una sentencia histórica

Sin cadáver ya hay delito: un jurado condena por asesinato a un reo sin pruebas "físicas"

Por segunda vez en la historia judicial española, un tribunal condena sin ninguna evidencia a un hombre por matar a su exmujer, aunque sí existe una sólida cadena de indicios

Foto: Búsqueda de los cuerpos de los asesinados por Ramón Laso. (EFE)
Búsqueda de los cuerpos de los asesinados por Ramón Laso. (EFE)

El jurado popular votó por unanimidad. Veredicto: culpable. Mohammed Taheri, ciudadano marroquí de 46 años y vecino de Mataró, fue condenado el pasado miércoles por matar a su pareja, Piedad Moya, que entonces tenía 44 años, a 17 años de cárcel. El tribunal lo da por probado. Pero la singularidad del fallo es que solo se basa en indicios. No hay nada concluyente por sí mismo al cien por cien. Ninguna prueba definitiva. Y, por supuesto, no hay cuerpo, aunque los 'mossos' llevan buscando el cadáver de la mujer casi desde aquel 4 de abril de 2014 en el que desapareció poco después de dar por finalizada su relación sentimental con Mohammed. La sentencia es por homicidio y por atentar contra "la integridad moral" de la mujer por ocultar su cuerpo.

Es la segunda vez que se condena por homicidio a alguien en España basándose en un cúmulo de circunstancias culpabilizadoras. La primera fue en 2012, sentencia luego ratificada en 2016 por el Supremo. Ambas abren un camino que antes parecía impensable en un caso tan grave como el de un asesinato. Se puede condenar sin cuerpo, pero hasta la fecha sí era necesario un testigo o una prueba biológica, por ejemplo. No ha sido así en estos dos casos y un juzgado popular en ambas oportunidades ha entendido que el cúmulo de indicios indirectos es suficiente evidencia.

La hermana de la víctima está segura de que el cadáver se halla en un pozo y quiere pagar de su bolsillo la excavación

En la finca que tenían a las afueras de barcelona Mohammed y Piedad, hay un pozo. Ahora está cubierto con cemento. Lo tapó el propio Mohammed cuando su mujer ya había desaparecido. Gloria Moya está segura de que el cuerpo de su hermana Piedad está sepultado ahí debajo. No ha conseguido que excaven en el lugar por las grandes dificultades técnicas, aunque aún está a la espera de una respuesta definitiva del juez. Mientras tanto, no se ha quedado quieta. Ya ha pedido un presupuesto a una empresa y tiene una reunión con las autoridades políticas del pueblo para que la ayuden a costearlo. En ello sigue: "Yo tengo que reventar ese pozo, si no, no me quedo tranquila". Está completamente segura de que los restos de Piedad se encuentran allí. El juzgado sí autorizó georradares para peinar la zona. También hacerle un 'test de la verdad' al acusado.

Cadena de indicios

Los múltiples indicios en los que se basa el veredicto, apoyado por los nueve miembros del jurado, los relata la hermana de la víctima: "No subían casi nunca al terreno ese donde está el pozo, pero después de desaparecer mi hermana, ese mismo viernes, va allí el fin de semana", explica la mujer, que también recuerda que el condenado no se presentó a trabajar al día siguiente alegando que debía ir a Hacienda. Al parecer, fue, pero no presentó ningún papel. También han aparecido restos de sangre en un lavadero en el domicilio del acusado.

Otro de los factores que se han tenido en cuenta es que la noche anterior a la desaparición, Mohammed mandó hasta 16 mensajes a su exmujer al teléfono de distinto tono, algunos amenazantes, y que ella al día siguiente le dijo a una de las dos hijas que había tenido con el hombre que no iba a tener más remedio que ir a verlo. También apareció el Libro de Familia de Piedad en una mesilla de la casa del condenado, "cuando era una costumbre familiar llevarlo siempre en el bolso", según el relato de su hermana. Las hijas del reo también apuntaron en el juicio que las maltrataba y que a la mayor la quiso obligar a viajar a Marruecos para pactar un matrimonio de conveniencia. Otro detalle que se apunta en su contra es que se negó a denunciar la desaparición de su exmujer aduciendo que "no servirá para nada".

El relato de Llambrich deja abierta la puerta a si el condenado es un psicópata homicida o una víctima del sistema judicial

No es la primera vez que se condena sin una carga de la prueba física. En 2016, el Tribunal Supremo ratificó la pena de 30 años de prisión por doble homicidio a Ramón Laso por el asesinato de su pareja, Julia Lamas, y su cuñado, Maurici Font. También había sido condenado en primera instancia por un jurado popular. Y también sin pruebas y sin que jamás apareciesen los cuerpos de las dos personas desaparecidas. La periodista Fátima Llambrich convirtió el caso en un libro, ‘Sin cadáver’, en el que reconstruye el caso y la vida del condenado, que permanece en prisión e insiste en afirmar su inocencia. El relato de Llambrich deja abierta la puerta a si el condenado es un psicópata homicida o una víctima del sistema judicial.

Blanco y en botella

A ese respecto, el abogado Fernando García-Capelo entiende que “no es peligroso que se condene a base de indicios muy racionales, aunque es verdad que en un caso de asesinato la carga indiciaria debe ser mucho mayor por la pena que conlleva”. Para el letrado, muchas veces “las pruebas científicas tampoco tienen una fiabilidad del cien por cien y nadie las pone en cuestión”. En definitiva, es lógico “que si el jurado ha visto que es blanco y está en botella, piense que es leche”.

Sobre la posibilidad de que el Supremo tumbe el veredicto de la Audiencia Provincial de Barcelona, García-Capelo es escéptico: “Anularlo sería por una cuestión formal o por una justificación completamente absurda, lo que no es el caso. Si acaso, pueden rebajar de grado o hacer otra interpretación de la ley, pero no del veredicto”. El abogado concluye: “Ningún sistema legal se puede permitir una garantía de no equivocarse del cien por cien. Hay inocentes en la cárcel. Lo que sucede es que es muy improbable que eso pase, pero si te toca...”.

"Las pruebas biológicas tampoco son fiables al cien por cien y nadie las discute... si es blanco y en botella, es leche", dice un experto abogado

Mohammed Teheri, jardinero de profesión, fue detenido el domingo 4 de mayo de 2014, un mes después de la desaparición de su expareja. La condena se hizo pública el pasado 6 de abril, aunque el veredicto popular se conoció el miércoles 18. La sentencia razonada aún no está a disposición de las partes. El fallo es recurrible a una instancia superior.

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