes a la política, y no al revés.

R. Publiqué una investigación sobre la corrupción sistemática que se centra en EEUU pero puede aplicarse de forma más general. Dice que en la mayoría de sociedades, los actores políticos manipulan los intereses económicos con el objetivo de mantener un gobierno estable. En una sociedad donde la guerra civil es una posibilidad, las élites llegan a acuerdos entre ellas para garantizar que no van a combatir, que no va a haber violencia. Manipularán la economía no tanto para sacar partido de ello, sino para crear privilegios para todos que les mantengan lejos del uso de la violencia.

Si tú vives en una sociedad de acceso abierto, donde la competencia es económica y política, no puedes utilizar la economía para favorecer a un grupo frente a otro, porque las reglas son las mismas para todos. Es un sistema político competitivo (apoyado por una economía competitivo), opuesto a una sociedad de acceso limitado, donde la entrada a la política es más cerrado y la economía es menos competitiva. A medida que la economía se abre, muchas de las libertades económicas (¿puedo trabajar donde quiera?) deben ser apoyadas políticamente.

Los países a los que mejor les va son aquellos que se adaptan rápidamente cuando ocurre algo inesperado y la recesión es más corta

Tienes razón cuando dices que la gente ahora ve que la economía es un factor importante en el proceso de liberalización política, lo que significa que para que esta vaya bien tiene que haber un sistema político en el que la aplicación de la ley sea más o menos la misma para todos.

P. Muchos de los movimientos políticos emergentes en sociedades de acceso abierto, en teoría, prometen precisamente aliviar el peso de los intereses económicos en la política. ¿Puede esto verse como un paso atrás hacia un Estado natural?

R. No todo se mueve hacia adelante paso a paso. El mundo es un lugar impredecible y puede ocurrir cualquier cosa. Si el paso que damos hoy nos llevará en la dirección adecuada es difícil saberlo. Hay que dar muchos. Mi colega Douglass North acuñó un concepto llamado “eficiencia adaptativa”, que quería decir que en la economía y la sociedad no todo va bien todo el tiempo, siempre hay sobresaltos con consecuencias que no se pueden prever. Cuando algo malo ocurre como una guerra, la pregunta es cómo te adaptas a ello.

Retomando la teoría anterior, los países a los que mejor les va son aquellos que se adaptan rápidamente cuando ocurre algo inesperado, por lo que el período de recesión es más corto. La pregunta cuando aparecen personajes como Marine Le Pen o Donald Trump es qué efecto pueden causar. Las sociedades de libre acceso son más flexibles; no es que sean más resistentes. Me han contado esta mañana que ayer un periodista, Javier Valdez, fue asesinado en México. Si no puedes abrir la boca por miedo a que te maten, obviamente no es una sociedad de acceso abierto. Esa clase de libertades son parte del sistema. Es lo que está ahora en cuestión con Trump y lo que podría haber ocurrido con Le Pen.

Caricatura de los 'robber barons' publicada en 1889. (The Granger Collection)
Caricatura de los 'robber barons' publicada en 1889. (The Granger Collection)

Mi pregunta, como historiador económico, es cómo nos movemos de una sociedad a otra, de un Estado limitado a una sociedad abierta. La mayor parte de la gente entiende que la libertad económica es buena, pero no se explica por qué. Lo importante de lo que contaré hoy es que llegas allí no creciendo más rápido, sino creando conexiones políticas y económicas más estables.

P. Su mentor, el Premio Nobel Douglass North, fue uno de los pioneros de la Cliometría y de la aplicación de técnicas cuantitativas para explicar cambios económicos e institucionales. La crisis de 2008 puso en entredicho gran parte de la ciencia económica, al no haber sido capaz de prever lo que iba a ocurrir.

R. Los economistas entienden un poco mejor cómo funcionan las piezas, pero eso no quiere decir que puedan prever cuándo va a ocurrir la siguiente crisis. ¿Sabe la Historia militar cuándo va a tener lugar la siguiente guerra? La economía no trata, y nunca ha tratado, de predecir el futuro, sino de saber cómo funciona el sistema. Somos profundamente ignorantes. El mundo es tan complicado que ya bastante difícil es saber cómo encajan las piezas.

Si vas a clase y te explico cómo funciona la economía, dispondrás un modelo muy sencillo acerca de cómo funciona el mundo. Demasiado simple, pero que te ayuda a entenderlo. Los economistas pueden volver la vista a la crisis de 2008, mirar a las piezas y entender qué ocurrió. ¿Saben qué hacer para evitar que vuelva a ocurrir? No. ¿Lo hicieron mejor en 2008 que en 1927? Sí. La sensación de que los economistas solo son válidos si pueden prever el futuro es no entender cuál es su trabajo. Pero hay gente que consigue mucha publicidad de esa manera.

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