sé distinto al resto

La carta de presentación que hace mucho más fácil que te contraten

Estás decidido a obtener un puesto, pero no sabes cómo destacar sobre el resto de candidatos. ¿Cómo puedes atraer la atención de tu futuro jefe?

Foto: Candidatos con sus currículums preparados. (iStock)
Candidatos con sus currículums preparados. (iStock)

“Cuando me trasladé a Nueva York redactaba cartas de presentación como si fuera una máquina. Se las enviaba a cada posible empleador que tuviera una plaza disponible. Mostraba interés por puestos que me resultaban indiferentes. Me dirigía a compañías de las que nunca había oído hablar. ¿Mi tasa de respuestas? Un rotundo 0%”. Quien narra de este modo su historia personal es Lisa Siva actual fundadora de Career Hackers, un grupo localizado en Nueva York dedicado, según ella, a gente no convencional en busca de trabajo. ¿Te reconoces en sus palabras?

Las cartas de presentación comenzaron como un método para encontrar trabajo allá por los años 50, dentro las profesiones de cuello blanco del mundo anglosajón. Poco a poco, su uso se fue extendiendo, y en países como el nuestro existen ya pocas ofertas que no la pidan como anexo imprescindible al currículum de rigor.

Tal documento es, en buena medida, una convención con una estructura muy marcada. Por eso desde su propio origen su forma apenas se ha modificado. A pesar de que en las sesiones de orientación laboral se insiste a los demandantes de empleo que respeten su esqueleto, si la carta se escribe como lo hace todo el mundo no destacará entre las demás, convirtiéndose en una especie de “folleto”, en vez de en una auténtica herramienta para darse a conocer, que nadie tomará en consideración.

La mayoría de jefes de personal no va a leer tu carta. Si quieres ganártelos, utiliza una primera frase que capte la atención desde la primera línea

Bajo esta perspectiva, darle una vuelta a este documento puede ser una magnífica idea. Siva, quien buscaba trabajo dentro del mundo de las revistas de moda, probó numerosas modificaciones. Tras 103 borradores, y diferentes pruebas, afirma que ha dado con la receta definitiva que le ha permitido recibir en su email un 55% de respuestas favorables a las candidaturas a las que se había inscrito, con propuestas de entrevistas para publicaciones como 'Vogue', 'InStyle' o 'Rolling Stone'. Este es el modo en que su fórmula funciona y que ha publicado en su cuenta para el medio 'The Muse'.

1. Identificar el problema

Según Siva, la mayoría de los técnicos de recursos humanos no va a leer tu carta. ¿Cómo lograr que estas personas se detengan solo un momento en los párrafos a los que has dedicado tanto tiempo y esfuerzo? Con una frase como esta que capte la atención ya desde la primera línea: “Como veterana de las publicaciones Details.com y Vs. Magazine he podido comprobar la locura que supone trabajar en una revista mensual de moda”.

A pesar de la brevedad de la frase Siva asegura que con una oración semejante se obtienen dos cosas. La primera, demostrar que se entienden los problemas por los que pasa el sector y la empresa. La segunda, hacer constar que nos hemos visto en situaciones similares. De esta forma nos referimos a las necesidades de la compañía y nunca a las nuestras, que, reconozcámoslo, son indiferentes para el agresivo mundo del mercado laboral.

Demuestra a tu futuro jefe lo difícil que es encontrar un candidato válido y responsable. Tranquilízale después: ha tenido la fortuna de encontrarte a ti

Se recomienda así realizar una lista de responsabilidades correspondientes al puesto de trabajo y preguntarse por qué esto o esto otro es importante para la compañía. Se invita a ahondar en tales ideas hasta que no sea posible llegar más allá. Las causas de fondo solo se pueden hallar al final de una larga cadena de porqués.

2. Darle una vuelta

Llegados a este punto, Siva recomienda establecer un pequeño “juego” con el jefe o el responsable de personal que haya conseguido pasar de esta primera línea, demostrándole que la necesidad de encontrar un candidato adecuado no es para nada pequeña. Se invita así a profundizar, por ejemplo, en los problemas que existen para encontrar un aspirante responsable, con las cualidades requeridas, o que pueda soportar la presión del puesto utilizando frases como “si están buscando a alguien que sea capaz de permanecer en el puesto...”.

Foto: iStock.
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Se recomienda además ser lo más específico posible, con ejemplos prácticos como: “si necesitan a alguien capaz de vender rápidamente contenidos sobre la ultima tendencia en faldas...”.

3. Ofrecer una solución

Tras remover la conciencia del empleador, llega el momento de tranquilizarle, ya que ha tenido la fortuna de dar con el sujeto adecuado, es decir, tú. Si, por ejemplo, la candidatura es para un puesto de comercial, hazle ver que serías capaz de hacer tal o cual cosa para resolver sus necesidades. Es el momento de demostrar profesionalidad y dar seguridad a la persona interesada en ti.

4. Cerrar la carta con confianza

Todos queremos recibir una respuesta, y es típico acabar el documento con una fórmula estandarizada tipo: “quedo a la espera de su respuesta”, una solución completamente ineficiente.

Para enviar una carta así, se necesitan agallas. Sin embargo, si juegas igual que el resto, lo más probable es que pocas veces salgas ganando

Siva aconseja recurrir a frases más genuinas, más elaboradas, que buscan, a fin de cuentas, lo mismo, pero que expresan el deseo de otra manera: “Me encantaría saber algo más sobre sus necesidades de producción y cómo podría ayudarles”.

5. Adaptar el mensaje

Para enviar este tipo de carta, reconoce esta joven que se necesitan agallas. Eso sí, si juegas siempre igual que el resto, lo más probable es que pocas veces salgas ganando, por tanto: ¿por qué no arriesgar?

Foto: iStock.
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Con todo, es necesario hacer una importante puntualización: en las cartas de presentación del mundo anglosajón se espera que el candidato hable sin tapujos de sus cualidades y que se venda siempre como el mejor aspirante posible. En países como el nuestro, tal ímpetu puede entenderse como un signo de prepotencia, por tanto, conviene rebajar un poco el tono, ya que es imprescindible no caer en un error derivado de tales causas culturales.

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