LOS INGLESES SON INFATIGABLES

Inés de Ben, un largo epílogo para la heroína que se enfrentó a Francis Drake

Una mujer anónima y sencilla, detentadora de un pequeño colmado en el barrio marítimo de La Pescadería, fue decisiva en su intervención contra la Armada inglesa

Foto: La torre de Hércules, uno de los signos de identidad coruñeses. (iStock)
La torre de Hércules, uno de los signos de identidad coruñeses. (iStock)

"A veces la ambición acaba con el actor convertido en víctima de su desmesura y convierte la búsqueda de la gloria en un rotundo fracaso."

Zenk

La sonada derrota inglesa a manos españolas acontecida en La Coruña en el año 1589 durante las operaciones de la Contra Armada dirigida por Norris y Drake, justo un año después del fallido intento de desembarco de la Felicisima Armada –mal llamada la Invencible–, tras una serie de imprevisibles circunstancias adversas y una ejecución deficiente del plan maestro, dieron al traste con aquella épica y trágica aventura.

Tras el estrepitoso fracaso del ambicioso proyecto punitivo de Felipe II allá por 1588, Isabel I de Inglaterra prepararía una flota de represalia de proporciones gigantescas por su mayor número de naves, aunque menor en tonelaje y número de intervinientes. Su objetivo, aprovechar la debilidad de la marina española tras el descalabro de la Felicísima Armada, y asestar un golpe a España que acabase con la llamada Anglo Guerra. Esta flota de respuesta debía en principio cumplir tres misiones.

La más importante y primera en la “lista de la compra” era destruir en Santander las naves de la flota española en reparación con la peregrina idea de dejar a España sin su flota atlántica. Por extensión se conseguiría el segundo objetivo, tal que era con el mar expedito, conquistar Lisboa y en consecuencia penetrar el entramado colonial luso y por ende, hacer jugosos negocios. El tercer objetivo vendría determinado por el éxito de los otros dos y consistía en apostarse en las inmediaciones de las Azores para capturar la flota de Indias y así, usurpar las rutas oceánicas del Imperio Español.

El alma cotidiana de las verdades simples

El problema de la viabilidad de este macroproyecto radicaba en la equivocada adjudicación del mismo al magnificado incomprensiblemente y elevado a la categoría de mito, Francis Drake; un pirata de una crueldad legendaria, convicto y confeso al que caprichosamente Isabel I había encargado la dirección de esta magna empresa en perjuicio de otros marinos bastante más capaces. Así las cosas, con engañifas y subterfugios muy de la catadura de este criminal de guerra –durante la represión irlandesa había arrojado por los acantilados de Moher a mas de cuatrocientos integrantes del clan McDonald ya pactada la rendición–, le “comió el coco” a su competente álter ego en la expedición, el prestigioso general John Norris.

A este pieza elevado a la categoría de Sir, personaje de cerebro trastabillado y delirios de grandeza desmesurados, engolado hasta la tortícolis y perfumado en ámbar importado de Portugal via colonias, le llevaron a La Coruña las caprichosa mareas de sus delirios.

Esta curtida mujer gallega oyó el creciente rumor de la arcabucería y artillería acercarse a las murallas de su querida ciudad

De esta manera, llegamos al escenario donde Inés de Ben, una mujer anónima y sencilla, detentadora de un pequeño colmado en el barrio marítimo de La Pescadería, albergaba el alma cotidiana de las verdades simples en las que habitaban las mujeres de la época. Trapicheos con salazones, pescado del día, cambalaches varios y trueques para sobrevivir a la dura existencia cotidiana, y como mucho, una ingesta de orujo para paliar el sin vivir permanente con sus lacerantes tentáculos de miseria.

De esta guisa un buen día, esta curtida mujer gallega que le había hurtado a la vida los sinsabores con que se prodiga ante la gente descalza oyó el creciente rumor de la arcabucería y artillería acercarse a las murallas de su querida ciudad, al principio, a hurtadillas; mas tarde, escandalosamente y con el mensaje de muerte cosido al infernal griterío del ejercito de invasión inglés.

Drake la pifió en Galicia.
Drake la pifió en Galicia.

Durante el asalto a la ciudad ese 4 de mayo de 1589, una serie de ciudadanos muy dispuestos y compenetrados con destacamentos desembarcados tras el retorno de la fracasada Felicísima Armada consiguieron detener a una tropa profesional causándoles enormes e inasumibles bajas, la enorme motivación y un potente sentido de grupo operaron el milagro.

Los confiados atacantes cometieron el craso error de infravalorar a un grupo humano heterogéneo, integrado por militares profesionales y milicia local, que haciendo gala de un valor indiscutible devolverían a aquella patulea por donde vinieron. En los combates a pie de calle las mujeres no fueron a la zaga de los experimentados soldados y marinos que defendieron la plaza.

Ignominioso

La decidida intervención de Inés de Ben durante el asalto en el que María Pita se destacaría de manera épica, la llevaría a colaborar con otras mujeres del gremio del pescado a reparar vía urgencia los desgarros de las murallas de La Coruña. Y no solamente eso, pondría todas las existencias de pólvora y cuerda de su pequeño comercio a disposición de los agotados soldados de la guarnición creando una suerte de bombas de mano de fortuna con las boyas de cristal y destilados adheridos con mechas para frenar los sucesivos asaltos de la tropa inglesa. Lamentablemente, el infortunio la visitaría causándole heridas irreversibles, dejándola casi ciega y parcialmente inválida para los restos.

Enviudó durante el asedio, murió en la indigencia y fue enterrada en fosa común. Bien merece algo más consistente que el olvido

Paradójicamente, cuando pasó aquel vendaval de horror y la verdad se hizo verbo, aquella mujer que lo había dado todo por nada, no recibiría ninguna mención ni compensación por su entrega y generosidad. Tampoco la historia le haría justicia. Mientras María Pita recibiría reconocimientos sin cuento, Inés de Ben sería arrojada a la amnesia de la desmemoria mas absoluta, y de pleito en pleito para intentar recuperar sus exiguas propiedades, acabaría muriendo en la mas absoluta miseria.

Inés de Ben no era ni más grande ni más pequeña que otros de los actores de aquella contienda intramuros en la que se debatió durante días la sitiada ciudad de La Coruña; pero sí fue acreedora del esquivo reconocimiento negado a su abnegada contribución.

Enviudó durante el asedio, murió en la indigencia y fue enterrada en fosa común. Bien merece algo mas consistente que el olvido.

Inés de Ben, una mujer de leyenda.

Alma, Corazón, Vida

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