EL FUTURO QUE RICHARD FLORIDA NO PREVIÓ

Así serán nuestras ciudades: “Una bomba de relojería”

15 años después de su gran obra, el gran icono del urbanismo admite que se equivocó y que sus predicciones eran mucho más optimistas de lo que la realidad está mostrando

Foto: Vista aérea de la ciudad china de Shenzen. (iStock)
Vista aérea de la ciudad china de Shenzen. (iStock)

En 2002, Richard Florida publicó 'Las ciudades creativas. Por qué donde vives puede ser la decisión más importante de tu vida' (Paidós), el que quizá sea el libro sobre urbanismo más importante del siglo XXI. En él explicaba que la clave del éxito urbano se encontraba no tanto en las empresas que se instalan en una ciudad como en su capacidad para atraer y retener el talento individual.

De ahí que estas ciudades estuviesen habitadas por artistas, emprendedores y, en definitiva, iconos de las profesiones del conocimiento que frecuentaban los mismos trabajos, los mismos restaurantes, los mismos conciertos y las mismas camas (ese 'thick mating market', “mercado abundante para el apareamiento”, como le llamó). 15 años después, Richard Florida reconoce que su propuesta ocultaba un lado oscuro que no fue capaz de prever, y que supone “la crisis central de nuestro tiempo”: una amplia brecha entre las ciudades creativas y aquellas que se quedan atrás.

La gente talentosa se reúne y coloniza unas pocas ciudades estrella, dejando a la amplia mayoría atrás

Lo explica el profesor de la Universidad de Toronto en un nuevo artículo para 'CityLab', el medio del que es editor, en el que que actualiza su último libro, 'The New Urban Crisis: How Our Cities Are Increasing Inequality, Deepening Segregation and Failing the Middle Class and What We Can Do About It' (Basic Civitas) a los últimos acontecimientos globales, como el Brexit o la victoria de Trump. Esta división política que se ha manifestado en los últimos meses se deriva de la Nueva Crisis Urbana (New Urban Crisis).

Esta crisis es el producto de “una nueva era de urbanismo de 'el ganador se lo lleva todo', en el que los talentosos y aventajados se agrupan y colonizan un pequeño grupo selecto de ciudades estrella, dejando al resto atrás”. Y ya sabemos lo que pasa cuando un amplio porcentaje de la población se siente al margen de las decisiones tomadas por una pequeña élite.

Historia de dos clases sociales

En su obra referencia, Florida anticipaba la aparición de un gran número de urbes en todos los países desarrollados que atraerían el talento y que serían el motor económico de la ciudad en su conjunto. No ocurrió nada de eso. Al contrario, la afluencia de la clase creativa provocó que la clase trabajadora y el sector servicios, y parte de las capas bajas del creativo (músicos y artistas) tuviesen que marcharse por el aumento de precios.

Mientras los barrios de clase media desaparecen, nuestra geografía se astilla en pequeñas áreas de opulencia y otras mucho más grandes de pobreza

Es lo que Florida comprobó con sus propios ojos en el SoHo neoyorquino, “donde el fermento artístico y creativo que había observado como estudiante estaba dejando paso a una nueva homogeneidad de gente rica, restaurantes de primer nivel y tiendas de lujo”. El diagnóstico estaba bien encaminado, pero las consecuencias no eran las que el urbanista había anticipado en tu optimismo. Este nuevo estado de las cosas “confería una cantidad desproporcionada de sus beneficios a un grupo reducido de personas y ciudades”.

Apenas dos decenas, según su revisión de los datos disponibles, encajaban en el grupo de ciudades soñadas. El resto habían comenzado a experimentar un declive imparable en el que tan solo unos pocos disfrutan de los beneficios urbanos mientras que el resto “está atrapado en una pobreza persistente”. Se trata de un círculo vicioso en el que a los que les va bien les va a ir cada vez mejor, mientras que el resto experimenta un declive continuo, algo que no ocurría cuando había más intercambio entre clases sociales que vivían en los mismos barrios.

Rio de Janeiro es una de las ciudades donde esta diferencia resulta más patente. (iStock)
Rio de Janeiro es una de las ciudades donde esta diferencia resulta más patente. (iStock)

“A medida que la clase media y sus vecindarios desaparecen, nuestra geografía se astilla en pequeñas áreas de opulencia y riqueza concentradas, y áreas mucho más grandes de pobreza y dificultades”. Florida se dio cuenta de que su visión de las ciudades creativas no beneficiaba a todas las capas sociales, sino tan solo a “un puñado de ciudades superestrella y barrios de élite”. La economía del conocimiento puede disparar el crecimiento económico, pero en última instancia, tan solo favorece a un reducido sector de la sociedad.

El caso de Toronto

Este proceso de expansión y división fue experimentado por el propio Florida en Toronto, la ciudad en la que ha vivido desde 2007 como director del instituto de prosperidad urbana de su universidad. Lo tenía todo: una población diversa, una economía boyante que apenas sufrió los efectos de la crisis, calles seguras, buenos colegios públicos y un tejido social cohesionado. O al menos eso parecía.

Trabajadores e inmigrantes consideran que la revitalización de la ciudad beneficia solo a la élite que vive en el centro

¿Por qué, entonces, fue elegido el polémico Rob Ford como alcalde? Para Florida, se trata del dirigente más antiurbano que uno se pueda echar a la cara. Alguien que hacía todo lo contrario a aquello que él llevaba propugnando décadas. Nada de carril bici ni lagos, sino centros comerciales y norias. Pero su elección fue la consecuencia lógica de la división social en la ciudad.

“A medida que la –en su día– amplia clase media desaparecía y sus barrios se desvanecían, la ciudad se dividió en un pequeño grupo de áreas educadas y boyantes agrupadas alrededor del centro urbano y a lo largo de las líneas de metro y las carreteras, y una extensión mucho mayor de barrios pobres lejos del centro de la ciudad y del tránsito”, resume Florida. Fueron estos últimos quienes llevaron al poder a Ford, el centro de varias polémicas (consumo de crack, conflicto de intereses) antes de morir en 2016.

Vista del 'skyline' de Toronto desde Riverdale Park. (iStock)
Vista del 'skyline' de Toronto desde Riverdale Park. (iStock)

El urbanista califica de “bomba de relojería” la creciente división entre la clase creativa boyante y el resto de la sociedad, especialmente entre “los trabajadores y los nuevos inmigrantes que consideraban que los beneficios de la revitalización de la ciudad estaban siendo acaparados por la élite que vive en el centro de la ciudad”. Si algo así había podido ocurrir en una urbe diversa y próspera como Toronto, el mismo proceso podía ocurrir en cualquier otra ciudad del mundo.

Y así ha sido, incluso a un nivel nacional. La división entre una minoritaria élite urbana, relacionada con las profesiones del conocimiento, y una amplia base social “ansiosa y furiosa” por haber sido dejada de lado se reprodujo también en la votación del Brexit y en la llegada de Trump al poder. La gran aportación de Florida es recordar que esta división creciente, que se encuentra en la base de los miedos de la élite, comienza en los barrios de nuestras ciudades.

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