VANCOUVER COMO SÍNTOMA

Ciudades en venta: cómo las élites globales se están haciendo con las grandes urbes

Ante un entorno mundial incierto tanto política como económicamente, invertir en ciudades prestigiosas se ha convertido en un refugio para las grandes fortunas

Foto: Visión aérea de Vancouver con las montañas de North Shore al fondo. (iStock)
Visión aérea de Vancouver con las montañas de North Shore al fondo. (iStock)

Fue el profesor de urbanismo la Universidad de Columbia Británica Andy Yan quien utilizó por primera vez el término “hedge city”. Aunque fue acuñado con la intención específica de referirse a su ciudad, Vancouver (Canadá), en los últimos años se ha comenzado a popularizar para referirse a lo que está ocurriendo en multitud de urbes de todo el mundo, a medida que las élites no occidentales amplían sus fronteras. ¿Qué es una “hedge city”? Algo así como una “ciudad de inversión”, en la que los multimillonarios depositan su dinero en el sector inmobiliario como un valor refugio.

Es una de las consecuencias directas de la globalización del mercado inmobiliario; en concreto, como señalaba un artículo publicado en la revista universitaria 'Harvard International Review', por parte de las élites chinas y rusas, cuyas fortunas son desproporcionadas respecto a la riqueza de sus países pero que son particularmente vulnerables a las alteraciones locales, tanto económicas como políticas. Es el nuevo oro: las propiedades inmobiliarias, especialmente en mercados devaluados pero con cierto potencial de crecimiento, son una manera segura de invertir el dinero.

En Sidney, Londres, Hong Kong o Singapur ha ocurrido algo similar debido a la agresiva entrada de las élites chinas y rusas en sus mercados

Un artículo publicado esta misma semana en el medio estadounidense 'Mother Jones' recuerda que un 6,5% de las fincas de Vancouver no están ocupadas, y que sus propietarios utilizan trucos de andar por casa –una luz que se enciende de vez en cuando, un par de adornos navideños– para que los vecinos piensen que hay alguien en casa. La mayoría han sido adquiridos por millonarios chinos sin que hagan uso de ellas, como una inversión que, si bien no les va rentar demasiado, tiene muy poco riesgo.

Héctor G. BarnésHéctor G. Barnés

Hay factores culturales que empujan a estas élites a unos lugares y no a otros. Como recordaba Andy Yan, suele tratarse de ciudades con gran prestigio entre estos multimillonarios; en el caso de la ciudad canadiense, la existencia de una amplia comunidad china provocó que muchos fijasen su vista en dicha urbe, lo que ha terminado generando una nueva élite formada por los hijos de estos pioneros inmobiliarios que incluso tienen su propio 'reality'. Se trata de 'Ultra Rich Asian Girls', del que ya hablamos en su día, y que retrata las costumbres de los 'fuerdai' canadienses.

Primero Canadá, después el mundo

Puede parecer que Vancouver era, simple y llanamente, un terreno abonado para la aparición de esta burbuja inmobiliaria y posterior “síndrome de la casa vacía”, pero no se trata, ni de lejos, de la única posible víctima de este proceso de 'hedgización'. Otras grandes ciudades como Sydney, Londres, Hong Kong o Singapur han visto como ocurría algo similar debido a la agresiva entrada de las élites chinas y rusas en sus mercados inmobiliarios, que han provocado una subida de precios que ha expulsado a muchos de los ciudadanos locales.

La incertidumbre política aumentará y el crecimiento global seguirá siendo lento, por lo que el sector inmobiliario será un buen refugio

Como explica en el artículo de 'Mother Jones' su autor, Paul Roberts, “si la tendencia actual continúa, durante la próxima década el 1% de las economías emergentes seguirá moviendo miles de millones de dólares fuera de sus fronteras”. Las inversiones se diversificarán, concede, pero entre todas ellas el mercado inmobiliario será una de los más importantes. Sobre todo teniendo en cuenta que la incertidumbre política aumentará y el crecimiento global seguirá siendo lento. El mercado inmobiliario occidental ofrece una mezcla perfecta de beneficio y seguridad que se puede encontrar en muy pocos bienes.

Entre las capitales candidatas para engrosar este listado de 'hedge cities' se encuentran también Nueva York y Washington –especialmente para los inversores de Oriente Medio y Rusia–, Houston o Miami –para los magnates sudamericanos, que se benefician así de la lengua compartida– y, sobre todo, Seattle, que como explica Roberts, ha sustituido a Vancouver en el corazón de muchos orientales, lo que ha provocado que algunos inversores lo denominen “Vancouver 2.0”.

El Edificio España de Madrid: ¿un buen negocio? (iStock)
El Edificio España de Madrid: ¿un buen negocio? (iStock)

Está ocurriendo también en España. Wang Jianlin, el hombre más rico del país, presidente de Dalian Wanda Group y propietario del 20% del Atlético de Madrid, adquirió en 2014 el Edificio España por 256 millones de euros. El edificio fue revendido de nuevo por 272 millones apenas dos años más tarde. Una apuesta más segura que las que podía encontrar en su país natal: las acciones de su inmobiliaria se derrumbaron un 32% en menos de un mes a mediados de 2015 en la debacle de los mercados de valores chinos.

Como explicaba a El Confidencial Samuel Población, director nacional de residencial y suelo de CBRE a propósito de los movimientos del mercado inmobiliario en la capital, “las viviendas de lujo se han convertido en un valor refugio que interesa a los inversores para diversificar su patrimonio. Madrid no ha sido ajena a ese movimiento y hemos visto cómo se han disparado las transacciones de viviendas 'prime' en la capital.

Un caso con moraleja

¿Cómo ha terminado convirtiéndose la ciudad canadiense en la 'hedge city' definitiva? Parece producto de la tormenta perfecta: en primer lugar, debido a una crisis económica que disparó los niveles de paro y devaluó los precios del mercado inmobiliario. Antes de que se convirtiese en “la Detroit del Pacífico”, como la describe el profesor Andy Yan, se optó por la estrategia Pacific Rim, que consistía en captar a grandes hombres de negocios de economías emergentes con la esperanza de que dinamizasen la economía local.

Muchos de los residentes se sienten utilizados por la élite global, pero también por un gobierno deseoso de cortejar a esta élite

El plan no salió todo lo bien que se esperaba, a pesar de la masiva afluencia de multimillonarios a finales del siglo pasado a la ciudad desde Hong Kong y Taiwan por parte de invesores inquietos por los rápidos cambios en la región. En esa época, el mercado inmobiliario de Vancouver tenía precios muy bajos en relación con el mercado estadounidense, por lo que las perspectivas de una pronta revalorización eran altas. Nada de nuevos negocios: el refugio de los magnates chinos fue el mercado inmobiliario.

El resultado no sorprenderá a nadie. Muchas casas fueron derribadas y, en su lugar, se construyeron mansiones. La economía entró en lo que se conoce como “dependencia del camino”, en la que una potente actividad en un sector termina forzando la adaptación de toda la economía de determinada región; en este caso, el sector inmobiliario en Vancouver. Un proceso que, para más inri, suele retroalimentarse haciendo cada vez más difícil salir del mismo. La mirada, como era previsible, terminó centrándose en los responsables políticos, que permanecieron de brazos cruzados ante este proceso, incluso cuando se desveló que había servido para blanquear 2.000 billones (no, no es un error) de dólares de las fortunas chinas.

Héctor G. BarnésHéctor G. Barnés

El siguiente paso hacia el vacío son los brotes xenófobos en Vancouver. Roberts recuerda que las pasadas navidades era común ver pegatinas que decían “¡A un lado, blanquito! ¡Deja paso a los chinos!” en el barrio de Richmond. Tampoco es que los compatriotas de esos magnates estén particularmente orgullosos de ellos; más bien manifiestan por activa y por pasiva no tener nada que ver con ellos. Como concluye el periodista, “muchos de los residentes se sienten utilizados por la élite global, pero también por un gobierno miope deseoso de cortejar a esta élite que sigue poniendo en riesgo la prosperidad de la región”.

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